DESAPARECIDO (Missing)

Película estrenada entre 1980-1982

DESAPARECIDO (Missing)
Director: Constantin Costa-Gavras. 1982. EE.UU. Color
Intérpretes: Jack Lemmon, Sissy Spacek, Melanie Mayron, John Shea, Charles Cioffi, Richard Bradford, Janice Rule, David Clennon, Jerry Hardin

Charles Horman, un joven periodista norteamericano idealista, desaparece de su domicilio en Chile durante el golpe de Estado del general Augusto Pinochet. Ed Horman, su padre, se traslada allí para emprender su búsqueda en compañía de su nuera. Juntos recorrerán las instituciones diplomáticas norteamericanas intentando averiguar su paradero, aunque para ello deberán salvar todas las trabas burocráticas que encontrarán a su paso. Drama político. Basado en un hecho real. Descenso a los infiernos de la dictadura chilena. Un joven americano desaparece tras el golpe de estado de Pinochet. Su padre (un extraordinario Jack Lemmon) viaja al país para buscarle. Desgarradora película con un excelente guión, basado en hechos reales, en la que el comprometido Gavras vuelve a enviar otra carga de profundidad a la adormecida sociedad occidental de los ochenta. No sólo narra con ritmo preciso e intrigante la búsqueda del hijo desaparecido, sino que es un complejo retrato de las diferencias generacionales, además de una veraz reconstrucción de los días posteriores al golpe chileno. Un filme magistral y, sobre todo, necesario.

Desaparecido transcurre durante los días posteriores al Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Fecha en la cual, el gobierno del Presidente Salvador Allende, es derrocado por las fuerzas armadas, encabezadas por el general Augusto Pinochet Ugarte, instaurando en Chile, el período más negro y brutal de su historia republicana.

Durante ese 11 de septiembre, a Charles Horman (John Chea) y Terry Symon (Melanie Mayron), una pareja de amigos norteamericanos que se encuentran en Viña del Mar, los sorprende el movimiento de tropas y el golpe de estado, dejándolos incomunicados y sin posibilidad de volver a la capital. Durante esos días, Charles no puede comunicarse con su esposa Beth (Sissy Spacek), que se encuentra sola en Santiago, y aprovecha de tomar nota en su libreta, de cada situación de la que es testigo y de cada información que logra averiguar con militares y otros personajes que se hospedan en el mismo hotel.

Pasados algunos días, logran volver a Santiago, transportados en el vehículo de un tal Capitán Ray Tower, en medio de un ambiente caótico y confuso, con una ciudad militarizada, donde los sectores más ricos de la cuidad celebran sus fiestas aplaudiendo a los militares, mientras en las poblaciones más populares se detiene, se secuestra y se tortura a los sospechosos y “enemigos” del nuevo régimen.

Una vez en Santiago, Charles y Terry se reúnen con Beth, y comentan lo que han visto en Viña y el ambiente que se vive durante esos días en la capital, tras lo cual, deciden abandonar el país. Mientras la pareja de amigos sale en busca de ayuda, para hablar con alguien del consulado, conocen a Kate Newman, reportera del New York, a quien le comentan haber estado en Viña, y les aconseja que por motivos de seguridad, se hospeden en algún hotel, donde se encuentre mucha gente, para evitar complicaciones.

Durante esa tarde, Beth es sorprendida en la calle por el toque de queda, viéndose impedida de regresar a su hogar. Hasta la mañana siguiente, cuando encuentra su casa invadida, con todas las cosas revueltas y volcadas en el suelo, sin rastros de su esposo. Es entonces cuando el padre de Charles, interpretado por el actor Jack Lemmon, viaja a Santiago y se une a Beth en la búsqueda del paradero de su hijo.

Esta película estuvo prohibida durante el régimen militar en Chile, convirtiéndose en material de contrabando durante la década de los años ochenta. Su director Costa-Gavras, nos presenta un relato doloroso, donde se denuncia la corrupción y la sangre fría de quienes gobernaron un país durante diecisiete años, y la fuerte influencia del gobierno de Estados Unidos en los hechos ocurridos en 1973. En películas como esta, sería muy fácil caer en el panfleto populista, o en la victimización por conveniencia. Sin embargo, Desaparecido, es un relato honesto y sin artificios, que centra su mirada en el ser humano, y denuncia con valentía, aquellos hechos que quisiéramos nunca se vuelvan a repetir en Chile, y en ningún otro lugar.


El mejor Gavras
“La sociedad a la que aspiro es la que respeta la dignidad de los hombres, la libertad y la posibilidad de vivir una vida humana” (Costa-Gavras).
De nuevo el cineasta griego comprometido con una causa, siendo la voz de los silenciados y denunciando hechos que jamás deberían olvidarse y a los que nos vamos acostumbrando adormilados en una especie de anestesia general.
El 11 de septiembre ya era una fecha infausta antes de las Torres Gemelas. La fecha en que los militares chilenos segaron por la fuerza la voluntad de un país tiñendo de sangre el palacio de la moneda, una fecha en que los EE.UU. apoyaron una masacre para evitar que la vía chilena hacia el socialismo fructificara.
Salvador Allende es ya un mito. Y esta película también.
Lo fundamental de esta cinta es que es mucho más que un mero panfleto político. Tiene una historia detrás, una historia que avanza al mismo ritmo que los acontecimientos que asolaron Chile. El personaje de Lemmon cumple esa máxima de que para que un personaje valga la pena tiene que cambiar y tiene que verse ese cambio. La película es apasionante precisamente por ello, por la transformación de ese personaje de clase media alta, votante (seguramente) republicano, al que le sale un hijo bohemio y rojillo. La tirantez entre Spacek (su nuera) y Lemmon va relajándose a medida que Lemmon se da cuenta de que aquello que él consideraba impensable ha pasado.
Un ataque frontal y necesario, de una tremenda intensidad al saber que todo aquello pasó de verdad. No es tarde para verla y sentirse indignado, sobre todo cuando vemos que el desprecio por la vida humana de determinados gobernantes sigue siendo el mismo treinta años después.
Posiblemente la cumbre del cine político, duro y directo pero a la vez emotivo y con una cercanía que provoca aún más indignación. Y aunque este tipo de películas no creo que deban calificarse en función de su estricta calidad cinematográfica siempre es de agradecer que se concentren amabas cosas: auténtico cine y denuncia. El resultado así es mucho más efectivo.


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