EL PADRASTRO (The Stepfather)
Director: Joseph Tuben. 1986. EE.UU. Color
Intérpretes:
Terry O’Quinn, Jill Schoelen, Shelley Hack, Charles Lanyer, Stephen Stellen, Stephen E. Miller, Robyn Stevan, lindsay Bourne

Jerry Blake es un hombre psíquicamente obsesionado con un ideal de vida perfecta, una casa de lujo, una mujer preciosa y niños encantadores. En una ciudad tranquila cerca de Seattle, se casa con Susan y se convierte en el padrastro de Stephanie, la hija de 16 años de Susan. Todo va bien hasta que Stephanie empieza a sospechar de Jerry y cree que éste es el hombre que mató a toda su familia hace un año y nunca fue atrapado. Las dudas se van confirmando poco a poco.

La película empieza con un máximo con más suspense: Un plano fijo nos muestra como un tipo con pinta de vagabundo manchado de sangre empieza a cortarse el pelo, se afeita la barba y cambia sus gafas por unas lentillas. Tras el cambio se nos muestra a una persona totalmente diferente, más parecida a un abogado que al vagabundo del principio. Posteriormente abandona la casa, la cual, está llena de cadáveres, silbando tranquilamente y demostrando que lo que acaba de hacer no le importa lo más mínimo.
Un año después tiene nueva familia al unirse a una mujer con una hija. A partir de ahí, se sabrá algo más de su vida: Se llama Jerry Blake y trabaja como agente inmobiliario.
El problema de Jerry reside en que a pesar de que busca formar la familia perfecta, siempre hay algo que le sale mal, y acaba matando a todas las familias que le da por formar, porque está completamente loco.
De esta forma se podría resumir la historia de El Padrastro, que no duda en seguir el rastro de la sangre y la violencia en busca de una familia que lo haga feliz.
En contra de lo que pueda parecer el argumento, es uno de los puntos fuertes de este filme. Un ejemplo es la escena en la que Stephanie indaga en el pasado de su padrastro, a pesar de toda la información que en ese momento se obtiene, no resulta un lastre para entender la película, sino que encaja perfectamente con el principio, pero sobre todo con el final de la película.
Otra de las cosas buenas de El Padrastro son las actuaciones. Todas ellas son buenas, pero en especial caben destacar la de Stephanie, la hija de 16 años interpretada por Jill Schoelen. Algunas de sus escenas como la confrontación con su padrastro y la escena del baño son fantásticas. Asimismo, la de Terry O’Quinn también está a gran altura.
En su contra, destacaría el aspecto a telefilme que tiene toda la película, la ausencia de buenos sustos, (los que hay son debido a subidas de música), y la falta de gore, o al menos violencia explícita.
La dirección corrió a cargo de Joseph Rubens, que años más tarde volvió a reincidir en el tema de la psicopatía familiar con El buen hijo (1992) donde Macaulay Culkin hacia de niño psicópata asesino bajo un rostro angelical.
Terry O’Quinn también intervino en otra película “de culto” gracias a protagonizar este filme y su secuela se convirtió en un mini-mito de culto, actualmente se le puede ver en la serie de TV “Perdidos”.
A pesar de fundar una saga, el filme no es nada excepcional, destaca por lo curioso de su planteamiento argumental, y posiblemente si se hubiese estrenado hoy día quizá no habría tenido el más mínimo éxito.

Buena peliícula de suspense, El padrastro, una película injustamente olvidada de un psicópata que, sin embargo, se sale de lo habitual.
En primer lugar, el guión viene firmado por dos “expertos” de la novela negra americana como son Donald Westlake y Brian Garfield, y ya es realmente genial. La dirección de Joseph Ruben (que luego retomaría la premisa cambiando padre por hijo en El buen hijo) pero aparte del guión, la responsabilidad de que sea, para mi, un peliculón, es la interpretación de Terry O’Quinn, un desconocidísimo actor secundario hasta que llegó la televisiva “Perdidos” a recuperarlo, y que además, protagonizó una secuela.
Un hombre despedaza a su familia, mujer y tres hijos. La mujer era viuda, y los niños no eran suyos. Cambia de aspecto y nombre y se marcha a otra ciudad, donde entra en otra familia rota compuesta por Susan y su hija, Stephanie, que no traga con su nuevo padrastro y acude a un psiquiatra. Si, ya lo sé, nada del otro mundo, y es que los telefilmes de sobremesa de Antena 3 han desarrollado esa premisa en cientos de películas, hasta la náusea.
Pero el tratamiento que se le da a este asesino es sencillamente genial. Él solo quiere una familia perfecta, con una buena mujer y unos hijos adorables, una familia de “portada”. El tipo vende casas, o como él dice, vende “el sueño americano”. Uno acaba deseando que las cosas le salgan bien esta vez, que no se le crucen los cables, porque pese a sus violentos asesinatos, este cabrón tiene algo que la mayoría no tiene: se hace de querer.
Sin embargo, su forma de hacer frente a los problemas es que, cuando una familia le decepciona, los mata a todos, cambia de identidad y busca otra. Pierde la cabeza. Tanto si, como sucede en la primera imagen del film, recoge unos juguetes tirados por el suelo y los guarda escrupulosamente ante los cadáveres amontonados de su última familia asesinada, o sus arranques de violencia (el psiquiatra, las escenas del sótano) componen un personaje con “personalidad”. Es un tipo con ideales, con motivaciones (aunque no sepamos nada de su pasado) muy puritano.
Como ya nos han saturado con películas que copian es esquema, dejándose todo su encanto, no creo que sea una sorpresa para nadie que al final se descontrole e intente matar a Susan y Stephanie… Una pequeña joya de suspense, muy bien hecha, pero bastante desconocida. Eso sí, hasta la tenemos en DVD aquí.
Hay dos secuelas:
El padrastro 2 que sigue contando con Terry O’Quinn y mantiene parte de su encanto, junto a un reparto formado por Meg Foster y Jonathan Brandis (descanse en paz) en el que el padre asesino vuelve a hacer de las suyas, conserva el estilo aunque pierde parte de la coherencia y el realismo que la anterior si tenía…
El padrastro 3, el día del padre es, en cambio una basura televisiva, ya sin el genial O’Quinn (el personaje se hace la cirugía estética) y que sólo vi una vez, en vídeo…
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