CUANDO HARRY ENCONTRÓ A SALLY (When Harry Met Sally)

Película estrenada entre 1987-1989

Director: Rob Reiner. 1989. EE.UU. Color

Intérpretes: Billy Cristal, Meg Ryan, Carrie Fisher, Bruno Kirby, Steven Ford

La comedia americana de los 90 (Woody Allen aparte) tuvo aquí su mejor y más entrañable exponente. Meg Ryan y Billy Cristal se embarcan en una relación que les llevará por diferentes etapas a través de los años en este encantador filme sobre la amistad, la guerra de sexos y la vida misma. La química entre los dos protagonistas no ha sido superada por comedia conocida desde la fecha, y el famoso gag del orgasmo ni tan siquiera es lo mejor de un brillantísimo guión de una comedia imprescindible.

Un verdadero oasis dentro del desierto de mediocridad que suele ser la comedia romántica actual.

Pel√≠¬çcula ágil, inteligente, divertida y romántica, que tal vez marcó un antes y un después en su género gracias, fundamentalmente, a unosi ingeniosos y brillantes diálogos y a la difícilmente superable química de su pareja protagonista.

Esa historia de amor con la que todo el mundo sueña, pero que muy pocos tiene el valor de intentar hacer realidad.

Parte de una situación cotidiana, de un trance por el que muchos habremos pasado o habremos de pasar, como es enamorarnos de nuestro/a mejor amigo/a; una visión realista de los sentimientos que pueden surgir entre dos personas y de las dificultades que eso conlleva de por sí, sin necesidad de artificiosos obstáculos ni dramáticas situaciones que salvar.

La amistad y el amor pueden llegar a complicarse y confundirse una vez que entra en juego el deseo, y cuando eso ocurre, y la fina barrera que separa estos sentimientos se derrumba, todo puede ocurrir; perder a tu mejor amigo/a, o conseguir al amor de tu vida.

Y en ese juego, de amistad, amor y miedo a sus consecuencias se centra esta historia en la que cualquiera puede verse reflejado.

Una pequeña obra maestra que, si se consigue hacer propia, nos acompañará el resto de nuestra vida.

Es la típica película que mezcla humor con romanticismo. Se ha transformado en un clásico que perdurará como símbolo de las idas y vueltas que el amor tiene. Refleja de manera interesante los conflictos que devienen en la relación de pareja y todo esto llevado adelante con un toque de humor muy sobrio que sólo maquilla por fuera la esencia romántica del filme. Cuenta con sobresalientes actuaciones, las cuales vienen coronarse a mi entender en lo mejor del filme. Desde lo discursivo apunta directamente a demostrar lo dificultoso que resulta descubrir el amor ideal con el cual compartir los momentos de la vida. No aporta mucho más de lo que dije y sin lugar a dudas que no es una obra maestra ni nada parecido como para algún tipo de premiación. A mi criterio, fue sobrevalorada en su momento y sólo atiende a las exigencias del público femenino que requiere de estos pasatiempos de diversión melodramáticos. En definitiva, para disfrutar de las actuaciones en los protagónicos y para pasar el rato envuelto en situaciones harto complicadas del caprichoso sentimiento que llamamos amor.

Hay películas que no pasarán a la historia del cine, pero que se recuerdan siempre con cariño. Películas de palomitas, refresco de cola y buenos amigos. Son películas que nunca aparecen entre las mejores de todos los tiempos pero que acuden siempre a las conversaciones particulares. Son lo que podemos llamar “clásicos de segunda fila”. Normalmente, se trata de películas de género, con las limitaciones que eso puede a veces implicar, pero que sobresalen de manera especial y se quedan en la mente de los espectadores. O en el corazón, si tienen suerte. Una de esas películas es, sin duda, Cuando Harry encontró a Sally (1989).

La película pertenece al género más tradicional en Hollywood: la comedia romántica. Hay cine romántico desde que el cine pretende ser arte y no sólo técnica. Este género ha pasado por altos y bajos, como es habitual, viéndose superado, según el gusto de la época, por el “western”, el cine de catástrofe, de terror… pero es el género por excelencia de los tiempos contemporáneos. En los 90 el cine romántico ha reinado sobre todos los demás, posiblemente por tratarse de una época marcada por un desencanto que buscaba alivio en las salas de cine. El camino lo marcó Cuando Harry encontró a Sally. En principio es una fórmula sencilla: chico conoce a chica, nada nuevo. Pero llevada y resuelta con especial acierto la cosa más sencilla puede parecer genial.

Estamos ante dos grandes aciertos: lo primero, y decisivo, un tema que pueda ser identificable y que haga pensar al espectador, lo segundo -no menos importante- una sólida elección de intérpretes, en este caso Billy Cristal -habitual en las galas de los Oscars-, la entonces Meg Ryan, de limpia belleza y dos secundarios de entidad como Carrie Fisher -sí, la Princesa Leia- y Bruno Kirby. Con tan buenos ingredientes es normal que salga un plato apetitoso. Lástima que la receta se haya intentado repetir tantas veces con tan desafortunado sabor, y es que, insistimos, lo sencillo sólo se convierte en genial cuando hay verdadero talento y trabajo detrás… un par de tópicos no bastan. Ni siquiera la guionista, Nora Ephron, ha conseguido repetir un éxito semejante. Sus películas como directora intentan acercarse a la fórmula, pero de manera demasiado obvia y empalagosa: por ejemplo en Algo para recordar (1993) o Tienes un e-mail (1998).

El tema en cuestión que se ha convertido en centro de mil discusiones gira en torno a una pregunta bien sencilla: “¿pueden los hombres y las mujeres ser amigos?”. La película viene a insinuar que no, que tarde o temprano la atracción física y sexual se acaba interponiendo y arruinando
la amistad. La tesis se desarrolla en un diálogo admirable. Harry afirma: “Ningún hombre puede ser amigo de una mujer a la que encuentre atractiva”. A lo cual, Sally, objeta: “¿y de una mujer a la que no encuentre atractiva?”. Harry lo piensa y llega a la siguiente conclusión: “da igual, tarde o temprano también querrá acostarse con ella”. No es asunto de destripar toda la película, digamos que pretende ser un ejemplo de la tesis: un chico y una chica atractivos que intentan ser amigos… los resultados quedan para el que quiera verla. Acaso por verme identificado en ella, personalmente, la recomiendo encarecidamente.

Yo era un animoso adolescente cuando vi la película la primera vez. Me fascinó. No sólo por la sonrisa de Meg Ryan, que ya sería suficiente, sino por la pregunta en cuestión. Durante meses con “mi” segunda pareja y yo casi no hablábamos de otra cuestión: todos queríamos ser Harry y Sally.

Pensé mucho sobre lo que quería decir la película y qué respuesta se podía dar: primero pensé en que el problema estaba en cómo uno definiera el término “amigo”. Se puede ser amigo de alguien de muchas maneras, no hace falta que haya una intimidad absoluta como la de los dos protagonistas. Luego pensé que quizás el problema estuviera en el uso de la palabra “ser”. Si lo que se quiere decir es que los hombres y las mujeres para poder ser amigos en un momento dado tienen que “ser” amigos para siempre, es difícil de saber, la verdad. Miré a mi alrededor y vi a un montón de amigos y amigas. Inmediatamente nos pusimos a hablar otra vez sobre ello. Quince años después, aún no hemos encontrado respuesta…

Todavía, de vez en cuando, en la reunión más insospechada, alguien repara en que han vuelto a poner la película en televisión: comentamos lo desfasada que está, cóqué mal ha envejecido Meg Ryan, el exceso de “laca” que todavía se percibe en los últimos coletazos de los 80… y nos tiramos de los pelos cuando vemos a Josema Yuste intentando ser Harry en una obra de teatro. En cualquier caso es una película que quedará con nosotros durante mucho tiempo. Todo el que tardemos en encontrar una solución a la pregunta: “¿los hombres y las mujeres pueden ser amigos?”, o hasta que dejemos de preguntárnoslo.

Mi sincera opinión: Los hombres y las mujeres no pueden ser grandes amigos porque el sexo siempre se interpone entre ellos, siempre teniendo en cuenta una amplia horquilla de edad y circunstancias.


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