Director: Franklin J. Schaffner. 1978. EE.UU. Color
Intérpretes: Gregory Peck, Laurence Olivier, James Mason, Lili Palmer, Uta Hagen, Steve Gutemberg

Basada en una novela de Ira Levin. A finales de los años 70, Barry Kohler (Steve Guttenberg), joven e inexperto “cazador de nazis”, localiza en Paraguay a un grupo de oficiales de las SS, liderados por el Dr. Joseph Mengele (Gregory Peck). Cuando Kohler es asesinado, Ezra Lieberman (Laurence Olivier), veterano `”cazador´”, indiferente en un principio a la presencia de los alemanes, inicia una compleja y arriesgada investigación. Meticulosas indagaciones y un infatigable trabajo serán las claves para revelar los espeluznantes planes de estos nazis, relacionados con experimentos sobre la clonación humana.
La historia parte de un hecho real: Joseph Mengele, el infame “Ángel de la Muerte”, escapó a Sudamérica al final de la II Guerra Mundial. En la novela, Mengele tiene un plan para producir 94 clones de Adolfo Hitler. Después de producir los embriones y darlos a luz, los envía secretamente a familias adoptivas tratando de reproducir la estructura familiar y el crecimiento del Hitler original. Como el padre de Hitler murió cuando este tenía 13 años, organiza un grupo de nazis asesinos para matar a los padres adoptivos. Un cazador de criminales de guerra, Jacov Lieebermann, toma conocimiento del plan y se dispone a detenerlo.
El director Franklin J Schaffner dirigió a Gregory Peck haciendo uno de sus pocos papeles de malvado. La película resulta finalmente un típico producto del estilo de películas de suspenso de alto presupuesto en la década de los setenta. Una intriga de corte tradicional, con la acción dando la excusa para trasladarse desde América del Sur hasta Europa, con el clímax en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Nada especial para la historia del cine.
Esta es una de las primeras películas que toma como motor de la historia el tema de la clonación, cuya temática sigue fascinando todavía.
Aunque son conocidos los terroríficos experimentos de Mengele con gemelos en Auschwitz, con la intención de crear una raza superior, es casi imposible que Mengele supiera algo sobre clonación en los años cuarenta. Incluso en los años setenta, cuando se escribió la novela, la clonación era más ficción que ciencia.


La película funciona en su parte de intriga científica, siguiendo los convenios clásicos por los cuales se va desvelando la información progresivamente a través de un personaje que ejerce de investigador.
La historia no aburre en ningún momento, aunque sí es cierto que se enmaraña en un final demasiado novelesco y que el atribuir a los niños una personalidad tan perturbada es una tramposa jugada .
La dirección es buena salvo cuando depende de los encargados de buscar las localizaciones, quienes fallaron en el comienzo ambientado en Paraguay, y cuando el guión flojea al final.
La música de Goldsmith es acertada la mayor parte del tiempo, pero en algunos momentos (en los títulos de crédito del principio, por ejemplo) la orienta equivocadamente, supongo que intentando recordarnos a Puccini y a otros de los clásicos tan admirados por Mengele, pero transmitiendo una alegre vivacidad que para nada pedía la historia.
Las interpretaciones del dúo protagonista son buenas, sin más.
La novela de Ira Levin se toma infinitas licencias. De hecho, ni se acerca a lo que realmente le ocurrió a Mengele en Sudamérica, quien huía asustado del Mossad. Su importancia radica más en el planteamiento científico. Por aquel entonces la clonación era una teoría, pura “ciencia-ficción”, y fue Ira el primero en explorar públicamente sus posibles consecuencias, el dilema moral que planteaba.
Lo que sí parece cierto es que Mengele desarrolló en Auschwitz algunos de los experimentos más repugnantes que puede idear una mente “humana”, como la castración de no arios mediante rayos X, la manipulación de órganos sin anestesia en los intervenidos, la inyección de sustancias para colorear los ojos, la inoculación de diversas enfermedades o el intento de crear un siamés artificialmente uniendo las venas de dos gemelos normales. Las muertes de todas sus “cobayas” estaba planeada y prevista, y constituía una parte fundamental para determinar el comportamiento del cuerpo en las diferentes razas. Lo más inquietante de todo es saber que el demente Hitler y sus lunáticos seguidores desarrollaron muchos otros experimentos terribles, algunos de los cuales no llegaremos a conocer nunca; por no hablar de los proyectos que llegarían a pasar por sus mesas y no fueron aprobados por unas u otras razones.
No me parece sincero reflejar a un Hitler adolescente con unos impulsos sádicos tan marcados. Seguramente sería un chico introvertido como hay cientos.
Hace un par de semanas vi un documental -de los serios- en el que muchos especialistas atribuían la manía persecutoria de Hitler a las abundantes y variopintas drogas que su médico personal le hacía consumir para combatir el estrés y los innumerables trastornos físicos que sufría. Vamos, que su locura no parece ser algo genético.