Director: Philip Kaufman. 1978. EE.UU. Color
Intérpretes: Donald Sutherland, Brooke Adams, Leonard Nimoy, Jeff Goldblum, Veronica Cartwright, Robert Duvall, Art Hindle, Lelia Goldoni, Kevin McCarthy, Don Siegel, Tom Luddy

Elizabeth ha encontrado unas extrañas flores, que pide a su amigo Matthew (inspector de sanidad) que analice en sus laboratorios. Mientras, ella nota que su marido se comporta de una forma muy extraña y poco emotiva. Matthew le aconseja visitar al doctor Kibner, un psicólogo amigo de Matthew. Pero Elizabeth no es la única que ha notado cambios en alguien cercano. Poco a poco, todos se van “convirtiendo”, y sólo unos cuantos consiguen no ser abducidos. Pero no son capaces de solicitar ayuda, porque los extraterrestres lo controlan todo.

Películas como ésta demuestran que es posible que los “remakes” lleguen a superar a sus modelos (aunque no es demasiado frecuente).
La principal baza de esta variación es su ritmo y su capacidad para crear ambientes tensos mediante técnicas tan básicas como efectivas: unas situaciones bien pensadas para exprimir la incertidumbre y los matices de los personajes, unos cuantos planos aberrantes, una musiquilla adecuada, Leonard Nimoy y Jeff Goldblum, etc. El inicio es el adecuado: pausado pero presentando bien a unos personajes peculiares; pero desde que empezamos a observar cómo va avanzando la invasión hasta el inquietante final, ya no habrá descanso.
Para ser justos, no hay que calificarla como tópica, sino como una de las importantes películas que ha sentado las bases de lo que hoy consideramos manido por culpa de las copias (no confundir “remake” con “mala copia descarada”). Las indignas miniseries para la televisión y directores mediocres como Robert Rodríguez (The Faculty) son la mejor prueba de ello.
Que un “remake” sea la mejor película de toda la filmografía de un director no habla muy a favor de Philip Kaufman autor de la película que comentamos hoy. Y eso que tiene otras como Quills, Elegidos para la gloria o La insoportable levedad del ser que no están mal, aunque nunca ha conseguido una obra redonda y mucho menos maestra.La invasión de los ultracuerpos me parece un filme muy interesante y que en muchos aspectos supera la versión de Don Siegel de 1956. Aquí no es un intento de hablar de política ni de comunismo de ni caza de brujas, se trata de cuestiones biologistas, la lucha por la vida de unas especies contra otras lo que a mi juicio lo convierte en más terrorífico.
Esta película fue una de las grandes triunfadoras de los famosos premios “Saturn” de cine de ciencia-ficción, fantasía y terror, con ocho nominaciones y dos galardones entre ellos a Philip Kaufamn como mejor director en el año 1979 y fue un auténtico exitazo de taquilla en su día.
Basada en la novela de Jack Finney, el guionista W.D. Richter (Brubaker) hace un trabajo más que digno. Pero es con las interpretaciones donde encontramos lo mejor de la película, en especial a Donald Sutherland, que está inolvidable; Leonard Nimoy, el mítico Mister Spock de “Star Trek”, muy bien como psiquiatra peor como alienígena. Jeff Goldblum apunta maneras que luego certificaría y las chicas también están muy correctas, en especial Veronica Cartwright, hoy casi olvidada.
De todas formas hay aspectos muy poco trabajados como esa música que es horripilante y parece mentira que el fotógrafo de Taxi driver Michael Chapman, tenga tan poco acierto con la luz de interiores presentándose muchas escenas casi a oscuras.
Me parece para terminar que está bien y que demuestra que se puede hacer un remake y aportar un enfoque diferente sin desmerecer en absoluto y este es uno de los pocos casos que se ha conseguido, además que me parece interesante que siempre que se piensa en extraterrestres no sea como se dice en la película con “naves espaciales” y seres antropomorfos, es posible que algunas semillas de alguna clase de vegetales desconocidos se estén dirigiendo en estos instantes por alguna galaxia hacia la Tierra para colonizar el planeta y acabar con nosotros.
Me refiero a que no se puede adulterar la personalidad de los alienígenas al gusto del que la escribe para provocar “sorpresas de guión”, como el psiquiatra que se le presenta como un tipo normal, no encontramos ningún cambio, o por lo menos sus amigos íntimos no lo notan, en cambio al resto de ellos se les aprecia una transformación psicológica y de personalidad evidente. Si este puede “ocultarse” ¿por qué no el resto? ¿Es que dependen del nivel intelectual del duplicado? ¿Si es así entonces por qué parece un mundo igualitarista donde no hay diferencias? Eso no es jugar limpio. Siempre he creído que las cartas no pueden estar marcadas y hay que enseñárselas al espectador para que pueda por él mismo discernir y sacar conclusiones y no someterle a piruetas argumentales que demuestran poco ingenio narrativo.

Ante la fiebre de “remakes” que asola Hollywood en la actualidad, donde la falta de ideas frescas que conecten con el público joven hace que los estudios tengan que echar mano de antiguas historias, habría que echar la vista no tan atrás para comprobar que el revisionar guiones no es algo nuevo, y hasta podría llegar a hacerse de manera digna.
Esta segunda versión del clásico de la ciencia ficción La invasión de los ladrones de cuerpos (1956, Don Siegel), logra que por momentos olvidemos que es un remake gracias a una más que efectiva realización, creadora de una atmósfera inquietante y llena de suspense, pues ese es su verdadero propósito: ser una película de terror, dejando de lado la metáfora que era en el fondo la película original de Don Siegel sobre la paranoia anticomunista de la era Mcarthy. Por ello casi se podría considerar a esta película superior en algunos momentos a su predecesora, gracias sobre todo a algunas logradísimas escenas, sobre todo ese memorable final que bien podría estar incluido en los más sorprendentes del género.

“Remake” del clásico de Don Siegel de 1956, que añade al interés del original unos mejores efectos especiales, y un reparto con actores bastante conocidos (algunos lo eran antes del filme, y otros lo han sido a raíz de su participación en este). De un nivel ligeramente inferior al original, aunque con algunas escenas realmente memorables y terroríficas, especialmente la escena final, que quitó el sueño a más de uno.
Curiosamente, en este remake si se optó por la conclusión por la que había optado Don Siegel en el primer filme (y que posteriormente cambió).