ENTRE TINIEBLAS

Película estrenada entre 1983-1986

Director: Pedro Almodóvar. 1983. España. Color
Intérpretes: Cristina Sánchez Pascual, Laura Cepeda, Miguel Zúñiga, Julieta Serrano, Marías Paredes, Mary Carrillo, Carmen Maura, Lina Canalejas, Manuel Zarzo, Chus Lampreaba, Marías Tejada, Eva Siva, Cecilia Roth, Rubén Tobías

La trama se sitúa en un convento donde las monjas son lesbianas sadomasoquistas que trafican y toman drogas, escriben novelas eróticas, crían un tigre en el jardín trasero, e idolatran a las más pecadoras de la historia. Cuando su amante muere de sobredosis, Yolanda, cantante de un club nocturno, se arriesga a escaparse y se retira en el convento que una extraña pareja de monjas le recomiendan visitar. Allí ella encuentra cobijo y cuidado gentil, mientras llega a conocer un mundo hecho de contradicciones, hábitos inusuales y mentiras, totalmente diferente de la imagen que tenía de las comunidades religiosas. Incluso la abadesa Julia se enamora de ella, como ha hecho con cada chica que ha vivido allí en el pasado.

Entre tinieblas, la tercera película de Pedro Almodóvar (cuando aún eran películas de Almodóvar y no filmes), es una obra de encargo. Quiero resaltar este aspecto, y aunque no voy a extenderme en las condiciones en que se gestó, si merece la pena apuntar, por su relevancia en el film, que uno de los requisitos era que Cristina S. Pascual, mujer del productor, interviniera como actriz protagonista. Creo que por ello Entre tinieblas es un filme globalmente fallido y extraño, no tanto por la naturaleza de sus imágenes que a ratos si basculan entre lo psicodélico y lo bizarro, sino por el desarrollo que sufre la trama, algo que a mi juicio es lo que hace perder enteros a esta película y que tiene que ver con lo expuesto anteriormente.
La película empieza con una historia algo manida pero no por ello menos atractiva que fácilmente puede identificarse bajo los parámetros de cine negro y que es deudora de más de uno y más de dos clásicos americanos, eso sí, siempre con algún que otro referente de lo que posteriormente llamaríamos típico de Almodóvar o por el estilo. Es entonces cuando el cineasta sitúa a su protagonista en el convento de las Redentoras Humilladas y es entonces cuando el filme deambula sin demasiado criterio entre el retrato de la vida de esas monjas y la trama iniciada al principio, la que involucra a Yolanda, la cantante interpretada por Cristina S. Pascual. Y este deambular de una historia a otra hace que Almodóvar no concrete ninguno de los dos asuntos que ha comenzado y se dedique, por momentos con golpes de gran lucidez, a divagar sobre todos los personajes que aparecen en la trama. Esto es algo que sin duda cualquier espectador podrá detectar con facilidad, pero lo grave es quizá cuando esa Yolanda a la que Almodóvar ha otorgado la capitanía del film, a pesar de no estar del todo mal interpretada, debe mantener el tipo interpretativo ante Julieta Serrano, Chus Lampreaba, Carmen Maura o Marisa Paredes, casi nada. La opción del cineasta es, y creo que también está latente en las imágenes, intentar amortiguar el mal inevitable otorgando un mayor protagonismo a las monjas no tanto en tiempo de pantalla, que también, sino en entidad dramática que al fin y al cabo es lo que importa.

Por ese motivo Entre tinieblas pierde el rumbo inicial marcado por Almodóvar desde el principio y eso podría decirse incluso que es positivo, pero la obligatoriedad que supone el haber iniciado un camino convierte al filme en interesante sólo a ratos. Allí dónde el cineasta manchego se siente más a gusto, con el retrato de personajes muy particulares, Entre tinieblas se erige con rotundidad como una de las mejores películas de la primera (y alocada) etapa del cineasta, pero cuando este retoma el cauce argumental planteado al inicio, cuando es Yolanda la que debe tirar del carro, nos encontramos a un Almodóvar que no sabe maniobrar con los márgenes que el mismo se ha impuesto. Uno diría que hasta el propio cineasta es consciente de ello viendo como resuelve la trama durante las secuencias de esa curiosa fiesta que ejerce de clímax. Por un lado despacha a su personaje protagonista con algún que otro recurso facilón e incongruente, pero por otro sí que detiene su mirada, que incluso se muestra tremendamente comprensiva y contenidamente melodramática sobre todo el grupo de monjas; aprendí a coser para estar más tiempo a tu lado (sic) le dice el párroco a una de las monjas en un magnífico plano.
En contra de lo que pueda parecer, Entre tinieblas no es un filme anti-católico ni lleva consigo ningún tipo de crítica contra la institución eclesiástica, el filme es una gran metáfora bizarra, personalísima y a ratos gratuita, sobre el concepto de sacrificio y ambición. En todo caso, las críticas más serias y justas se las llevan la representante de la rancia aristocracia con olor a naftalina, esa clase obrera de corte maquiavélico y en última instancia la Madre Superiora, aunque en su caso, el hecho de perder a Yolanda, quizá no sea tanto una crítica al uso sino una consecuencia lógica de su desmedida ambición. Porque no se debe pensar, o eso creo, que los nombres de esas Redentoras Humilladas son peyorativos de por sí (Sor rata de callejón, Sor perdida, Sor víbora, Sor estiércol), bueno, evidentemente si se sacan de contexto sí que lo son, pero representan en el fondo, como la propia Madre Superiora dice, la expresión de sacrificio y humillación en la que ella(s) cree(n). ¿Acaso no hay tipos más extraños que se flagelan hasta el desmayo?
Me parece clave resaltar, a propósito de la idea de sacrificio, el encadenado de planos, supongo que polémicos en su época, que muestran a la Madre Superiora encarnada por una magistral Julieta Serrano inyectándose heroína. A nivel de concepción puesta en escena, la valentía de Almodóvar es evidente sobre todo cuando su renuncia a sugerir y en consecuencia mostrar de modo directo esa acción, responde y resume claramente lo que exponíamos acerca del sacrificio. Más cuando ese pico sirve para demostrarle a Yolanda, como acto de amor y entrega total, que esa heroína no está adulterada. Es sólo ahí cuando todo adquiere un nuevo significado y la supuesta crítica que podría desprenderse desaparece por completo y el hecho de que una monja se drogue deja de ser escandaloso para convertirse en coherente. Eso sí, no negaremos que las fugas cómicas a propósito de los ácidos que toma Marisa Paredes y sus consecuentes visiones (o alucinaciones para el resto) son tremendamente graciosas y si pueden inducir a otro tipo de lecturas que aunque bien podrían ser validas, son muy secundarias.
Preparando este artículo leía unas declaraciones del cineasta que insistía en la inexistencia de Dios en el convento, que estas monjas hacen lo que hacen más allá de la presencia de Dios. Eso es precisamente lo que hace que Entre tinieblas supere esa dimensión católica y pase a convertirse en un film, mal hilvanado, sobre un tema mucho más general. Y en todo caso es un buen paradigma, sin llegar a los extremos del marqués de Sade de confundir libertad con libertinaje, el que proponen estas Hermanas Redentoras, mediante el contacto con la realidad inmediata la iglesia podría ayudar a solventar muchísimos problemas, algo que salvo excepciones notables y admirables jamás ocurre. Y es que cualquiera baja de su atalaya, ¿no?
Paso a paso Almodóvar se fue labrando una carrera en el campo de la dirección y hoy podemos afirmar que ha llegado a una esplendida, casi magistral, madurez. Con filmes como Entre tinieblas, donde si se nota una evolución formal respecto a propuestas anteriores, Almodóvar fue configurando un mundo particular e intransferible, creo que guste o no se debe respetar por su sinceridad y en el caso de Entre tinieblas no defrauda. A pesar de ser un encargo.

Almodóvar siempre ha querido escandalizar y, en este caso concreto, consiguió sacar de quicio a la España más conservadora y carca. Lo hizo a través de la irreverencia religiosa más folklórica y desde un convento muy peculiar, regentado por una monja desviada y enganchada al jaco, en el que se redimía una bolerista toxicómana.
Religión, lesbianismo y drogas son el eje central de Entre tinieblas. Un atisbo de surrealismo envuelve toda la historia, y más si tienen en cuenta que una de las monjas, Sor Perdida, la interpretada por Carmen Maura, disfrutaba cuidando de una especial mascota, un feroz tigre encerrado en una jaula.
El realizador nos la vendió como un melodrama a lo Douglas Sirk, en el que sólo faltaría Sara Montiel. En realidad solo se acercaba al género al tratar el oscuro pasado de la cabaretera protagonista. La película funcionaba perfectamente en su primera parte, aunque acababa aburriendo una vez entraba en sus habituales reiteraciones, mientras que su puesta en escena y realización mejoraban respecto a sus dos trabajos anteriores.
Julieta Serrano, Carmen Maura, Chus Lampreaba
(Sor Rata de Callejón)
y
Cecilia Ruth repetían, aunque ésta última en una breve intervención. Marisa Paredes, en el papel de Sor Estiércol, se sumaba en esta ocasión al grupo de “chicas Almodóvar”, al tiempo que el propio realizador tenía su pequeño caneo en el interior de un autobús.


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