EL AÑO DE LAS LUCES

Película estrenada entre 1983-1986

Director: Fernando Trueba. 1986. España. Color

Intérpretes: Jorge Sanz (Manolo), Maribel Verdú (Marí­a Jesús), Verónica Forqué (Irene), Manuel Alexandre (Emilio), Santiago Ramos (Pepe), Rafaela Aparicio (Rafaela), Chus Lampreave (Doña Tránsito), Violeta Cela (Vicenta)


Dos muchachos con sí­ntomas de tuberculosis son enviados a un sanatorio de la Sección Femenina, cerca de la frontera portuguesa. Durante su estancia allí­, Manolo, el mayor de los dos, vive su despertar sexual cuando observa a su enfermera desnudarse cada noche. Cuando ésta es despedida, Manolo se enamora perdidamente de Marí­a Jesús, una chica del pueblo. Entre ambos se inicia una relación que les marcará para siempre.

El espacio y el tiempo parecen la horma para el tí­pico cine español de la melancolí­a y la nostalgia. Trueba no busca estos resultados. Prefiere los signos de contenido crí­tico; elige las paradojas; aprovecha las dobles lecturas habituales en la temática alegórica, pero desdeña las imágenes emblemáticas. Tampoco se aferra al realismo. Se inclina por una postura romántica, expresada en los buenos sentimientos, en la salida a la naturaleza abierta y en la naturalidad de los diálogos, rústicos y sólo en apariencia osados (…) Trueba no sale con concesiones. Prefiere el final crudo y violento, acentuando esa postura de creador romántico. Deja al espectador con una lágrima contenida por la indignación. Hace creí­ble la anécdota. No anda con moralejas de último momento y estimula el ánimo y el intelecto del público. Interesante.

Aunque parece la arquetí­pica pelí­cula española sobre la sociedad de la posguerra vista desde los ojos de un niño orejudo, pero no lo es.

El protagonista (un jovencito Jorge Sanz) tiene las orejas de tamaño mediano y es un niño justo en la frontera de la adultez, de esos quinceañeros que escriben poesí­a y tocan la zambomba varias veces cada dí­a, y sus ojos no están para muchas observaciones sociales… suficiente trabajo tienen siguiendo los movimientos que hacen las manos de las campesinas extrayendo leche de fresca de las ubres vacunas, o espiando las enfermeras mientras se cambian de ropa tras un biombo.

En realidad la primera mitad de la peli, más que El Año de las Luces, parece “El Año de las Pajas” (aunque luego resulta que llega una jovencita Maribel Verdú y el tí­o es que incluso se enamora y deja de pelársela).

Se puede considerar un filme menor de Trueba y Azcona, un simple presagio de la divertida Belle époque, o un agradable desfile de personajes secundarios simpaticones (entre los que destaca, como siempre, Chus Lampreave), pero es una pelí­cula de ésas que dan ganas de vivir, y, todo sea dicho, de tocar la zambomba.


El quinto largo de Fernando Trueba se basa en un episodio de la vida real de Manuel Huete. Se rodó en Ponte de Lima (Portugal), Quintanar de Sanabria (Zamora) y en plató (Madrid), durante el verano de 1986. Ganó el Oso de plata de Berlí­n y un Goya (actriz de reparto, Verónica Forqué).

La acción tiene lugar en el sanatorio preventivo antituberculoso para niños de Sierra de Gata (Cáceres), entre marzo y abril de 1940. Narra la historia de Manolo (Jorge Sanz), de 16 años, huérfano de padre, llevado al sanatorio por su hermano mayor, Pepe (Santiago Ramos). Con la llegada de la primavera, descubre su sexualidad y la fuerza arrolladora del deseo. Él y Mª Jesús (Maribel Verdú), de 15 años, comparten las primeras experiencias de sexo y de amor.

La pelí­cula sitúa el descubrimiento del amor y de la sexualidad de dos adolescentes, Manolo y Mª Jesús, en el marco severo de 1940, cuando la enseñanza en el paí­s estaba dominada por concepciones autoritarias, prejuicios contra el sexo, condenas del baile en pareja, imposición de castigos fí­sicos (latigazos de Maribel, vara de la maestra), la separación de niños y niñas en la escuela, los escrúpulos religiosos, la aversión a los libros, etc. Frente a ello se sitúa la figura eminente de Emilio (Manuel Alexandre), bedel del sanatorio, que conoce a Montaigne, Balzac, Flaubert, recuerda pasajes de sus escritos y destila sabidurí­a y libertad de pensamiento, que trasmite a Manolo en sus conversaciones. Entre la represión de la maestra y la magnanimidad del espí­ritu de Emilio, Manolo se enfrenta a la pulsión de sus deseos desorientado, desconcertado y presa de ansiedad. La fuerza de sus impulsos desbordará los prejuicios y amenazas, en un proceso breve y contundente. El relato está salpicado de notas de humor e ironí­a, que culminan en la escena del capellán don Teodoulo, que se las tiene a tiros con las palomas que vuelan en el ábside de la iglesia y el desamayo del capellán novato durante la confesión de Manolo. Es elocuente la quema de libros no escritos en castellano, italiano o alemán, de la que Emilio salva una obra de Dickens.

La música juega con sonidos burlones de saxo bajo, melodí­as románticas de cuerdas y una percusión vibrante en la escena de la separación. La fotografí­a hace uso de primeros planos breves, encuadres paisají­sticos espléndidos, sobreentendidos a penas sugeridos y movimientos de cámara que acarician a los personajes. Las interpretaciones de Jorge Sanz (16 años) y Maribel Verdú (15 años) desbordan naturalidad y ternura. Son excelentes las intervenciones de Lampreave, Saza, Alexandre y Verónica Forqué. La dirección construye una obra madura y equilibrada, de realismo poético, con una muy mejorada puesta en escena.

La pelí­cula exalta con nostalgia la adolescencia y el nacimiento del deseo, fuentes de luz capaz de imponerse a entornos tan sombrí­os como el de 1940.


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