Director: Manuel Gutiérrez Aragón. 1982. España. Color
Intérpretes: Ángela Molina, Ana Belén, Encarna Paso, Imanol Ariuas, Eusebio Lázaro, Álvaro Sánchez, Francisco Merino, Rafael Díaz, Pedro del Río

En la boda de í“scar con Ana hay mucho derroche, pese a que estamos en los años de la posguerra española. Gloria, la madre, es muy generosa y en “El jardín” hay mucho estraperlo. El hijo menor, Juan, que mantiene relaciones con Ángela, riñe con su hermano y debe irse de casa. Mientras Juan triunfa en la “corte” franquista, Ángela da a luz a Juanito. Al cabo de los años, Juanito enferma gravemente en la búsqueda de su padre. La abuela se lo arrebata a la madre para que convalezca en “El jardín”, donde se le mima en exceso. Juanito intenta conseguir conocer a su padre, al que nunca ha visto y que sabe va a pasar con el séquito de Franco, pero el personaje importante que él suponía, es un simple camarero del dictador.
Excelente historia de odios, traiciones, secretos familiares y amores subterráneos que nos traslada a la España más negra de la posguerra, años de arribismo y estraperlo, de sucias apariencias y medias verdades, que subyugan cualquier atisbo de bondad y transparencia. A Manuel Gutiérrez Aragón le costó algún que otro disgusto familiar este descarado retrato de realidades ocultas. Su dirección vigorosa hace brillar a uno de los repartos más selectos del cine español. Destaca el recto trabajo de Encarna Paso, dando vida a una mujer dominante y soberbia, alcahueta de los oscuros entresijos de su casa. Otra creación brillante es la de una joven y bella Ángela Molina, que construye un personaje de alma clara, rebelde y sincero. Uno de los mejores trabajos de esta grandísima actriz de mirada arrebatadora y tremendamente expresiva. Atención a sus demoledoras escenas frente a la Paso. Imanol Arias y Ana Belén cumplen. Geniales toques de humor y acertada mezcla de géneros para una película que, pese al paso del tiempo, mantiene intacta su esencia y sigue sin dejar indiferente.
Me parece excelente el arranque (una concurrida boda), fluido y naturalista, lleno de idas y venidas de los numerosos personajes, en el que a base de pequeñas pinceladas se muestra la vida mísera e hipócrita de la posguerra.
Cuando el centro del relato pasa a ser el niño, baja el nivel por la deficiente interpretación del crío (mal común en el cine español), pero se mantiene el interés debido a la variedad de personajes y la complejidad de sus relaciones. Igualmente meritorio resulta el dibujo del marco socio-político (represiones, desconfianzas, estraperlo ), y además hay un estimulante componente cinéfilo (el enfermizo chaval suspira contiínuamente por ir al cine, y se siente pecador cuando ve a Silvana Mangano cantando y bailando en “Anna”)
Gutiérrez Aragón reunió para la ocasión a dos de las estrellas femeninas más punteras del momento: Ángela Molina y Ana Belén. Imanol Arias (al que ambas se disputan) hacía uno de sus primeros papeles relevantes y la película supuso su lanzamiento.