Director: Alan J. Pakula. 1992. EE.UU. Color
Intérpretes: Kevin Kline (Richard Parker), Mary Elizabeth Mastrantonio (Priscilla Parker), Kevin Spacey (Eddy Otis), Rebecca Miller (Kay Otis), Forest Whitaker (David Duttonville), E.G. Marshall (George Gordon), Kimberly McCullough (Lori Parker)

Richard Parker y su esposa Priscilla parecen tenerlo todo; una casa maravillosa, una hija con talento y un próspero negocio. Tan sólo echan de menos una cosa: un poco de riesgo y emoción, algo que, en apariencia, sus nuevos vecinos, los Otis, tienen de sobra. La vida en pareja del feliz matrimonio cambiará cuando les conocen y empiezan a salir juntos los cuatro; una nueva forma de vida les acarreará complicaciones y peligros. Dirigida con pulso, esta película resulta inquietante tanto por su planteamiento como por la interpretación de un elenco de actores del que sobresale Kevin Spacey, que demuestra con creces su magnífico carisma para meterse en la piel de personas con dobles intenciones.

Pakula intenta crear una trama de intriga con atisbos de drama erótico y que pronto gira hacia los terrenos del suspense. (…) Aunque el misterio se sostiene con cierta eficacia, el desarrollo resulta previsible. (…) Eso sí, el reparto, con el siempre sólido Kevin Kline al frente y un por entonces desconocido Kevin Spacey, sostiene la función.

Alan J. Pakula, un director interesante en sus películas de contenido político -El último testigo, Todos los hombres del presidente-, no acierta cuando aborda historias de intriga y contenido sexual. Así le sucedió en Presunto inocente, y así le sucede en Dobles parejas.
Un matrimonio joven, sin hijos y algo convencional, traba amistad con sus nuevos vecinos, una pareja a la que le gusta el riesgo, y a la que no le importa, por ejemplo, engañar al seguro, para sacar algún dinerillo extra. Ante una supuesta progresiva atracción, uno de los varones propone al otro un intercambio de parejas, que acabará en asesinato de una de las mujeres. A partir de aquí discurre un convencional relato de falso culpable que trata de demostrar su inocencia y recuperar a su mujer.
Un planteamiento traído demasiado por los pelos y una moralina que defiende teóricamente el matrimonio -en la línea de Atracción fatal o Una proposición indecente- no convencen a nadie. Faltan matices, y sólo el recurso a escenas de suspense deudoras de Hitchcock mantiene a flote, a ratos, el filme.