EN COMPAÑÍA DE LOBOS (The Company of Wolpes)

Película estrenada entre 1983-1986

Director: Neil Jordan. 1984. G.B.-EE.UU. Color

Intérpretes: Angela Lansbury (abuela), David Warner (padre), Sarah Patterson (Rosaleen), Stephen Rea (mozo), Micha Bergese (cazador), Graham Crowden (sacerdote), Brian Glover (chico), Kathryn Pogson, (novia) Terence Stamp (El Diablo), Georgia Slow (Alice), Tusse Silberg (madre), Dawn Archibald (bruja), Danielle Dax (chica lobo)

Rosaleen ha tenido su primera menstruación. Temerosa de lo que eso significa, se refugia en su habitación, en sus sueños: vive en un mundo de cuento de hadas, pero bestias monstruosas acechan en el bosque si te apartas del senderoy tras presenciar la muerte de su hermana bajo las garras de un lobo, la joven Rosaleen regresa a casa de su abuela, lugar donde ella acostumbra a contar historias a cerca del hombre lobo y del peligro que entrañan los hombres a los que las cejas se les unen en una sola.

En compañía de lobos fue el lanzamiento mundial de Neil Jordan, después de la curiosa pero irregular Danny Boy (1982), y la confirmación de su maestría en la realización. Se trata de una muy ambiciosa película, con una intrincada estructura donde se superponen historias, al modo de las muñecas rusas, y que tiene referentes literarios como El manuscrito encontrado en Zaragoza (1964, Jan Potocki), en el original de Angela Carter son historias independientes.

La película supone, ante todo, una metáfora sobre el despertar sexual de una adolescente, y sus temores con respecto al hombre. Así, el macho de la especie humana es comparado a un lobo (aquí, el hombre es un lobo para la mujer), una bestia que sólo se rige por los instintos más primarios. Ello no significa que se trate de un filme de feminismo radical. Todo transcurre en el subconsciente de una adolescente que se enfrenta a un nuevo mundo, y los temores que ello le suscita. Su muy anticuada abuela le aconseja sobre los hombres, sobre “no apartarse del sendero”, esto es, la rectitud. De esa forma, ante una muchacha, el sexo es representado de una manera animal, sucia (“¿te hace daño cuando…?; hacéis esos ruidos…”, inquiere Rosaleen a su madre con respecto al acto sexual entre sus progenitores). Así, el filme está plagado de metáforas visuales, donde prepondera la imaginería animal por encima de todo; raro es el plano donde no se muestra una araña, un sapo, un lobo… Significativo, con todo, es el momento en que Rosaleen sale al bosque con el muchacho de la aldea que la pretende: la ascensión por el fálico tronco supone su crecimiento interno, su llegada a su condición de mujer, de ahí que en lo alto de la copa descubra un nido con huevos -símbolo de la fertilidad-, en el interior de los cuales halla… la imagen de un bebé (ese símbolo de la fertilidad se repite en el cuento del marido que sale a orinar y no vuelve: los recién casados hallan en su cama un erizo, símbolo de la fertilidad según la tradición celta, ritual por el cual han efectuado la ceremonia de la boda).

Finalmente, Rosaleen asume su nueva condición de mujer: una vez conoce al lobo -al hombre- ya no lo teme, y lo considera un igual. Llegada su edad adulta, los juegos se desvanecen, los juguetes se pierden -así como la abuela, que se parte como una muñeca de porcelana: al fin y al cabo, sólo era un producto de su subconsciente, las barreras auto-impuestas-, y Rosaleen, al fin, puede despertar de su letargo, como la Bella Durmiente. Los lobos del bosque han desaparecido; ahora, hay que vivir.

Hoy día, decir que una película es “onírica” es caer en clichés muy manidos. Sin embargo, en este caso concreto el adjetivo tiene pleno sentido. En compañía de lobos está basada en cuentos cortos de Angela Carter, una interesantísima escritora que dedicó parte de su obra a la revisión “adulta” de cuentos populares infantiles, ya desde una perspectiva conscientemente psicoanalítica.

Fiel a esto, la película está preñada de simbolismo: es una fábula sobre el ¿doloroso?, ¿frustrante?, ¿apasionante?, paso femenino a la adolescencia, sobre la sexualidad femenina y la masculina, sobre el poder de los instintos, sobre la eterna lucha naturaleza frente a sociedad… Se puede interpretar la historia (y sus sub-historias) a varios niveles, y cada imagen, objeto, personaje… se puede ver como un símbolo, a menudo polisémico

La película salió a la luz en una época donde el tema de la licantropía estaba en alza, pero coetáneas como Aullidos (1981) o Un hombre lobo americano en Londres (1981) incidían en el género de terror (si bien la segunda en clave de humor negro), y por tanto los efectos especiales y el suspense cobran una importancia de primer orden,

En compañía de lobos es una fábula alegórica (o una colección de ellas) y como tal debe verse, de lo contrario es difícil disfrutarla: los efectos son bastante simples, y el tiempo les ha pasado por encima. Aunque, también hay que decirlo, visualmente es una película fascinante y bellísima, con un aire a Cocteau diría yo.

Para mí, la mejor película de Neil Jordan: un director irregular pero, en mi opinión, infravalorado.

Una película apasionante y maravillosa, sin duda, una de las mejores en su género en los últimos 25 años. Con resonancias, que hace muy propias de forma encantadora, de “Caperucita Roja”, “Alicia en el país de las maravillas” o todo lo concerniente a los cuentos de hadas, construye Neil Jordan una obra maestra hilvanada sutilmente a modo de “sketchs” o pequeñas historias que acaban por formar un conjunto sólido y sugestivo.

En compañía de lobos trata de forma magistral todo lo referente al mito, entre mágico y maléfico, del lobo. Jordan extrae dentro de una logradísima atmósfera fantaterrorífica, lirismo y una reflexión lúcida acerca de la distancia real que existe entre la humanización del animal, de lo salvaje, lo cruel y peligroso, por un lado, y la animalización de lo humano, supuestamente racional, ingenuo, inocente y refinado, por otro.

La película está regada de referencias simbólicas y consigue sublimar acertadamente los objetos por encima de los sujetos: el bosque, el calor del fuego y las historias de la abuelita, las leyendas, el peligro del sendero, las cejas juntas… Así pues, un filme memorable, bastante único en su especie, rematado por unos estupendos efectos visuales y especiales, y un refinamiento magnífico en la puesta en escena y en su diseño de producción.


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