EL MATRIMONIO DE MARIA BRAUN (Die Ehe der Maria Braun)

Película estrenada entre 1976-1978

Director: Rainer Wener Fassbinder. 1978. Alemania Occidental. Color

Intérpretes: Hanna Schygulla (Maria Braun), Klaus L√∂witsch (Hermann), Ivan Desny (Oswald), Hark Bohm (Senkenberg), Gottfried John (Willi), Gisela Uhlen (madre de Maria), G√ºnter Lamprecht (Wetzel), George Byrd (Bill), Elisabeth Trissenaar (Betti), Lilo Pempeit (señora Ehmke)

María y Herman Braun se casan mientras caen bombas poco antes de que este sea enviado al frente ruso. Al final de la guerra le declaran desaparecido, posiblemente muerto. María tiene que prostituirse para sobrevivir. Años después, convertida en una mujer fría e insensible por los horrores de la guerra, no duda en utilizar los favores de un rico magnate para construir su propio imperio.

Año 1943. En mitad de un bombardeo, Maria Braun se casa con Hermann, que vuelve al frente al día siguiente de la boda. Al finalizar la guerra, Maria lo da por muerto y comienza a trabajar en un bar para los soldados norteamericanos, donde conoce a uno de color. Cierto día, Hermann aparece inesperadamente cuando la pareja está en el dormitorio y se desata una lucha entre ellos. Maria mata al soldado, pero es Hermann quien se declara culpable y es encarcelado. Su esposa decide entonces consagrar su vida a él y prosperar económicamente en su honor trabajando para el empresario textil Oswald, con quien iniciará una relación. Cuando Hermann sale de la cárcel huye a Canadá ante la extrañeza de una Maria Braun que había aguardado durante años ese momento. La razón de su huida es un contrato que estableció en la prisión con Oswald: éste le dejaba la mitad de sus bienes en su testamento si Hermann le permitía vivir con Maria los últimos años de vida que le quedaba.

En esta parábola sobre el “milagro económico alemán”, Fassbinder presenta una Alemania de posguerra travestida en la figura de una mujer libre, inteligente y poderosa que al final es superada en sus estrategias porque ha sido una transacción más en un mundo hecho para el negocio y la especulación donde no cabe el amor. Para Peter M√≠¬§rthesheimer, coguionista de la película, “Maria Braun es una heroína cinematográfica valiente y perseverante que se abandona completamente a sus sentimientos, pero que también está capacitada para actuar en la vida porque es astuta, hábil y consciente de la realidad”. Esta apasionante historia de una mujer que se aferra al recuerdo de su matrimonio mientras su país intenta olvidar su pasado ha sido considerada como la síntesis genial de las obsesiones del mítico Rainer Werner Fassbinder.

Tras rodar su impresionante episodio para el filme colectivo Alemania en Otoño, Fassbinder emprendió en los primeros meses de 1978 el rodaje de su obra cumbre: El matrimonio de Maria Braun, que supuso el feliz reencuentro con su musa Hanna Schygulla tras cuatro años de distanciamiento entre ambos. Por aquella época se encontraba inmerso en la preparación de la serie televisiva Berlin
Alexanderplatz, uno de sus proyectos más personales y ambiciosos. Como esta obra de quince horas y media de duración exigía un largo proceso de pre-producción, Fassbinder se aburrió y dijo a los productores Michael Fengler y Peter Berling que quería realizar entre medias una película de poco presupuesto. Pese a las reticencias de aquéllos, Maria
Braun acabó materializándose aunque sus costes se duplicaron y la falta de dinero llegó a colocar entre las tablas en más de una ocasión a esta producción.

En el año 1943, en mitad de un bombardeo, Maria Braun se casa con Hermann, que debe volver al frente al día siguiente de la boda. Al finalizar la guerra y tras aguardar deseosa y llena de esperanza la llegada de su marido, Maria acaba dándolo por muerto y comienza a trabajar en un bar para los soldados norteamericanos, donde conoce a uno de color con el que comienza una relación. Cierto día, Hermann aparece inesperadamente cuando la pareja está en el dormitorio y se desata una lucha entre los dos hombres. Maria, casi en estado de trance, mata al soldado americano, pero es Hermann quien se declara culpable en el juicio y es encarcelado. Su esposa, de nuevo sola, decide consagrar su vida a él y prosperar económicamente en su honor. Así, conoce al empresario textil Oswald, con quien acabará manteniendo una relación mientras espera con nostalgia la puesta en libertad de Hermann. La joven mujer se convierte de este modo en una persona independiente y con una posición social privilegiada. Cuando Hermann sale de la cárcel huye a Canadá ante la extrañeza de Maria Braun, hecho que la convierte en una persona amargada y despótica. La razón de su huida es un contrato que estableció en la prisión con Oswald: éste le dejaba la mitad de sus bienes en su testamento si Hermann le permitía vivir con Maria los últimos años de vida que le quedaban. Tras la muerte de Oswald, en 1954, Hermann regresa el día en que en la casa de Maria tiene lugar la lectura del testamento de aquél. Es así como ella se entera de la traición y hace volar la casa por los aires al encender un cigarrillo tras haber dejado durante largo tiempo el gas de la cocina abierto.

A través de esta parábola acerca del Milagro Económico Alemán, Fassbinder trata de demostrar que en aquel tiempo no había espacio para los sentimientos, que aquella sociedad estaba construida en base al negocio y la ganancia. Así, la Alemania de posguerra aparece travestida en una mujer libre, inteligente y poderosa que al final es superada en sus estrategias porque no ha sido más que un objeto de cambio entre dos hombres, una transacción más en ese mundo hecho para el negocio y la especulación y no para el amor. En este sentido, pocas heroínas hay en la Historia del cine tan fascinantes como Maria Braun, una mujer que “se hace”, “se construye”, pero que acaba destruyéndose víctima de las circunstancias. Para Peter M√≠¬§rthesheimer, coguionista de la película, “Maria Braun no es seguramente una figura realista: es una heroína cinematográfica que personifica los deseos y anhelos de los espectadores. Se puede decir que ella es valiente y perseverante; es una persona que se abandona completamente a sus sentimientos y que, a la vez, está capacitada para actuar en la vida porque es astuta, hábil y consciente de la realidad”. Por su parte, Fassbinder declaró que “la película que yo he hecho y que parece hablar a favor de la institución del matrimonio, da idea en realidad de cuánto odio, hipocresía y destrucción hay en la vida matrimonial. Yo quiero que la audiencia rompa con sus rituales y ponga punto y final al estilo de vida burgués”.

El final de esta obra maestra es apoteósico: el trágico destino de la pareja protagonista es acompañado por los siete últimos minutos de duración real de la retransmisión radiofónica del partido de fútbol donde Alemania ganó a Hungria y se proclamó campeón del mundo. En esa sincronización irónica entre la vida privada que se destruye y la pública que da gritos de júbilo por la victoria, Fassbinder pone en evidencia la enemistad entre la historia privada y la pública así como el fin de una utopía íntima que se vuelve cenizas y escombros frente a la arrogancia de una nación que celebraba el lema de “volvemos a ser alguien”. El centro de esta obra de arte queda conformado pues por la contradicción y la coincidencia entre la fidelidad y la traición personal y político-social; la presencia y la ausencia (Hermann está la mayor parte del filme ausente pese a ser provocador y pretexto de las acciones de la protagonista); el pasado y el presente; y el olvido y la memoria, los cuales juegan un papel primordial, ya que la causa final de la fatídica explosión es el olvido (no sabemos si voluntario o involuntario) de Maria de cerrar el gas. Por otra parte, ella se aferra al recuerdo de su matrimonio en unos momentos en que su país intenta olvidar su pasado. El matrimonio de Maria Braun (que junto con Lola y La ansiedad de Veronika Voss forman una trilogía sobre la Alemania de posguerra) se presentó a concurso en el Festival de Berlin de 1979 provocando las suspicacias típicas de los estrenos fassbinderianos, abucheos incluidos: a los alemanes no les gustó nada la forma en que Fassbinder escarbó en los años del “Milagro Económico”. Liliana Cavani y Julie Christie lucharon para que la película obtuviera el Oso de Oro, pero sólo consiguieron que Hanna ganase el de Plata a la Mejor Actriz. A su vez, se convirtió en la película de Fassbinder con mayor éxito a nivel internacional (François Truffaut la definió como “un original, épico y poético trabajo de gran calidad”). De forma unánime, se ha considerado Maria Braun como la síntesis genial de todos los logros que habían caracterizado a las anteriores obras de Rainer Werner Fassbinder: sus motivaciones; sus tonalidades; su escepticismo; sus conocimientos en torno a la historia contemporánea; su conciencia política y, en definitiva, su capacidad única para narrar de forma tan popular como crítica, tan amena como reflexiva, sus magistrales relatos en absoluto complacientes.

Maria Braun se casa con Hermann, quien debe volver al frente al día siguiente de la boda. Desde ese momento y en base al amor que siente por su marido ausente, se propone abrirse camino en la sociedad alemana de posguerra. Un retrato de Hitler vuela por los aires. Primera parte de la llamada “trilogía del milagro alemán”. Melodrama de estirpe clásica y retrato social de la Alemania de post-guerra, parece haber encontrado Fassbinder un admirable equilibrio, una inspiración y una perfección absoluta. No es que por equilibrada y poco excesiva deba ser por fuerza mejor que obras más radicales, pero sí es más recomendable y disfrutable para adeptos a un canon de cine más lineal, pues es una película de itinerario vital de unos personajes firmemente trazado. No es, por ejemplo, superior a Effie Briest, la adaptación de Fontane dotada de una creatividad formal desbordante para transmitir su fondo moral, ni superior a El mercader de las cuatro estaciones, que destaca por su crudísima aspereza formal para transmitir el desgarro de su dolorosa historia autodestructiva. El matrimonio de Maria Braun es un todo más compacto, hay menos lugar para diseccionar sus partes, o apetece menos al espectador más apasionado, cándido y devorado por la trama.

La película nace desde luego en Hanna Schygulla, sólo ha sido comparable recordar cómo Liv Ullman hace gravitar los mejores planos de Infiel sobre los ojos de Lena Endre. La Schygulla luce guapísima, tantas veces con un halo irreal de vieja estrella del cine, está magnífica. El personaje de Maria Braun es uno de los más fascinantes, ricos, fuertes, inteligentes, trágicos y enamorables que ha dado el cine. El acierto absoluto en el diseño y la interpretación de ese personaje es el motor de la película, de su épica, de su emoción, de su guión ejemplar, de su progresión dramática hechizante.

No es que esté falta de soluciones visuales personales, desde ese mismo arranque del filme con, literalmente, el matrimonio de Maria Braun, y no es que esté falta de una importante crítica anti-burguesa entorno a Alemania y su milagro, pero es quizás la vez que Fassbinder ha estado más cerca de ese cine en el que es irresistible situarse como simple espectador con ansias aventureras, aunque la aventura no se sitúe en selvas ignotas, sino en el mismo corazón de una mujer emprendedora en tiempos gélidos y precisamente faltos de ese corazón. Con todo lo que de burgués puedan tener estas apreciaciones.

Es un filme recomendable para todos los públicos, que podría estar en las estanterías de los videoclubs, en las grandes salas… no se pretende entrar con esto en un análisis del por qué no lo está, tanto como remarcar su carácter de entretenido, digno de resonar como un clásico universal, para todos los paladares y sensibilidades (¿exceso de optimismo?). Y a la vez manifestar convencimiento de que, aún audaz y contracultural, Fassbinder fue un director poco amigo de mirarse el ombligo; pensaba de alguna manera en su espectador, algo que en absoluto debe confundirse con la complacencia.

Un final trascendente y universal

La magistral escena final que cierra la película, durante la cual escuchamos de fondo la retransmisión radiofónica de la final del Mundial de Fútbol de 1954, en la que Alemania venció a Hungría con una remontada histórica, posee la lucidez sobrecogedora de todo el cine del director alemán.

Su cine es el cine de la desesperación, pero es una desesperación descrita de forma tan precisa que quizás pueda servir para reconstruir algo de nuestra tragedia vital. Con su sorprendente acción, Maria Braun parece querer preservar su amor idealista e incondicional, amenazado por el comienzo de una vida real, amenaza agudizada viendo cómo se comporta Hermann de la misma manera fría y calculadora que la práctica totalidad de los personajes masculinos que ha tenido que tratar durante la película.

Paralelamente al retrato social despiadado, existe una triste paradoja, ver cumplidos los deseos puede ser terrible, estos ocultaban una cara que no conocíamos, el desconocimiento


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