MANHUNTER (Manhunter)
Director: Michael Mann. EE.UU. 1986. Color
Intérpretes: William Petersen (Will Graham), Kim Greist (Molly Graham), Joan Allen (Reba McClane), Brian Cox (Dr. Hannibal Lecktor), Dennis Farina (Jack Crawford), Tom Noonan (Francis Dollarhyde), Stephen Lang (Freddy Lounds).


William Graham, agente del FBI retirado que posee una especial habilidad para penetrar en la mente de los asesinos, es requerido por su antiguo jefe, Jack Crawford, para reincorporarse y detener a un “asesino en serie” que sólo ataca los días de luna llena. Con el fin de intentar comprender las motivaciones del impredecible psicópata, rinde visita a un viejo conocido con el que tuvo un enfrentamiento en el pasado que le causó graves secuelas: el Dr. Hannibal Leckter.

Es evidente que Michael Mann tenía mucho terreno ganado al tomar la inteligente decisión de adaptar la magnífica novela “El Dragón Rojo”, de Thomas Harris, un material literario que ya de por sí aseguraba, en términos normales y salvo despropósito mayúsculo, un producto cinematográfico de cierto nivel. Y las previsiones no fueron desacertadas, pues el realizador de la magnífica Heat (1995) tuvo la habilidad suficiente para crear un “thriller” psicológico adulto y sugestivo, desencantado y subyugante, centrado en los avatares de una compleja investigación policial recreada con toda minuciosidad y, fundamentalmente, en la introspección en la personalidad de un agente atormentado en constante lucha interna consigo mismo.
A pesar de que el cine de Mann ha sido acusado, en repetidas ocasiones, de efectista, exhibicionista y vacío, en este caso es innegable que siempre opta por eludir la muestra de elementos escabrosos o truculentos, permitiendo que la mente del espectador se encargue de imaginar el horror de los crímenes cometidos por un “asesino en serie”
(desasosegante composición de Tom Noonan), perturbador y temible ya desde su primera y tardía aparición en pantalla en una escena de tensión e inquietud ejemplares coronada por una resolución impactante a la par que sorpresiva. Así pues, lo único que presenciaremos son los macabros escenarios de los crímenes y las consecuencias de las inenarrables atrocidades y aberraciones de este enfermo mental, de modo que la contención domina la mayoría de la historia, algo que se agradece –estoy seguro− el espectador.

Sin embargo, resulta más interesante, al fin y al cabo, seguir el torturado recorrido del héroe de la función, un agente del FBI retirado con pasado tormentoso y problemas psicológicos que vuelve a su trabajo para atrapar al criminal de marras. Para obtener alguna pista que encauce su camino, deberá visitar a un viejo conocido al que detuvo él mismo, el inquietante Dr. Lecktor (que no Lecter), interpretado con una brillantez asombrosa por parte del británico Brian Cox en los breves momentos de los que dispone, ya que la participación de su fascinante personaje se sitúa en un plano muy secundario, casi anecdótico. Tanto es así, que suscita la amarga sensación de saber a poco, de haber sido un filón un tanto desaprovechado teniendo en cuenta las enormes posibilidades de tal papel (como después se demostraría en la exitosa El silencio de los corderos (1991). De todos modos, nuestro psiquiatra caníbal tampoco posee una presencia excesivamente relevante en la novela; sólo es un elemento que contribuye de alguna manera en la investigación policial, asumiendo mayor protagonismo en la siguiente novela de Thomas Harris, “El silencio de los inocentes”, donde se erige definitivamente en rey del relato.
Pero volvamos al personaje principal, encarnado por un acertado William Petersen, el hombre que nos transmite reflexiones apasionantes sobre la ambigüedad del ser humano y la fina línea que separa la cordura de la locura. Este policía posee la cualidad de comprender las acciones del psicópata, estando muy cercano a sus pensamientos, sumergiéndose en la mente del “psycho-killer” (asesino loco) para averiguar sus motivaciones. Especialmente significativas son las escenas del supermercado donde confiesa a su hijo que llegó a dejarse arrastrar por el lado oscuro y aquellas que comparte con el Dr. Lecktor, el lúcido psiquiatra que plantea interesantes teorías sobre el ánimo de los asesinos por emular la crueldad del propio Dios para asemejarse a él.
Por otro lado, una de las virtudes más estimables de este infravalorado filme es la sensacional labor en la fotografía del gran Dante Spinotti, habitual y fiel colaborador de Mann, al reflejar de forma absorbente una estética estilizada, elegante, cuidada y cromática, haciendo uso de colores saturados y de una iluminación que acentúa cada situación que es menester. Este aspecto visual confiere a la película la capacidad de motivar convenientemente al espectador, mostrándole el blanco impoluto y aséptico de la celda del Doctor Lecktor, el rojo intenso de la sala de investigación científica, el plácido azul relativo al mar y el cielo..

Asimismo, considero importante destacar el eficaz y sobrio trabajo de cada uno de los excelentes actores que integran el reparto: William Petersen, Brian Cox y Tom Noonan, ya mencionados, y también Dennis Farina, que da vida a Jack Crawford, y Joan Allen, la mujer ciega que, por cierto, interviene en una escena de gran belleza acariciando a un tigre sedado.
No obstante, no es menos cierto que Hunter se encuentra lastrado por varios defectos que, a mi entender, no impiden que podamos considerarlo como uno de los mejores “thrillers” de los 80. A saber: La discutible selección musical “ochentera” que, si bien resulta muy efectiva en el clímax final e incluso logra tener un efecto climático, es un tanto cansina e inadecuada en ciertos pasajes; algún que otro bajón de ritmo que perjudica sensiblemente el suspense y la tensión tan bien creados en determinados instantes; el ligero aroma a telefilme que cabe percibir del otrora realizador de la serie Corrupción en Miami; y el exagerado énfasis en las diatribas psicológicas y morales del protagonista relegando a un segundo plano otros frentes abiertos.
En definitiva, éstos son algunos de los defectos que, por fortuna, Michael Mann solventaría con posterioridad en la ya citada Heat, cumbre absoluta de la filmografía del autor.

El agente federal Will Graham (William L. Petersen) se ha retirado con su familia a Florida, tras la resolución de un caso que le ha enfrentado el Dr. Lecktor (Brian Cox) a costa de su salud mental. Su superior, Jack Crawford (Dennis Farina) se ve obligado a recurrir al agente cuando un psicópata empieza a masacrar familias en las noches de luna llena. Graham es único para calar en las motivaciones de los asesinos en serie y contribuir así a su detención…
Hasta la repercusión creciente de El último mohicano (1992), Heat (1995), El dilema (1999) o Collateral (2004), Michael Mann era conocido en España sobre todo como productor y guionista de “Miami Vice” serie televisiva que se prolongó a lo largo de cinco temporadas y 111 episodios, popularizando entre nosotros al actor Don Johnson y una estética propia de los 80 que hizo estragos.
Ahora que Mann ha anunciado la versión para la gran pantalla de “Miami Vice”, que protagonizarán Colin Farrell, Jamie Foxx y Gong Li, la oferta en grandes almacenes de Manhunter (1986), en DVD por 6 euros, brinda la oportunidad de revisar uno de sus primeros esfuerzos como director cinematográfico. Y más, considerando también que la película adapta “El Dragón Rojo”, primera novela de Thomas Harris en la que aparece Hannibal Lecter, personaje convertido posteriormente en franquicia por el productor Dino De Laurentiis y el actor Anthony Hopkins.
Manhunter, se ha ganado en EE.UU. cierta repercusión crítica pasado el tiempo. En Madrid se estrenó con dos años de retraso, y sólo en un par de salas que exhibían una copia recortada en treinta minutos. Posiblemente, la película se adelantó a su época.
Desde luego, lo primero que sorprende de Manhunter es la brillantez de la realización y la fotografía (Dante Spinotti). Mann aparece acreditado como operador de cámara junto a Enrico Lucidi. El uso del formato panorámico (2.35:1 en DVD); la gélida pasión, valga la paradoja, por la arquitectura, lo urbano y la noche, elementos ajenos a los personajes −como demuestran el apartamento de Dollarhyde (Tom Noonan) o la celda de Lecktor, escenario que en la realidad corresponde a un museo de arte en Atlanta-; son características de su cine ya presentes en este film, que parece rodado hoy mismo.
Por desgracia, no puede decirse lo mismo de la banda sonora, estridentemente coyuntural. Klaus Schulze y Michel Rubini en este caso, como Jan Hammer en “Miami Vice ” de TV o Tangerine Dream en La Guarida” son muestra caducada del abuso de lo electrónico en la música cinematográfica de hace dos décadas.

Por otra parte, como responsable en solitario del guión, Mann lleva a su terreno la novela de Harris. La maldad de Lecktor (no Lecter, curiosamente), o los crímenes del Dragón Rojo, no proporcionan el espectáculo de la crueldad a que nos acostumbrarían después Seven o Hannibal. Al director de Ali (2001) le interesan más las luchas de caracteres a uno y otro lado de la ley, entre ellos o con sus propios fantasmas; el anhelo de proteger la pareja, como refugio asediado por las actividades de sus protagonistas; y el retrato minucioso de tales actividades como muestra de admiración ante el trabajo bien hecho. Graham, como Dollarhyde y Lecktor, como Vincent Hanna (Al Pacino) y Neil McCauley (Robert De Niro) en Heat, como Hawkeye (Daniel Day Lewis) en El último Mohicano, como Vincent (Tom Cruise) en Collateral, como Jeffrey Wigand (Russell Crowe) en El Dilema, añoran una “normalidad” que contradicen conscientemente con sus decisiones vitales y su entrega a la causa que les ocupa.
Elegante, a veces pretenciosa (defecto habitual en su autor), rematada con un desenlace violento mal rodado, Manhunter demostraba ya en aquel entonces que Michael Mann posee una mirada propia, a veces superficial y contradictoria, pero inconfundible. Nada que ver con El Silencio de los Corderos, Hannibal y El Dragón Rojo, películas que, más allá de virtudes y limitaciones particulares, constituyen una saga cuyo único sentido es el de la rentabilidad económica.
Sólo así cabe entender que Dino De Laurentiis se haya embarcado en una nueva secuela, Behind the Mask, ¡que contará los años mozos de Hannibal Lecter! Con guión del propio Thomas Harris y dirección de Peter Webber…
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