Director: Dennys Arcand. 1986. Canadá
Intérpretes: Dominique Michel, Dorothée Berryman, Louise Portal, Pierre Curzi, Rémy Girard, Yves jacques, Genevií¨ve Rioux, Daniel Brií¨re

Uno de los grandes éxitos del cine canadiense de los años 80. El director francófono -natural de Quebec- Denys Arcand retrata dos grupos, uno de hombres y otro de mujeres, hablando de sexo; sus fantasías, sus frustraciones, sus intimidades, …

Con objeto de una reunión de amigos alrededor de una cena en una casa de campo, los personajes, previamente por separado, hombres y mujeres, y posteriormente todos juntos, nos van ofreciendo los planteamientos y las conclusiones a las que han llegado en los aspectos más relevantes de sus vidas ahora que rondan la cuarentena. Resulta sorprendente la vigencia de las reflexiones que se muestran teniendo en cuenta que la película tiene más de veinte años nada despreciables.
El matrimonio, el celibato, la estancia en la Universidad, el capitalismo, el enamoramiento, la homosexualidad, la cultura actual y la pasada, las clases de Historia, la decadencia, los amores furtivos, la cocina rusa, la costumbre, el sadomasoquismo, la infidelidad, los hijos, las tácticas de seducción, la edad, el sexo con desconocidos, son los temas que se van encadenando en la conversación y acerca de los cuales todos los personajes ofrecen su visión particular, con más o menos libertad dependiendo de las circunstancias en fin, una hora y media de diálogos sin desperdicio cargados de experiencia, ironía, cierto sarcasmo, y finalmente, demasiada sinceridad. Esta última es la que precipita un desenlace en el que ya no hay vuelta atrás.
En mi opinión es una verdadera maravilla de largometraje que descubre la cruda diferencia de sexos en todos sus aspectos con ironía y humor muy fino.

Como poco habrá que agradecer a esta película de Denys Arcand el que en muchos espectadores que no frecuentan los circuitos menos comerciales de la exhibición cinematográfica floreciera una pregunta: ¿Ah, pero en Canadá hacen cine?…
Y es que El declive del imperio americano fue una de las primeras películas canadienses que obtuvo una cierta notoriedad a mediados de los años 80. Estrenada en la órbita del arte y ensayo, pronto la película corrió de boca en boca y algunos pases televisivos hicieron de este título una comedia altamente apreciada en grandes sectores de público por su mirada sarcástica a las relaciones amorosas, sin ñoñerías y con notable carga de profundidad.
Arcand, el director de cine por antonomasia del Canadá francófono, activista social en su país y muy crítico con los políticos de su país y del estado, muestra dos lados de una misma moneda. Un grupo de profesores universitarios, uno de ellos gay, en pleno retiro profesional-campestre prepara una cena con larga sobremesa mientras sus compañeras-esposas se relajan en una sauna. Llegado el momento, todos ellos se reúnen para seguir hablando de lo que hablaban: de su percepción del amor, de las relaciones sexuales, del compromiso. Sobre ellos mismos.
Pinceladas de humor negro, sátira inteligente y vitriolo a partes iguales conforman este testimonio de cómo éramos en los 80, qué pensábamos, cómo actuábamos y cuáles eran nuestros terrores más íntimos. Uno de los personajes dice en la película que “el amor de verdad, el que hace que corazón lata con fuerza, dura dos años en el mejor de los casos; lo que viene después es el compromiso”. A vueltas de esta sentencia transcurre El declive del imperio americano, una comedia en la que no faltan ni la traición ni el engaño.
El declive del imperio americano tuvo su continuación en Las invasiones bárbaras (2003, Denys Arcand), una película, dicho sea de paso, extraordinaria.