Director: Brian Yuzna. 1989. EE.UU. Color
Intérpretes: Billy Warlock, Connie Danese, Ben Slack, Evan Richards

Bill Whitney vive con sus padres y su hermana Jenny en una lujosa mansión de Beverly Hills. Su existencia, a primera vista, parece de ensueño para cualquier chico de su edad. Es el primero de la clase y también es el mejor deportista y su novia es la muchacha más bonita.

Por la fecha de producción, Society puede considerarse tanto un resumen como un punto y final de una manera de concebir el cine fantástico durante los años 80. Década marcada por la popularidad de los efectos especiales de maquillaje, los cuales se convirtieron en los auténticos protagonistas de muchos filme, y de los nombres de aquellos artistas que llevaron su especialidad hacia territorios inexplorados es los cuales la pirotecnia expositiva y la sugerencia poética no estaban reñidas. Así pues, son años marcados por lo explícito, por la mostración frontal y carnal del horror (y sus consecuencias): la fisicidad del terror se imponía a la esquiva ambigüedad de lo sugerido. Inevitablemente, los 80 quedaron marcados por los remakes más violentos y salvajes vistos hasta el momento: filme como La cosa, La mosca o El beso de la pantera
no sólo miraban con descreimiento a sus orígenes sino que los violaban directamente, con premeditación (carne) y alevosía (sangre).
Debut en la dirección de Yuzna Brian, productor de uno de los hitos claves del cine gore de los 80 (Re-Animator), Society reelabora el esquema de La invasión de los ladrones de cuerpos desde una perspectiva teenager muy propia también de la época (El terror no tiene forma, El terror llama a su puerta).
Durante la primera mitad del filme, Yuzna parece un heredero de los clásicos, proponiendo un relato marcado por la ambigüedad: el joven protagonista, quien está convencido de que algo podrido se oculta bajo la aparente presencia y perfección de la clase alta, de la beautiful people, a la que él mismo pertenece, parece ser víctima de algún desorden psicológico que le distorsiona la realidad e, incluso, será tildado de paranoico en varias ocasiones. Pero finalmente, la realidad de sus sospechas se impondrá en su gráfica evidencia, en una orgía final de cuerpos succionados y carne derretida, en la cual la carne se convierte en material de arcilla con el que moldear un dantesco espectáculo en el cual la crítica social y los nombres de Lovecraft, El Bosco o Dalí se funden en un viscoso y pegajoso pedazo de carne.
Así, Yuzna (cuyo cine siempre interesa más por lo que cuenta que por la plasmación visual de sus ideas: aquí bastante descuidada) nos propone un recorrido desde lo ambiguo a lo explícito, resumen del mismo camino emprendido por el propio cine fantástico, cerrándolo, y convirtiéndose en uno de los más irreverentes (por directo: la obviedad de la crítica social de Society es la auténtica transgresión del filme, aunque sea por su descaro) profetas de la “Nueva Carne”.