Director: Cameron Crowe. 1989. EE.UU. Color
Intérpretes: John Cusack, Ione Skye, John Mahoney, Lili Taylor, Amy Brooks
Lloyd Dobler, un eterno optimista, busca conseguir el corazón de Diane Court, una inalcanzable belleza del instituto, además de una intachable estudiante. Todo el mundo se sorprende, incluido Lloyd, cuando ella demuestra que el sentimiento es recíproco. Pero el posesivo padre divorciado de Diane no aprueba esa relación, y hará falta algo más que el poder del amor para que consigan seguir juntos.

En esta encantadora historia sobre el primer amor, aclamada por la crítica. Lloyd (John Cusack), un eterno optimista, busca conseguir el corazón de Diane, una inalcanzable belleza del instituto, además de una intachable estudiante (Ione Skye). Todo el mundo se sorprende, incluido Lloyd, cuando ella demuestra que el amor es recíproco. Pero el posesivo padre divorciado de Diane (John Mahoney) no aprueba esa relación

Cameron Crowe, director de Casi famosos y cronista de “Rolling Stones” debutó en 1989 con Un gran amor, meritoria, brillante e inteligente comedia romántica, juvenil y ochentera. El director, de merecido crédito gracias a Jerry Maguire y aun más merecido descrédito por encargarse de la versión americana de Abre los ojos o el reciente descalabro llamado Elizabethtown, sabía como hacer una buena comedia romántica. Lástima que después se le olvidara.
Es cierto que la historia no es precisamente un alarde de originalidad (perdedor-se-enamora-de-la-chica-más-lista-y-guapa-de-la-clase), y que está llena de tópicos. Pero si Un gran amor se diferencia en algo de sus congéneres de la década, es por utilizar gestos y silencios en lugar de palabras. O por reflejar las cosas cotidianas de la vida, aquellas simplicidades a las que más nos aferramos. Lo que podría parecer otra simple vuelta de tuerca al tema de la pareja despareja se convierte en una historia sensible, en la que no hay arquetipos sino gente de carne y hueso.
Ione Skye es Diane, la tradicional chica cautivadora que todas las chicas alguna vez hemos querido ser. Encantadora, coqueta, dulce, y lo mejor: tiene al protagonista colado por ella. John Cusack, tímido y torpón, pero, ¿cómo no enamorarse de ese chico que hace los mil y un esfuerzos por conquistarla? Lloyd Dobler está hecho un mar de líos, lo único que sabe es lo que no quiere hacer (estupenda la escena en la que expresa las infinitas maneras en las que no quiere vender ni procesar nada), y aunque diga que le gustaría probar suerte con el kickboxing, en el fondo entiende que las patadas no van a llevarlo muy lejos. Bueno, sí sabe algo más: quiere invitar a salir a Diane Court, que es inalcanzable. Y no precisamente por ser una despampanante rubia animadora y popular.
La película entera está repleta de momentos inolvidables, por los que la película ha pasado a la historia. ¿Cómo olvidar esa escena en que él se ubica bajo la ventana de ella, sujetando uno de esos armatostes (las radios portátiles de esa época- sobre su cabeza, dedicándole “In Your Eyes”, de Peter Gabriel, a todo volumen? Las cosas que uno a esa edad cree que van a pasar . “En tus ojos están la luz, la solución a todas las búsquedas” y que a pesar de irse siempre vuelve al lugar donde “tú estás”… Romeo y Julieta en estado puro.
Recordemos la primera fotografía que se hacen juntos. El final de la fiesta, cuando la toma en sus brazos para que no pise los vidrios desperdigados por la calle. O las lecciones de coche. Lloyd es el hombre más paciente al momento de enseñarle a una mujer a conducir… de la historia. Aquella memorable frase: Ella me regaló un bolígrafo. Yo le di mi corazón, y ella me regaló un bolígrafo. Lloyd habla con el padre de Diane, hablando de su futuro. Sus expectativas se reducen a hacer feliz a su novia. “Soy bueno haciéndolo”, le confiesa, le apremia, le exhorta a comprender la importancia de su amor. Tiene el valor de definirse a sí mismo sólo basándose en que hará feliz a la persona que ama. Para los románticos, es nuestro héroe. Ya lo dice el lema de la película, “Conocer a Lloyd Dobler es amarle”.