BAJO EL PESO DE LA LEY (Down by Law)

Película estrenada entre 1983-1986

Director: Jim Jarmusch. 1986. EE.UU. Color

Intérpretes: Tom Waits, John Lurie, Roberto Benigni, Nicoletta Braschi, Ellen Barkin


Dos aletargados, Waits y Lurie, y un enérgico Benigni son tres presos de una cárcel que deciden planear una fuga.


Fábula minimalista sobre los desheredados, la soledad e incomunicación (recurrentes en el director)… Pelí­cula de escaso presupuesto, fotografí­a en blanco y negro, con actores underground, banda sonora de Tom Waits, un relato fragmentado mediante la abundancia de tiempos muertos, la importancia del espacio y la poca importancia del argumento…

Todo parte de una pelí­cula de tremendo encanto, humor marciano y, como de la enumeración de esos elementos se desprende, auténtica independencia. Pero todo inconsistente ante la que me parece la principal caracterí­stica: la forma que tiene Jarmusch de construir lo que nos está contando (y voy más allá de silencios, planos fijos, movimientos de actores y elipsis).

La vertiente más, digamos, tradicional del cine manejaba (y maneja, no es algo exclusivo del cine clásico aunque sí­ es más caracterí­stico) una máxima: si quitas algo y la historia sigue funcionando es que sobra. Es decir, una labor de “poda” al servicio de una máquina narrativa perfectamente engrasada de tal manera que todo lo superfluo quede “ausente”.


Mostrar lo superfluo fue una de las caracterí­sticas, por ejemplo, de Godard y la “nouvelle vague”, y Jarmusch, tomando buena nota de ello, le da una vuelta de tuerca al asunto; por supuesto lo superfluo muchas veces sirve para conocer a los personajes, pero Jarmusch, como digo, va más allá.

Jarmusch parece llevar la contraria a esa máxima y decir: todo lo que sirva a los fines de una narración tradicional hay que quitarlo. Configurando así­ una “narración por ausencias” que va en contra de los hábitos de la costumbre cinematográfica. Las presentaciones de los personajes (salvo la de Waits) son a través de diálogos insustanciales, cuando la policí­a los atrapa lo que nosotros vemos es la conversación (con toda la insipidez de una conversación a tiempo real) en la que se deciden a dar el paso que les llevará a la cárcel, no vemos casi su detención, juicio o ingreso en prisión, sólo una tremenda elipsis y luego la cárcel. Con la fuga igual, nada de preparativos ni ejecución del plan (que es lo que una pelí­cula convencional nos mostrarí­a o incluso lo que serí­a el nudo de la misma, pero que aquí­ es engullido por una elipsis descomunal); en la posterior huí­da no se recrea en persecuciones, sólo en conversaciones, de nuevo y aparentemente, insustanciales… Las propias relaciones de los personajes están configuradas a través de diálogos de escasa profundidad en apariencia, nada de un desarrollo convencional de personalidades. Incluso ahí­ Jarmusch omite lo “esencial” y se queda con lo que normalmente no está en las pelí­culas.


¿Aplicaciones prácticas de esto? Amigo, no hace falta dinero para contar una historia. La “narración por ausencias” es posible, puede hacerse, es divertida. Y lo ausente no cuesta apenas dinero.

Las crí­ticas anteriores desmenuzan lo fundamental de forma magní­fica así­ que me conformo con, simplemente, bosquejar esta idea.

El travelling lateral del inicio con la canción de Waits (disco Rain Dogs absolutamente imprescindible) y Nueva Orleans forma parte de mi memoria músico-cinéfila al nivel de la entrada de Keitel en el bar con música de los Rolling Stones de fondo en Mean Streets, el acoso a Janet Leigh en Sed de mal (1958, Orson Welles) o el “crescendo” de Grieg en El nacimiento de una nación (1915, D.W. Griffith).

De todas formas, lo fundamental en Jarmusch en una sensación que me deja. La sensación de que el cine puede ser otra cosa y que, por extensión, la lógica, el tiempo, la vida en definitiva, también. Nos plantea casi un mundo paralelo, propio, extraño. Hay pocas cosas como ver una peli de Jarmusch en el cine, salir a la vez que anochece y recorrer tu ciudad de vuelta a casa. Ese paseo, mil veces repetido, es por un momento algo distinto también, ambiguo, deja de ser intrascendente aunque lo sea en apariencia.


El mejor Jarmusch. La pelí­cula tiene varios elementos tí­picos en las pelí­culas del autor pero aquí­ están mejor hilvanados que en otras pelí­culas del mismo. Jarmusch va con sus divagaciones de allí­ a allá, sus pelí­culas son casi “road movies” -pelí­culas de carretera-. Bueno, Extraños en el paraí­so (1984) lo es, que llevan a sus personajes a viajes por senderos de “búsqueda” y cosas por el estilo. Aquí­ hay distintos elementos que hacen que la pelí­cula (quizá algo lenta para algunos espectadores) funcione realmente bien. La comparación que establece Jarmusch (a todos los niveles, encuadre, situación, actitud…) de los personajes de Waits y Lurie está altamente conseguida. El personaje de Benigni actúa como enlace de los mismos actuando de “elemento extraño” que se cuela entre la pareja, siendo, es verdad, de lo mejor de la pelí­cula. Paradoja del compañerismo, la sociedad con su exclusión y su falta de comunicación y el ví­nculo que existe entre los seres humanos. Buena pelí­cula.


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