Director: Stanley Kubrick. 1987. EE.UU. Color
Intérpretes: Matthew Modine (Soldado Joker), Adam Baldwin (Madre Animal), Vincent D’Onofrio (Soldado Pyle), Arlisss Howard (Soldado Cowby)

Un grupo de reclutas se prepara en Parish Island, centro de entrenamiento de la marina norteamericana. Allí está el sargento Hartmann, duro e implacable, cuya única misión en la vida es endurecer el cuerpo y el alma de los novatos, para que puedan defenderse del enemigo. Pero no todos los jóvenes soportan igual sus métodos…

Si Senderos de gloria era un filme antimilitar, La chaqueta metálica propone una doble ración por antimilitar y antibélico. Dividida en dos partes, la primera -excelente- retrata el durísimo entrenamiento de los reclutas (una escuela del infierno donde se reduce la voluntad individual a su mínima expresión). La segunda parte -más convencional pero igual de demoledora- se ocupa de la lucha en el campo de batalla durante la guerra en Vietnam. Kubrick vuelve a proponer otra visión descorazonadora, implacable y singular de su talento y de su visión del ser humano para mostrar un feroz alegato contra la alienación del hombre como soldado y la sinrazón de la guerra. Un filme magistral despertador de conciencias.
Hay algo curioso en el cartel de la película. Podemos ver el casco con la leyenda “Born to kill” -Nacido para matar-, también aparece el pin con el signo de paz y las balas en la parte trasera del casco.
En primer lugar, el recluta “bufón” que es el famoso portador del casco, jamás utiliza el pin en el casco, lo utiliza en la chaqueta. Las balas de metralleta no las porta el recluta bufón, las porta “Animal Mother” -que intrpreta Adam Baldwin-.
El título del filme hace referencia a la envoltura metálica que llevan las balas.

Lee Ermey, el actor que interpreta al brutal sargento Hartman, era un ex-marine buen conocedor de las técnicas de adiestramiento de reclutas en el Cuerpo. Fue idea suya la de no confraternizar con el resto de los actores durante el rodaje. Nunca se veían, ni comían juntos. Sólo se encontraban en el set para rodar sus escenas. El resultado fue excelente: Los actores que interpretaban a los reclutas se ponían tan nerviosos con los gritos y aspavientos de Ermey que a veces hasta olvidaban sus frases. El asombro y el miedo que aparece en los rostros de los reclutas es real. Ermey comentaba años después del estreno que, aunque coincide de vez en cuando por Hollywood con los actores del filme, ninguno de ellos le ha vuelto a dirigir la palabra.


Cuando vi por primera vez esta película allá por 1990, en versión original, recuerdo que quedé impactado por la primera parte del filme, durante el cruento período de instrucción militar.
Solamente esta primera parte valdría para que esos mismos críticos que ensalzan obras retorcidas de dudosa calidad artística, recapaciten y consideren ya sin más esta película como la mejor película sobre Vietnam que se haya rodado jamás, si exceptuamos tal vez partes concretas de la irregular Apocalypsis Now.
Kubrick nos adentra con el mismo poderío de siempre en sus historias llenas de tormento y éxtasis.
Con una arrebatadora banda sonora llena de clásicos de los sesenta y setenta, Kubrick ambienta cada magistral fotograma de la cinta con un nuevo detalle revelador de la miseria y soledad del alma humana en contacto con la lucha fraticida más inútil de siempre: la guerra.
¿Por qué demonios escucho siempre las mismas chorradas sobre que la obra es irregular y que en líneas generales decae en una obra menor?
¿Nadie ha leído jamás un libro con párrafos, renglones y capítulos…?
Pues de eso es precisamente de lo que va esta película…. En toda guerra, en todo debate y si me apuráis en toda actividad humana siempre hay dos capítulos; la instrucción y la realización.
En ese segundo capítulo Kubrick no se dedicó a dormirse en los laureles sino que pergeñó un plan, si queréis menos efectista que en el primer capítulo, que conmocionara al público de una manera distinta, no tan impactante como en la primera parte pero igualmente conmovedora.
Para ello Kubrick se vale de una sola historia, y no mil y una batallitas como desearían los filósofos de la ortodoxia más estricta cinematográficamente hablando, que sirviera para liar la trama y desvirtuar el propósito inicial del maestro.
Lo sencillo siempre se narra sencillo, y aquí la enseñanza es sencilla, clara y concisa: la guerra mata.
Born to kill - nacido para matar- era el lema de los jarheads de aquel entonces… pero el hombre no se creó para tamaña crueldad… ¿o sí?


J.T. Davis (Matthew Modine) es un recluta americano que está siendo aleccionado para acudir a la Guerra del Vietnam.
Su instructor es el intolerante y severo sargento Hartman (R. Lee Erney).
En 1957 un joven Stanley Kubrick exponía sus convicciones antibelicistas con Senderos de gloria, una obra maestra ambientada en tiempos de la I Guerra Mundial.
Treinta años después, un veterano Stanley Kubrick ofertaba, de nuevo con un claro mensaje pacifista, su particular visión del conflicto del Vietnam con La chaqueta metálica, en una película interesante pero desigual.
Con guión del propio director, ayudado por Michael Herr y Gustav Hasford, el filme, que se aposenta en una novela de Hasford denominada “The Short-Timers”, se estructura en dos partes bien diferenciadas.
La primera es un absorbente y virulento retrato de un campamento de inexpertos marines, centrando la acción en tres caracteres desemejantes: un despótico y detestable instructor (incorporado por R. Lee Erney, antiguo marine en la vida real), un recluta regordete e inadaptado apodado “Patoso” (Vincent D’Onofrio) y el personaje central de la película, bautizado en el pelotón como “Bufón” (Matthew Modine), definido como manifestante concurrente de la locura bélica.
El propósito de deshumanización del hombre en pos de su conversión en maquinaria de matar es crudamente mostrado por su autor en el enfrentamiento crónico entre Ermey y D’Onofrio, así como en la postrera y progresiva consecuencia de enajenación derivada de los brutales métodos empleados.

En La chaqueta metálica encontramos algunos de los mejores momentos del cine de Kubrick, y eso que la película en realidad no es precisamente donde más encontramos el sello Kubrick por varios motivos. La película ante todo se sustenta en el guión, y más concretamente en unos diálogos geniales que son la mayor parte son realizados por Gustav Hasford en su extraordinaria novela “The Short Timers” que también colaboró activamente en el guión. Las imágenes están al servicio de los diálogos y de la historia y no al contrario, como suele ocurrir en el universo Kubrickiano (como 2001…). La fotografía es más floja de lo habitual en sus películas y la banda sonora es un recopilatorio de temas excelentes y donde aporta Vivian Kubrick naufraga.
Dividida en dos partes, como el libro, se ha criticado mucho a la segunda parte, aunque en mi opinión no tiene nada que envidiar a la primera, y en muchos momentos incluso la supera, porque aporta más en cuanto a sus ideas y reflexiones que la primera parte; más impactante y sensacionalista y por lo tanto más como un puñetazo que queda más en la retina.
Las interpretaciones son muy buenas (aunque Matthew Modine no esté a la altura) sobre todo de los secundarios destacando a Lee Ermey como sargento Hartman, injustificadamente apartado de la nominación al Oscar como mejor secundario.
Estamos ante una de las cinco mejores películas bélicas (en realidad antibélica) de todos los tiempos, lo cual es mucho decir en favor de la calidad de Kubrick teniendo en cuenta que Senderos de gloria es otra de esas cinco.
Se vea las veces que se vea, siempre levanta una sonrisa, un pensamiento o una angustia.

Brutal, sarcástica, genial, desagradable, emocionante, sobrecogedora. Así fue y sigue siendo la penúltima película (por desgracia para el mundo del celuloide) de uno de los mejores directores de la historia del cine, Stanley Kubrick, un magistral alegato contra la guerra de Vietnam.
La cinta, dividida claramente en dos partes, narra la historia del entrenamiento de un grupo de reclutas (primera parte) y su posterior intervención en la guerra de Vietnam (segunda parte).
La primera parte se caracteriza por el sádico entrenamiento que reciben los reclutas de su particular sargento. En menor o mayor medida, todos avanzan, menos uno, el “recluta patoso” un joven torpe y gordo que no soportará psicológicamente las brutales exigencias de su superior..
En la segunda parte Kubrick se lanza a Vietnam con su “steady cam” para narrarnos las incursiones del pelotón mediante los ojos del “recluta bufón” un periodista al que le costará mantener los ojos abiertos ante el horror de la guerra.
Ninguna de las partes es mejor que la otra. Es cierto que la segunda es más animada, más emotiva, pero en cambio la segunda profundiza más en la psicología de los soldados.
Los actores son hacen su trabajo realmente bien; Kubrick dirige con un pulso increíble, como siempre; el guión también está muy bien desarrollado, con algunos momentos inolvidables.
Por último también hay que señalar la sobresaliente banda sonora, que, al igual que en todas las películas de Kubrick, se fusiona a la perfección con la acción.
La chaqueta metálica es una película imprescindible, una clara demostración de cómo hacer buen cine y de paso darle una vuelta de tuerca al cine bélico (o antibélico según se mire).
Por cierto, ¿Han visto algo “parecido” a la primera hora de este filme? ¿Sí? ¿Dónde? ¿En qué filme?