EL HOMBRE ELEFANTE (The Elephant Man)

Película estrenada entre 1980-1982

Director: David Lynch. 1980. G.B.-EE.UU. B/N.
Intérpretes: Anthony Hopkins (Frederick Treves), John Hurt (John Merrick), Anne Bancroft (Mrs. Kendal), John Gielgud (Carr Gomm), Wendy Hiller

Cuento victoriano basado en una historia real que nos explica la historia de Frederick Treves (Anthony Hopkins), un eminente cirujano profesor de universidad que queda impresionado con Joseph Merrick (John Hurt), quien nació completamente deformado a causa de un accidente que tuvo su madre antes de darle a luz. Esas deformidades le hacen ser la monstruosa estrella del circo ambulante que dirige su dueño, quien lo maltrata y le hace vivir en las más penosas condiciones. El profesor Treves se apiadará de él y descubrirá que John Merrick es una persona excelente, muy educada y amable con los que hacen algo por ayudarle.

El Hombre Elefante

fue finalista a ocho premios Oscar
el año 1980. No se llevó ninguno. Prueba inequívoca que la Academia falla. Pasados veinticinco años ya nadie se acuerda de la ganadora de esa noche, Gente corriente (1980, Robert Redford), mientras que de la película de David Lynch se sigue hablando, escribiendo, discutiendo y su visionado es obligatorio cuando se habla de clásicos del cine.
La película a veces fantástica paradójicamente está basada en un hecho real. John Merrick (John Hurt), conocido como el hombre elefante, vivió en Londres entre los años 1862 y 1883. Producto de una enfermedad degenerativa, que llenó su cuerpo de tumores y deformó sus extremidades, se convirtió en una de las atracciones principales de circos londinenses. Un freak de exhibición explotado por Bytes (Freddie Jones), oscuro personaje, que tenía como única fuente de ingreso a Merrick y que no dudaba en castigarlo con la misma dureza con la que un amo trata a una fiera.
Frederick Treves (Anthony Hopkins), joven médico en busca de reconocimiento se hace cargo del hombre elefante, convenciendo a su dueño de que si no entraba al hospital moriría. Y con él también moriría su negocio. Treves, de un primer acercamiento casi mórbido pasa a una preocupación paternal y decide curarlo, cuidarlo e incorporarlo a la sociedad sin darse cuenta que también él lo vuelve un espectáculo mediático -ya no para la clase popular sino para la elite-.
La película es un manotazo inesperado contra la espalda. La esperanza de una solución siempre es interpelada por la realidad. La música circense sólo es la mórbida melodía de la negación. Y a veces todo se vuelve una farsa. Un circo escabroso. Rostros deformados contra la luna, trajes elegantes, monedas, negación del otro, sublimación del yo.
Las categorías se confunden a cada instante. Treves en una escena clave de la película le pregunta a su esposa si no es igual que el amo anterior de Merrick que lo maltrataba y lo explotaba. Quién es bueno, quién es malo. ¿Acaso él no se aprovecha también para lograr fama?
Mientras tanto Merrick construye edificios, se recrea como humano, recibe personajes de la aristocracia londinense que encuentran en la excentricidad de la visita una manera de aceptación. Mención aparte merece la actriz de teatro, la señorita Kendall (Anne Bancroft) que lo visita por primera vez y con quien interpreta una parte de Romeo y Julieta. La frescura del encuentro es interpelada otra vez por la realidad. Por una realidad que no permite que el otro se asimile, que encuentra en la burla y el aprovechamiento la única manera de hacerlo encajar en el orden del mundo.
Y lamentablemente Merrick nació condenado. Tal como el Segismundo de “La Vida es sueño”, Merrick re-construye una realidad paralela que lo aleja de los espejos y lo acerca a la felicidad. Se tapa los ojos y sueña. Y es feliz dentro del sueño sin duda. Baila. Fuma. Conquista chicas. Sin embargo, de pronto la escena se vuelve ridícula. La realidad otra vez interpela a Merrick, a su sueño, a todos dentro de la película, a todos dentro de la sala. Y salimos todos tristes con una expresión de pena pero también de aceptación. Dura aceptación.

Esta película está basada en la vida de Joseph Carey Merrick, hombre que efectivamente presentó deformidades severas.
La cinta inicia relatándonos cómo es que Merrick, interpretado por el actor John Hurt, se gana la vida. Está contratado para trabajar en un circo, en donde lo exhiben como “fenómeno”. Su deformidad muchas veces causa espanto, y otras tantas, risas. La ignorancia de la gente que lo rodea hace que sea tratado de una manera denigrante, creen que por su aspecto físico merece ese tipo de trato y vemos en él un hombre que nos provoca sentimientos de lástima, no sólo por su apariencia sino por su modo de vida.
Entra aquí en escena un actor que ya entonces tenía una interesante trayectoria, a pesar de que la película fue hecha en 1980: Anthony Hopkins. Su tarea es la de encarnar a un médico cirujano: Frederick Treves, quien también existió en la vida real. Interesado en rumores sobre Merrick, que es conocido comúnmente con el apodo de Hombre Elefante, intenta acercarse a él a través de Bytes, encargado del espectáculo del circo. Mencionábamos la ignorancia de la gente que rodeaba a John (así llamado en la película en lugar de Joseph) y si alguien se caracteriza por ello es justamente el dichoso Bytes. Es curioso escuchar la causa ridícula a la cual atribuye la enfermedad de John: su madre (embarazada de él) fue golpeada por un elefante y, además de todo, esto sucedió en una isla que ni siquiera aparece en los mapas. Claro está, lo anterior hace mucho más atrayente la presentación de Merrick en el circo. Siendo un hombre preocupado por el dinero, Bytes ve en su “Hombre Elefante” una obvia oportunidad de lucro y a Treves le cuesta mucho que éste le de acceso al llamado “fenómeno”, situación que se arregló con ofertas económicas que el doctor le hace al ambicioso personaje.
Desde un principio, Freddie Treves, hombre de ciencia y persona educada, se acerca a Merrick con una amabilidad a la que éste estaba poco acostumbrado. Le trata de buena manera y le hace saber su interés en ayudarlo y en encontrar una solución a su problema. Una escena ya clásica en el cine es precisamente en la cual el personaje de Hopkins exhibe al “hombre elefante” ante un congreso de medicina. A través sólo de una sombra, Treves va describiendo los padecimientos de Merrick, entre los que destaca la forma tan agrandada del cráneo, el miembro superior derecho totalmente inútil, la alarmante curvatura de la columna, la holgura de la piel y los diversos tumores fibrosos que cubren gran parte del cuerpo. Hace notar además, que los genitales no resultan afectados por este mal.
Para entonces, este doctor tiene la idea errónea de que Merrick, de 21 años, es un joven con una capacidad intelectual deficiente también causada por su enfermedad. Con esta creencia, empieza a enseñarle a hablar y a repetir palabras. Sin embargo, grande es su sorpresa cuando descubre que su paciente no sólo se limita a repetir lo que le han enseñado, sino que entiende perfectamente lo que dice y escucha porque, aparte de todo, sabe leer. Después de charlar con él, Freddy lo califica como una persona de “mente refinada”. Es así como el personaje del fenómeno, el del “hombre elefante”, empieza a desvanecerse en la mente del espectador y en ella empieza a crearse la idea de un hombre culto y educado, cuya deformidad física no tiene ninguna analogía con su espíritu intelectual. El sentimiento de lástima que provocaba en un principio, es reemplazado quizás por admiración y un mayor interés en su historia.
Con esta nueva percepción que tienen Treves y las autoridades del hospital respecto a Merrick, éste se queda más tiempo ahí para seguir siendo estudiado y, sobre todo, para tener un hogar, como él mismo considera a su cuarto en el instituto. Vivir ahí le ofrece una vista parcial a la catedral ubicada enfrente. A partir de esto, descubrimos a un John que no sólo sabe de cultura literaria, sino que además tiene talento artístico, ya que en su habitación reproduce a escala dicha construcción.
Entre los personajes de la película, figura uno más que no es beneficioso para John: uno de los vigilantes del hospital, interpretado por el fallecido Michael Elphick. Es un hombre que también quiere aprovecharse de él para obtener dinero, ya que vende entradas para que en las noches la gente vaya a conocerlo. Por su culpa, en la segunda mitad de la historia surge otro problema, ya que Merrick es raptado por su viejo “jefe”, el encargado del circo. El antes famoso “hombre elefante” en el ámbito circense, ya no rinde igual que en el pasado debido al maltrato que sigue recibiendo por parte de Bytes, y posiblemente también por el deseo de regresar a lo que ya se había convertido en su hogar. Afortunadamente, sus amigos del circo lo ayudan a escapar de ese trabajo tan desagradable que ya ni siquiera es capaz de llevar a cabo. Así que liberado de su actividad en el espectáculo, se dirige hacia las calles con su gorro de siempre, el cual le cubre toda la cara. En este viaje que hace solo, sufre una muy mala experiencia, de nuevo recibe las burlas y el desprecio de todo aquel que lo observa; es entonces cuando les grita determinantemente que no es un animal, sino un ser humano.

Después de lo anterior, las cosas cambian para bien. Merrick se reencuentra con su amigo Treves y regresa al hospital, su hogar. No vuelve a sufrir de maltrato, sino al contrario, es querido por la gente que lo rodea. A lo largo de la cinta vemos dos amores significativos de John, el más importante: el de su madre. Todo el tiempo trae una foto de ella consigo, habla de ella con respecto y la recuerda con cariño. El otro amor es platónico: el que siente hacia la actriz de teatro Kendal (Anne Bancroft), con quien incluso recita un fragmento de la obra de Romeo y Julieta a mitad del filme. Esta actriz lo trata muy amablemente, se nota el aprecio que le tiene e incluso al final le hace un magnífico regalo: es invitado a una función de teatro en donde ella participa. Su asistencia no requirió ni un disfraz ni una máscara para ocultarse, sino que se presenta ante los demás tal y como es. La joven lo presenta ante el público con todo el respeto que él se merece y esta escena en la cual Merrick se siente querido por sus amigos y admirado por todos los presentes, resulta hermosa.
Lo anterior sucede en los últimos minutos de la cinta, la cual culmina en un final reflexivo, que confirma la calidad artística y narrativa de esta obra del notable (aunque no agrade a todos) David Lynch.
¿Quién fue Joseph Merrick en realidad?

Para ser sincero, mi interés inicial en esta película surgió a partir de leer en una revista un artículo sobre el parásito responsable de la elefantiasis. Como mucha gente, yo solía asociar la película de Lynch (sin haberla visto) con este padecimiento. Ahora, después de verla, investigar sobre el caso y conocer mejor a Wuchereria (sí, así se llama el parásito en cuestión), me queda claro que esa idea mía no podía ser más equivocada.
Joseph Merrick (en la película llamado John) en efecto sí existió. Vivió a finales del siglo XIX y presentó deformidades semejantes a las de la caracterización del actor John Hurt. Era, como también la película lo refleja, un hombre culto e inteligente. Frederick Treves y la mayoría de los personajes en la película también fueron personas de carne y hueso. De hecho el propio Treves escribió un libro en el cual se basó David Lynch para la realización de esta película: The Elephant Man and Other Reminiscences. Otro libro que sirvió de inspiración fue el de Ashley Montagu: The Elephant Man: A Study in Human Dignity.
Es claro que la asociación de la elefantiasis con esta película es principalmente de tipo semántica. El hecho de que Merrick fuera conocido como el “Hombre Elefante” se debía más bien a lo ya mencionado anteriormente acerca de la creencia de que su padecimiento había sido originado porque su madre fue golpeada por un elefante durante su embarazo. El propio Merrick daba esta versión, que a diferencia de Bytes en la película, no la sitúa en una isla, sino en un sencillo desfile de animales. Seguramente esta idea proviene a su vez de su deformidad que, al ser de grandes dimensiones, recuerda las características de un elefante. Sin embargo, la elefantiasis sí puede ser asociada más fácilmente con las características físicas de este animal, ya que hay un engrosamiento en los tejidos de la piel (principalmente piernas y genitales).
Lo que ahora se sabe es que Joseph Merrick lo que padeció en realidad fue el denominado Síndrome de Proteus. Sin embargo, su caso sigue siendo único ya que no hay registro de malformaciones tan marcadas como las suyas. Lo rescatable de esta situación fuera del aspecto médico, es la relación tan bonita entre él y Treves que ya ha pasado a la historia por su valor intrínseco y gracias además a David Lynch, quien la inmortalizó con esta memorable película.


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