Director: John Carpenter. 1979. EE.UU. Color
Intérpretes: Hal Holbrook (padre Malone), Janet Leigh (Kathy Williams), Adrienne Barbeau (Stevie Wayne), John Houseman (Machen), Jamie Lee Curtis (Elizabeth Solley), Tom Atkins (Nick Castle), Nancy Loomis [Kyes] (Sandy Fadel), John F. Goff (Al Williams), Charles Cyphers (Dan O’Bannon), James Canning (Dick Baxter), Ty Mitchell (Andy Wayne), George “Buck” Flower (Tommy Wallace), Darwin Joston (Dr. Phibes), Jim Jacobus, John Vick, James Canning, Tommy Lee Wallace, Rob Bottin, John Carpenter

En la costa de California se alza el pintoresco centro turístico de Antonio Bay. Mientras sus residentes se preparan para las celebraciones del centenario de la ciudad, la tripulación de un viejo barco aparece brutalmente asesinada. Al mismo tiempo, en el mar, una misteriosa niebla que oculta un mortífero secreto comienza a desplazarse inexorablemente cada noche hacia la costa. Según una leyenda local, estos extraños sucesos están aparentemente relacionados con un terrible acontecimiento sucedido hace cien años. A medida de que por fin el día del centenario se aproxima el horror se acerca a su clímax, pues cuenta la leyenda que, años atrás, unos marineros perecieron en alta mar por culpa de la traición de una serie de personas de la población costera de Antonio Bay. Desde entonces, se dice que, cuando brota una extraña niebla en el aniversario de aquel hecho, los espectros de los marinos vagan por el pueblecito en busca de venganza…



Cuando se estrenó en 1979, La niebla fue calificada como un tropezón de Carpenter y una muestra de desconfianza acerca de su valía artística; hoy día esta película, aparece como una de las mejores obras de su autor.
El filme se inicia con una magistral escena de un anciano llamado Machen (en homenaje al escritor de cuentos de terror Arthur Machen) narrando a un grupo de niños alrededor de una fogata una historia de horror sobre unos marineros muertos que regresarán de los mares para vengarse de aquellos que causaron su defunción (aunque luego, lo narrado tenga más que ver con un escritor como William Hope Hodgson, o incluso Howard Phillips Lovecraft). En esta escena figura ya un plano espléndido, como es aquel en el cual el anciano consulta un reloj, encuadrándolo en primerísimo plano, para mostrar en el lado contrario del fotograma el rostro maravillado de uno de los niños (y es ésta una más de las pruebas del grandioso sentido de la planificación en panorámica que posee Carpenter).
Iniciado el cuento de Machen, lejos de perder interés una vez Filmese ha averiguado quiénes serán las víctimas de los marinos espectrales que vienen cabalgando sobre una niebla irreal, siempre se mantiene la expectación gracias a su sentido de la maravilla, a lo sugestivo de convocar una imaginería prodigiosa, de puertos a lo Jean Ray, de poblaciones costeras malditas al estilo del Innsmouth de Lovecraft, de personajes malditos que no pueden escapar a su destino, de unos seres desencarnados y torturados que claman una venganza y que, una vez consumada, desaparecerán tal como vinieron, arrostrados por una niebla de ultratumba. Conviene ver esta magistral película no con los ojos de la razón a la cual nos ha acostumbrado el cine de terror consumista, sino con el sentido de la ensoñación que han engendrado los grandes escritores de cuentos de terror como los arriba reseñados u otros como Sheridan LeFanu o M.R. James. De todas maneras, Carpenter borda la narración con la focalización de la trama en diversas ramificaciones que irán confluyendo, reuniendo a los distintos personajes e implicando a todos, de una manera u otra, en los sucesos, y logrando mediante lo acontecido una evolución interna de todos (y donde sólo chirría la facilidad con que Jamie Lee Curtis se va a la cama con Tom Atkins).