LOS AMOS DE LA NOCHE (The Warriors)

Película estrenada entre 1979

Director: Walter Hill. 1979. EE.UU. Color

Intérpretes: Michael Beck, David Harris, James Remar, Thomas Waites, Dorsey Wright,  Brian Tyler, Deborah Van Valkenburg


Una batalla de proporciones gigantescas va a tener lugar en los bajos fondos de la ciudad de Nueva York. Los ejércitos de la noche, con más de 100.000 integrantes, superan a la policí­a en 5 a 1; y ahora van contra los Warriors, una banda callejera a la que injustamente culpan por el asesinato del lí­der de un grupo rival. Es la historia de un mundo insólito de subculturas de guerrillas entre bandas que se mueven por la noche, de Coney Island a Manhattan, pasando por el Bronx. Los miembros de los Warriors luchan por sus vidas, intentan sobrevivir en la jungla urbana y aprenden el significado de la lealtad.


Actualmente se hace poco cine así­, puro brí­o y nervio, todo un canto a la virilidad, siendo un poco exagerado dirí­a que si se pone a un grupo de pre-adolescentes a ver esta pelí­cula, al dí­a siguiente tendrán que buscar las ruinas de vuestra ciudad…

Supuestamente provocó altercados en los cines norteamericanos donde la exhibieron en su estreno, yo realmente lo creo… entretenida, de paso rápido y con una galerí­a de personajes entrañables dentro de lo aparentemente sórdido del tema (en realidad no es una pelí­cula de violencia cruda yo la veo más como un comic-book). Tiene además una excelente banda sonora. Los aficionados al cine y a las buenas pelí­culas de acción, disfrutarán.

Buen filme con una estética curiosa pero acorde a su época, ya que hablamos de más de 25 años, compararla con las bandas que pueden haber hoy en dí­a serí­a un error.
La pelí­cula nos cuenta las dificultades de 9 miembros de los “Warriors” para llegar a su barrio después de verse implicados en el asesinato de Sirus lí­der de una banda rival, el problema reside en que tienen que atravesar toda la ciudad pasando por territorios ocupados por otras bandas y con la policí­a pisándoles los talones.

Tanto el guión como la idea de la trama me parecen geniales, y las variopintas estéticas pandilleras de los numerosos grupos no me disgustan en absoluto ya que ninguna se parece a la otra, así­ tenemos a los bateadores, los huérfanos, los cabezas rapadas, etc. cada uno con su indumentaria que los distingue.

En resumen se puede ver perfectamente sabiendo que la cinta tiene más de 25 años y que no aparecen “Latin Kings”.

Cuando el cine de acción se tomaba en serio, la “clase B” nos proporcionaba pelí­culas libres, con nervio, pelí­culas que (pese a sus limitaciones) enganchan de principio a fin.

En los años 70 hay un buen puñado de este tipo de cine de acción y también terror, pelí­culas que hoy son auténticas obras de culto y que a dí­a de hoy aún son copiadas, incapaces el cine americano actual de tener ese espí­ritu autónomo y festivo sin perder la calidad (y cuando lo tiene no es precisamente en cintas de acción).

Divertidí­sima, apasionante, extraordinaria. Para disfrutarla cuando eres adolescente sobre todo, para darte cuenta que la imaginación también cuenta. Lo bueno de esta cinta es que tiene una trama de las que perfectamente podí­a inventarme con mis amigos a los doce años, pero que encima estaba bien hecha. Esto, a determinadas edades, es absolutamente impagable.

Pelí­cula mí­tica, que se almacena en el recuerdo y se agarra allí­ para no irse nunca.

En el apartado referente a lo técnico, pues limitada aunque sin llegar a cutre; tiene su edad y eso siempre pesa

No obstante Walter Hill, hace muestra de saber manejar la cámara en un corre que te pillo que es verdaderamente mundial, un retrato de castas modernas y noblezas barriobajeras sin par. El ritmo impreso en la cinta es genial y aunque los actores no sean nada del otro mundo le sacan mucho jugo al asunto.

Pero lo mejor de todo es la idea y originalidad del concepto. Bandas callejeras sobradas de sorna y salero, mucha lealtad a los sí­mbolos y honor de guerrero en cada escena, es bastante gratificante verla y comprobar cómo su violencia silenciosa. En pocas secuencias hay música. Adquiere tono poético y casi operí­stico. Una aventura épica moderna así­ no debiera ser filmada cada “mil generaciones” y sí­ más brevemente para que pudiésemos vislumbrar tal caudal de emociones y gamberradas. Aunque mejor así­ y de paso apreciar un histórico irrepetible.

Mucha magia y secuencias pandilleras muy estimables.

Ahora la recordaré con más cariño que antes, pues creí­ que estarí­a desgastada por la edad y seria de esos recuerdos de hace más de treinta años que se esfuman terriblemente una tarde de aburrimiento y el caso es que no ha sido así­. Agradable sensación.



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