TENEBRE

Película estrenada entre 1980-1982

Director: Dario Argento. 1982. Italia-G.B. Color

Intérpretes: Anthony Franciosa (Peter Neal), Christian Borromeo (Gianni), Mirella D’Angelo (Tilde), Verónica Lario (Jane McKerrow), Ania Pieroni (Elsa Manni), Eva Robins (chica en la playa), Corola Stagnaro (detective Altieri), John Steiner (Christiano Berti), Lara Wendel (Maria Alboretto), John Saxon (Bullmer), Daria Nicolodi (Anne), Giuliano Germma (capitán Germani)


Peter Neal es un afamado escritor de novelas policiacas. La última que ha escrito se llama “Tenebre”, y trata sobre un asesino que mata a todas las mujeres que le parecen corruptas: putas, coquetas, amantes. Varios recuerdos desordenados en la mente de Neal sobre una mujer de zapatos rojos nos desvelan su fuente de inspiración. Cuando era adolescente, Neal mató a una chica en Rhode Island, que le habí­a humillado y martirizado previamente, aunque no pudo demostrarse su culpabilidad y quedó libre. Sin embargo su mente habí­a cambiado tras el incidente, lo habí­a vuelto loco.















Tenebre es el resultado del retorno de su director al género “giallo”, luego de haberse paseado durante algunos años por el lado del terror más misterioso y fantástico, como se puede ver en Suspiria, un filme de una estética increí­ble, considerada todo un clásico del género, la cual impulso el reconocimiento mundial de su gran director Dario Argento. Género el cual supo llevar adelante de manera única y muy personal, haciendo un mix perfecto entre suspenso, gore y un fino terror del cual descienden varios de sus clásicos: Profondo rosso, Suspiria, Inferno, son algunas muestras de ello. El caso de Tenebre, es una vuelta a las raí­ces de un género tí­picamente italiano, el “giallo”, al cual Argento aportó pelí­culas como El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris, las cuales ayudaron en gran parte (junto a otros directores italianos) a popularizar al género durante principios de la década del 70.

Básicamente, Tenebre se va desarrollando sobre las convenciones tí­picas del sub género, tanto estéticas como narrativas, lo cual no sugiere nada malo, por el contrario, es una pelí­cula que se disfruta de comienzo a fin. La aparición y la suma de personajes a través de la historia le agregan más intensidad a la trama, asiendo que uno se vaya interesando más en las historias y relaciones entre personajes, historias personales que van desde traumas infantiles, sexuales, problemas de relación, engaños, sumados a la siniestra perversidad de la mente de un asesino, del cual no se sabe demasiado y es la pista a seguir para aclarar la situación.

Podemos decir que es entretenida gracias a que los personajes involucrados van entregando pistas, lo que hace que uno como observador se sumerja profundamente en la historia para formular nuestras propias deducciones. Más allá del espectro policí­aco que tiene la pelí­cula, se le suma una serie de brutales asesinatos, de un estilo increí­ble, mostrados de manera explí­cita y bastante sangrienta.

La pelí­cula comienza mostrando el viaje de Peter Neal, un reconocido escritor de novelas policí­acas, que recientemente acaba de publicar su último trabajo titulado Tenebre, quien se dirige hasta Roma con el objetivo de publicitar su novela en aquella ciudad. Una muchacha es asesinada brutalmente por un hombre del cual no se le ve más que su guante de color negro. El asesino le enví­a una carta al recién llegado Peter Neal, quien enseguida se pone en contacto con una pareja de detectives locales, quienes se encargan del caso y de cuidar al escritor. Aparentemente el asesino está cometiendo sus crí­menes tal cual los describe la novela de Neal, mostrando su obsesión con el escritor, siguiendo principalmente sus métodos y eliminando a toda mujer acusada de prostituta, infiel, rápida, etc. Empiezan a verse una serie de escenas, que al parecer son los recuerdos de la perversa mente del asesino, en los cuales se puede observar una mujer de zapatos rojos. Los crí­menes siguen sucediendo, reforzando cada vez más las investigaciones, en particular las de Peter, quien parece decidido a descubrir al asesino, lo que hace que se convierta en un personaje clave para la resolución final del caso.




Los zapatos rojos de la muerte (otra vuelta de “giallo”)

“Argento no se entretiene tanto en argumentos terrorí­ficos como en crear un ambiente perpetuamente alarmante, construido por una forma tan malsana como sabia de mirar a través de la cámara. Quedamos atrapados por sus obras como por las pesadillas” (Fernando Savater)

“A veces pienso que todos los directores estamos locos, al menos mientras estamos haciendo una pelí­cula. El proceso de escribir y dirigir te lleva a tales extremos que es natural sentir una afinidad con la locura” (Dario Argento)


El cine de Dario Argento es capaz de levantar las pasiones más encendidas -o se odia o se ama-, basta con ver Tenebre para comprobarlo. Sus detractores la califican como la pelí­cula más vací­a, absurda y excesiva del cineasta romano. Sus seguidores la aplauden como una de sus cintas más logradas, una muestra de su genio, muchas veces, incomprendido. Tras elevar las cotas del ‘”fantaterror” a lo más alto con Suspiria e Infierno, Argento decidió regresar al terreno del “giallo” -el “thriller” a la italiana-, que él mismo creó con su “Trilogí­a de los animales” (El pájaro de las plumas de cristal, El gato de las nueve colas y Cuatro moscas sobre terciopelo gris) y con Rojo oscuro, para hacerlo volar en pedazos desde dentro.


Básicamente, Tenebre (1982) juega con las convenciones narrativas y estéticas del giallo, y por ende del suspense hollywoodiense en el que se basa, hasta darlo otra vuelta de tuerca. Si Valle-Inclán hubiera dirigido un filme de este género, seguramente serí­a muy parecido a Tenebre, octavo largometraje en la carrera del realizador. Nada es lo que parece y todo es lo que no es. Una maraña de pistas falsas conduce a oscuros callejones sin salida, alumbrados únicamente por el reflejo de la luz en la hoja de una navaja. Argento se burla de sus propios códigos —la cámara subjetiva que reproduce el punto de vista del asesino, las manos enguantadas de negro, el uso de la arquitectura y del color— para realizar una hipérbole, un triple salto mortal sin red que arrastra irremisiblemente al espectador por los tortuosos y laberí­nticos caminos de un misterio que no tiene solución, o que tiene varias, según se mire.

La cinta empieza con la llegada a Roma de Peter Neal, un escritor norteamericano de “best-sellers”
de intriga, papel interpretado por Anthony Franciosa y pensando en un primer momento para Christopher Walken. Su gira promocional por la capital italiana coincide con una serie de crí­menes basados en su última novela, Tenebre, cuyas ví­ctimas son lo que el asesino considera como seres desviados: ladronas, prostitutas, lesbianas Con ganas de lucirse ante la prensa y la policí­a local, el literato decide investigar por su cuenta las muertes y desenmascarar al asesino que le rinde tan macabro tributo. Todo ello salpicado por tres intermedios oní­ricos muy ‘freudianos’, protagonizados por una muchacha de zapatos de tacón rojo, que esconden la llave de la retorcida mente del asesino.

Lo que a priori parece un tí­pico “¿quién lo hizo?”, es en realidad una trampa mortal que descolocará a todos los espectadores que busquen en Tenebre una narrativa lógica y una trama coherente. Una vez más, la forma fascina mucho más a Argento que el fondo. En esta pelí­cula se encuentra una de las más celebres escenas de toda la filmografí­a del autor de El arte de matar: un plano secuencia de dos minutos y medio de duración en el que una cámara motada sobre una Louma -una Dolly francesa que a comienzos de los años 80 era toda una novedad en el mercado- recorre sinuosamente una fachada, el tejado y otra fachada de la casa en la que viven dos ví­ctimas del asesino. Reforzada por la inquietante partitura de tres de los miembros de la desaparecida banda Goblin, la escena construye un clí­max que, como no podí­a ser de otra manera, acabará con sangre. Sin embargo, el recorrido de la cámara no tiene ningún propósito narrativo, ni trata de reproducir el punto de vista de nadie. Es, nada más y nada menos, que un brillante ejercicio de estilo, un artificio destinado a jugar con los sentidos y las percepciones de un espectador que, si no conoce al director italiano, a estas alturas seguramente se esté preguntando de qué va la fiesta.


En cualquier caso, también habí­a una escena bastante hilarante que era aquella en la que otra chica era asediada por un bosque por el asesino y ésta para protegerse de él, le tiraba fotos y recortes de periódico (¡jah!, qué tonta). En fin, muy buena, y el final es una auténtica sorpresa.

¿Hay que ser un fan fatal de Argento para disfrutar de esta pelí­cula? Sí­ y no. Es suficiente con acercarse a ella sin ideas preconcebidas y con ganas de subirse a una montaña rusa que no lleva a ninguna parte. El viaje merece mucho más la pena que el destino final.


Tenebre es el retorno de Dario Argento al “giallo” puro y duro. Dejando atrás la brujerí­a y las brujas de Suspiria (1977) y otra vuelta de tuerca más al tema en Infierno (1980), y el tema de los mediums y sus poderes paranormales en Rojo Oscuro(1975).

Argento dejaba de lado los elementos sobrenaturales o paranormales, para concentrarse en una historia policiaca que tantos éxitos le dio en El pájaro de las plumas de cristal. El modelo se mantiene: una intensa historia policiaca que se solapa con la paralela investigación que realiza un famoso escritor de novelas de terror, escenarios curiosos, muertes violentas y hasta notas de sexo destacadas. A todo esto se le une un reparto amplio y muy profesional encabezado por John Saxon, Anthony Franciosa y Daria Nicolodi. El guión es adulto, interesante y lleno de interés, como por ejemplo los flashbacks de como el asesino se convirtió en un maniaco. Resulta que una puta viciosa se tiraba a cuatro menores de edad, pero uno de ellos(tal vez por celos, por odio o por Dios sabe que) le paga un tortazo. La zorra manda a los otros tres chavales que lo agarran y le pegan. Ella llega y le patea los huevos y luego le mete los tacones de sus zapatos de aguja por la boca… Seguro que más de un fetichista se correrí­a con semejante sesión bizarra, pero en el caso del asesino esto lo volvió loco.

La pelí­cula, como he dicho, muestra una violencia extrema, que a veces es muy contundente y eficaz. El único pero para mí­ en este filme es que en muchos planos la composición visual es muy claustrofóbica y llena de cosas, al estar muchas escenas rodadas en interiores de reducidas dimensiones. En algunas escenas este defecto aumenta por estar incluso muchas personas en dicho espacio, en este caso como botón de ejemplo, en el apartamento que ha cogido el escritor en Roma. Deberí­a de haberse trabajado un poco ese aspecto y no haber abandonado tan drásticamente los colores y las sensaciones volumétricas en los planos, cosa que retomarí­a Argento en Phenomena (1985). Como “giallo” es un filme muy estimable y de gran calidad que se toma muy en serio a sí­ mismo.


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