EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS (Dead Poets Society)

Película estrenada entre 1987-1989

Director: Peter Weir. 1989. EE.UU. Color

Intérpretes: Robin Williams, Robert Sean Leonard, Ethan Hawke, Josh Charles


Un grupo de alumnos de un estricto colegio privado descubrirán la poesí­a, el significado de “Carpe Diem” -aprovechar el momento- y la importancia de perseguir los sueños gracias a un profesor de métodos muy poco convencionales que no sólo enseña textos sino que les despierta las mentes, lo que hace que aprecien mucho a su profesor



 ”Diga lo que diga la gente, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo”.

Peter Weir no situó la pelí­cula en 1959 por casualidad. El director nació en 1944 y en aquella época debí­a de andar cerca de la misma edad que los alujnos de su soneto.

El cine se ha fijado muchas veces en la relación entre profesores y alumnos, y generalmente ha querido incidir en el acercamiento entre estos más allá del mero ámbito que los une en principio, la educación. La pelí­cula del casi siempre interesante Peter Weir se convirtió en un gran éxito crí­tico y de público gracias a la empatí­a que conseguí­a con el personaje de Robin Williams y la personalidad de algunos de los jóvenes actores que lo acompañaban.



Aunque no se puede decir que la historia y el tratamiento sean originales (profesor de ideas liberales y mente abierta que llega a un centro donde la educación y la formación intelectual de los jóvenes se interpreta y ejerce desde la tradición, las normas, el conservadurismo y la férrea disciplina… o represión), Peter Weir y su guionista consiguen captar inmediatamente la atención y complicidad del espectador, por la ruptura de ideas que supone para esos chicos la original pedagogí­a y la personalidad de un personaje bien creado por un Robin Williams afortunadamente alejado de sus habituales e insoportablemente blanditos y sensibleros papeles de payasete circense y poco más


Es una buena historia, repleta continuamente de valores humanos, sobre la libertad de elección, sobre la rotura de yugos y sobre la propia determinación.

Quizá la historia sea un tanto fácil de llevar a la pantalla, pero ésta, no destaca por esa sencillez, sino por la gran complicidad que su director Peter Weir y el actor Robin Williams son capaces de transmitir al espectador. (Creo que es la mejor interpretación de Williams, actor que no causa en mí­ entusiasmo alguno habitualmente)

Consiguen que sus alumnos, sean nuestros, que pertenezcamos a su club, y todo ello, desde diferentes perspectivas, acordes con las distintas personalidades de los alumnos.

Por su parte, Williams, consigue el suficiente desenfado y carisma para conectar con todos nosotros. Todo ello, se percibe y se ve reflejado en el emocionante final, pues observamos como el agua que maduró nuestros verdes tallos, se la lleva el viento, se la lleva el aire, se la lleva el cielo.


Creo que pelí­cula es una pequeña lección de vida a golpes de poesí­a.

“Tradición, honor, disciplina y grandeza”, son las palabras con las que empieza la pelí­cula, marcando así­ la filosofí­a de la escuela donde se desarrolla la pelí­cula. Pero pronto un profesor bombardeará esos pilares con la filosofí­a de Epicuro. Esas balas de poesí­a llevarán a los jóvenes por muy diferentes caminos que nos muestran las diferencias de la condición humana, los miedos, la timidez, la disciplina, la conciencia de uno mismo como persona, como pensador, como ser único en el mundo; los fantasmas internos, el amor… No sólo dice: “Vive el momento”, sino que nos enseña a ver con nuestros ojos y sentir el mundo donde las rosas de hoy no existirán mañana. Buena.


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