Director: Michael Cimino. 1978.EE.UU. Color
Intérpretes: Robert De Niro, Meryl Streep, Christopher Walken, John Savage, George Dzundza, John Cazale, Amy Writght, Joe Grifasi
Tres amigos, amantes de la caza y que trabajan como obreros en una fábrica de fundición de acero de Pennsylvania, pasan juntos sus últimos momentos antes de ir a luchar como voluntarios en la guerra de Vietnam.

El Cazador es una epopeya asombrosa, llena de fuerza e intensidad que trata de tres hombres, obreros siderúrgicos de Pennsylvania, cuyas vidas se transforman de modo irreversible en medio de la trágica devastación de la guerra de Vietnam. Cuando Michael, Steven y Nick son hechos prisioneros por el Vietcong, se ven obligados a jugar a la ruleta rusa por sus inhumanos apresadores, que cruzan apuestas sobre cuál de ellos sobrevivirá. La experiencia de la captura les produce horrendas heridas físicas y psicológicas, y cuando Michael regresa a Saigón para cumplir una vieja promesa hecha a uno de sus amigos, hace un descubrimiento inesperado y horripilante.

Ante todo, nos encontramos ante una película muy dura y cruel; quizás una de las tres o cuatro más crueles que se han parido en la historia de Hollywood, no aconsejable para espíritus acríticos y acomodaticios. En algunos momentos, Cimino se inclina por la ambig√ºedad: no sabemos si el tremendismo que aparece ante nuestros ojos ocurre de facto o simplemente pasa por la mente de nuestros personajes: es una combinación de LSD alucinógeno con autolapidación hacia Norteamérica. La guerra real y la interior dejarán secuelas irreversibles en el Mundo y en el Hombre, respectivamente. He aquí el punto de partida de la tesis de Cimino. Sin duda, este ambicioso filme existencial -que pasa por ser el más importante de los 70 en cuanto a su significado y repercusión- supuso un revulsivo para la industria del cine, en general, y para el propio Cimino, en particular, un impulso que le aupó entre las mayores promesas de su generación (Scorsese, Coppola, Spielberg). No deja indiferente.

Un grupo de amigos de un poblado en Pensylvannia pasan sus últimos momentos antes de partir como voluntarios a Vietnam. Sus vidas se verán truncadas y jamás recobraran la visión de las cosas que antes compartían.
Apoteósica, apabullante, intensa, brutal, y conmovedora; son solo algunos de los adjetivos que podrían resumir la obra cumbre de Michael Cimino, el director ítaloamericano que alcanzó la cima con este, su segundo largometraje, para luego ser repudiado debido a que provocó la bancarrota del estudio fundado por Charles Chaplin y Douglas Fairbanks entre otros, la United Artists. Cimino se encuentra actualmente en un retiro virtual, y lo que es aun más triste, jamás alcanzó de nuevo el potencial conseguido en esta mítica cinta, una historia épica sobre los horrores de la guerra y el valor de la amistad.
En su extenso metraje, algunos de los momentos más memorables y emblemáticos de la historia del cine se dan cita aquí, entre ellos el juego de pool en el bar, mientras el inseparable grupo entona la hermosa melodía de Frankie Valli “Can’t take my eyes off you”; al igual que las jornadas de cacería en los hermosos paisajes norteamericanos, contrastadas con la estancia en Vietnam, en la que se alcanza un clímax tanto de suspenso como de crueldad y barbarie, lugar donde un insensible bando se divierte apostando al infame y monstruoso “juego” conocido como “ruleta rusa”.
Por si fuera poco, el filme cuenta con un plantel de excelentes intérpretes, entre ellos unos soberbios Robert De Niro y Christopher Walken, secundados por otros grandes como John Savage, una joven Meryl Streep y el encantador John Cazale, quien fallecería poco antes del estreno de la cinta.
La briosa y nada pretenciosa fotografía de Vilmos Zsigmond, la enternecedora partitura de Stanley Myers, y la habilidad de Cimino tras las cámaras, erigen a El cazador como uno de los documentos antibelicistas más verosímiles, un drama donde se exploran sentimientos y emociones viscerales e intimistas, de enorme magnitud y relevancia para cualquier ser humano.