Director: Eric Rohmer. 1990. Francia. Color
Intérpretes: Anne Teyssèdre (Jeanne), Hugues Quester (Igor), Florence Darel (Natacha), Elo√≠¬Øse Bennett (Eve), Sophie Robin (Gaelle)
Primera película de la serie “Cuentos de cuatro estaciones” del cineasta francés Eric Rohmer, que pone el acento en mostrar la ambig√ºedad de las relaciones afectivas entre las personas. Una joven graduada en filosofía es invitada a pasar un fin de semana en el campo por una amiga, quien también lleva a su padre, que a su vez va con su joven amante. Por determinadas circunstancias, la joven y el padre de su amiga quedan solos, terreno propicio para que Rohmer juegue una vez más al juego que más le gusta: examinar los sentimientos de las personas y el misterio de las relaciones humanas.
Bonita fábula sobre la imprevisibilidad de las relaciones humanas
La acción tiene lugar en París y Fontainebleau, en la primavera de 1989, a lo largo de nueve días. Narra la historia de Jeanne (Anne Teyssedre), de treinta años, profesora de filosofía. El novio está de viaje y su prima Ga√≠¬´lle, que ha ido a París para unas pruebas de selección, ocupa su apartamento. Sola y desubicada acepta la invitación de Corinne para asistir a una fiesta. Allí conoce a Natacha (Florence Darel), de diecinueve años, estudiante de música, hija de padres separados. Su novio, periodista, se ha ausentado a causa de un viaje profesional imprevisto. Aburridas, deciden abandonar la fiesta e ir al apartamento de Natacha, que urde un plan para que su padre Igor (Hugues Queser) conozca a Jeanne y deje a su novia Eve (Elo√≠¬Øse Bennett), con la que ella no simpatiza.
La película explora la ambig√ºedad e imprevisibilidad de las relaciones humanas. El momento culminante se alzanza cuando Igor y Jeanne se encuentran solos en Fontainebleau. La hora de las confidencias abre el camino a un beso prolongado y a un momento mágico, interrumpido por una respuesta no sincera de Igor. Jeanne se retira del juego e impide su continuación. Explica el “Cuento de los 3 deseos”, que quedan en dos de libre elección y uno inevitable por la falta de respeto de una de las partes. Expone los grandes motivos que impulsan las acciones humanas (atracción, amor, odio y dominación), para los que, según ella, no hay lugar en el momento. Recuerda a Igor que ella le ha concedidotres deseos (cogerle la mano, besársela y besarla a ella) que, como los paradigmas del tres (triángulo, silogismo, Trinidad y tríade helénica), corresponde a una situación perfecta y cerrada. La pasión de Igor se estrella contra el discurso racional, sólido y frío de Jeanne, que domina la situación. No todo habrá sido en vano: Jeanne da con el collar extraviado de Natacha, cuya desaparición provocó la antipatía de ésta por Eve. Se añade una reflexión sobre la moralidad humana al hilo de la historia, atribuida a Platón, de “El anillo de Giges”, que confiere la invisibilidad al quien lo lleva. ¿Hoy es válida la interpretación que Sócrates hizo del mismo?
La música aporta tres piezas de cuatro autores: “Serenata 5″ de Beethoven, “Montmorenay Blues” de J.L. Valero y “Cuentos del amanecer” y “Estudios sinfónicos” de Schumann. La fotografía muestra el París de los años 80, la espléndida floración de la primavera y la naturalidad de los actores. El guión apoya en una trama sencilla unos diálogos excelentes, que distribuye entre cuatro protagonistas: tres mujeres y un hombre relacionado con las tres. La interpretación destila sencillez y naturalidad. La dirección crea una obra sencilla y sugerente, que mueve a la reflexión.
La película explica la imprevisibilidad y la inmanejabilidad de la conducta humana, incluso en las circunstancias más favorables.
Es difícil encontrar una película que no trate sobre las relaciones humanas, pero si hay un autor cuya obra pueda resumirse con una frase tan vaga y a la vez tan rica es Eric Rohmer. Este cuento es el primero de los cuatro del director galo dedicado a las cuatro estaciones del año (las del alma también las recorrió, pero le llevó más títulos). En Cuento de primavera, varios personajes, casi todos ellos femeninos, acaban en una casa en la que apenas hay más posibilidades que hablar y enamorarse. Y en eso consiste esta película, en largas conversaciones y en un amor infinito hacia sus personajes, hacia el cine e incluso al espectador. Si usted no le corresponde ni siquiera le guardará rencor.

El personaje de Natasha se me atraganta como ninguno, me parece extremadamente falso y manipulador, no me creo ni sus excusas ni sus lágrimas de cocodrilo e, incluso, llega a exhasperarme en determinadas partes del filme.
Tiene momentos que se me antojan demasiado rígidos, como prefabricados o artificiales, y en una obra de estas características no veo cabida para esos instantes, que deberían ser menos forzados y estar mejor trabajados.
Sus primeros 45 minutos se me hacen eternos, son verdaderamente pesados y difíciles de digerir, pues la acción transcurre con demasiada lentitud, algunos de sus diálogos no son tan necesarios como se presuponen y avanzan con un ritmo bastante parsimonioso.
Hay instantes donde la pedantería se apodera completamente de situaciones, diálogos y personajes, haciendo que las ínfulas de estos últimos me atoren hasta el extremo de parecerme auténticamente vomitivas.
No aprecio nada realmente destacable en una realización que, si bien sabe sacarle partido a algunas secuencias, no posee demasiados rasgos característicos ni una técnica envidiable. Quizá rescataría el momento donde Jeanne e Igor se sientan a escuchar una grabación, por cautivador.
Me irritan algunas conversaciones, que no se sabe si pretenden llegar a algún lugar o, sencillamente, están ahí para rellenar un poco de metraje. Además, por momentos es totalmente previsible.
Sin embargo, y pese a estar a punto de quitarla durante un par de ocasiones, hay algo en ella que me fascina, no sé si será la historia, alguna que otra inquietud de los personajes o, incluso, saber que sucederá finalmente, y donde desembocará todo.
Cuento de primavera siempre será un extraño cuadro para mí, que no sabré como afrontar ni desde dónde observarlo.