Director: Krzystof Kieslowski. 1991. Francia-Polonia-Noruega. Color
Intérpretes: Irène Jacob, Halina Gryglaszewska, Kalina Jedrusick, Aleksander Bardini

La historia de dos mujeres similares, una polaca y la otra francesa, ambas huérfanas de madre, dedicadas a la música y que padecen una misma enfermedad es un sutil drama que consiguió excelentes críticas en toda Europa y que avanzaba el clímax creativo -del excelente director polaco- que supuso la “trilogía de los colores”: Azul, Blanco y Rojo.
La acción tiene lugar en Varsovia, Cracovia y París en 1989/90, a lo largo de unos 3 meses. Narra la historia de dos muchachas, nacidas el mismo día (23-XI-1966), que llevan el mismo nombre (Veronika y Veronique), tienen gran parecido, no se conocen y no tienen relación de parentesco, pero ambas sienten que no están solas, aprecian igualmente la belleza que les rodea, sienten pasión por la música y padecen una misma malformación congénita cardíaca. Veronika (Irene Jacob) vive en Polonia, tiene una magnífica voz de soprano, se relaciona con muchos amigos, le gusta el sexo, trabaja con celo y frenesí, le falta tiempo, con frecuencia va corriendo por la calle y, en un momento de estrés, le falla el corazón y muere. Veronique (Irene Jacob) vive en París y a la muerte de Veronika se siente profundamente triste, lo que le hace dar un giro a la vida. Deja el canto para dar clases de música en una escuela primaria y se enamora de un marionetista, Alexander Fabbri (Philippe Volter), que escribe cuentos infantiles con historias que ella siente como propias. Una tarde, entre las fotos que ella hizo en un viaje a Polonia, Alexander identifica una en cuyo fondo se ve la imagen de Veronika.
La película explora las relaciones entre sexualidad, música y feminidad. Para Veronika y Veronique la música y el sexo son dos pasiones paralelas, igualmente intensas y complementarias. La película encierra un gran interrogante ¿Cuenta una historia realista o una fantasía? El color dorado que inunda las imágenes, la atmósfera etérea e irreal que se respira, las extrañas e inexplicables relaciones entre las dos muchachas, parecen indicar que la obra es una deliciosa fantasía. Probablemente, la dualidad de Verónica es, también, una alegoría de las dos Europas, la occidental y la oriental, nacidas al final de la II Guerra Mundial. Es posible que se refiera, además, a las dualidades del mundo contemporáneo (Norte/Sur, Opulencia/Miseria, Primer Mundo/Tercer y Cuarto Mundo, etc.).
La música, de aires clasicistas, eleva y enriquece la obra con numerosos registros que se manifiestan en torno a una bellísima melodía central, recordada por el clarinete, la flauta, las sopranos. La interpretación es de la Gran Orquesta de la Radio y TV Polaca y del Coro Filarmónico de Silesia. La fotografía hace un uso magistral de la luz, la sombra y el claroscuro, mientras la cámara investiga la belleza de cada plano. El guión se centra en la expresión silenciosa de los sentimientos íntimos de las protagonistas, sus temores, inseguridades y ansiedades. La dirección busca la elipsis y la concisión expositiva.
Película fantasiosa y ambigua, desconcertante y reflexiva, filosófica y emocionante, que invita a pensar y a gozar de la belleza que nos rodea.
Veronika vive en Cracovia y tiene una brillante carrera como cantante, pero padece una grave dolencia cardíaca. A miles de kilómetros, en París, vive Véronique. Ambas son como dos gotas de agua, nacidas al mismo tiempo, con sus idénticas dolencias y su gran pasión por la música. Sin aparentemente conocerse, guardan una relación muy estrecha y su parecido es increíblemente sorprendente
Obra maestra mítica del fallecido genio polaco, Krzysztof Kieslowski.
En este filme, el director hace gala de sus mejores aciertos (para muchos también sus peores defectos), y dota al filme de una aureola mística y poética que ya nos hacía ver lo que posteriormente ocurriría con la “trilogía de los colores”.
Como fue habitual en su forma de ver el Cine, Kieslowski hace de él algo más que un Arte. Si no logras involucrarte en sus historia y personajes, posiblemente te parecerá una obra bella, pero vacía y pretenciosa.
Con esto tampoco quiero decir que películas como “La Doble Vida de Verónica” sean exclusivas para “intelectuales”. Grave error que muchos cometen.
Lo que el magistral director polaco siempre nos quiere mostrar es la belleza que todo posee, sus diferentes perspectivas, fundiéndolo todo con destellos preciosistas y musicalidad majestuosa.
Mediante su mágica narrativa visual (como suele ocurrir, aquí las palabras son totalmente secundarias) intenta ahondar en las más ocultas profundidades de los sentimientos humanos, de sus miedos y sus anhelos. Y lo logra de forma espectacular, como sólo él supo hacerlo. Uno de los mejores directores que ha dado el mundo del celuloide. Con su muerte se perdió la magia con la que solamente él sabía acariciar el Cine.
Para ello, la participación del espectador es básica, ya que el espejo de las historias de Kieslowski siempre somos nosotros mismos.
Así, los actores y actrices de los que se rodea ayudan sobremanera en este menester. En este caso, una preciosa Irène Jacob impregna la pantalla de una inocencia y divinidad únicas. Soberbio el papel de esta actriz, nominada por ello a varios premios y galardonada por otros tantos, como sería el caso de “Mejor Actriz” en el Festival de Cannes de 1991

Antes de llegar a las franjas de la bandera francesa, Kieslowski impregnó a la manera impresionista, hecha de retales, la pantalla del ocre de la soledad, el misterio, la búsqueda, el reencuentro. A menudo he pensado que la luz de esta película debe parecerse a la que Huston concibió originariamente para Reflejos en un ojo dorado, un filme también donde lo más importante se dice con miradas y silencios.
Aquí, con una expresividad siempre sutil, de la medida de una pelotita de goma o el lazo de una carpeta, Weronika y Verónica miran el mundo, se miran entre ellas y a sí mismas. El rostro de Irène Jacob, como si fuera una versión adulta de los ojos de Ana Torrent en El espíritu de la colmena, lo dice todo sin tener que pronunciar demasiadas palabras.
También Kieslowski habla únicamente con el lenguaje de la cámara. Como diría Godard en sus años mozos, esto no podría ser una novela o una obra de teatro, sólo puede existir como forma puramente cinematográfica.
Kieslowski trasciende -en el mejor sentido de la palabra- la excusa argumental para ofrecernos un cúmulo de sensaciones tan imborrable como la majestuosa banda sonora de Zbigniew Preisner. Por eso creo que la mejor definición de esta película la dio su propio autor cuando afirmó que es un filme “sobre las emociones, hecho sólo de emociones”.

Campo de experimentación para la “trilogía de los colores”
No en vano fueron los mismos autores los inmiscuidos en la trilogía posterior, el propio Kieslowski y su habitual Krzysztof Piesiewicz, además del excelente y también habitual suyo, ambientador sonoro Zbigniew Preisner…
La historia, aparentemente sencilla narra la vida de dos personas clones de sí mismas en cuanto a genética y entorno social, sólo que en diferentes espacios…oriente versus occidente (Polonia versus Francia), origen-adopción del extraordinario cineasta polaco…
Sólo el final de sus vidas varía por las circunstancias de cada cual…Veronika y Veronique son ambas huérfanas de madre, y conviven con sus padres, y sus primeros recuerdos freudianos de juventud son aquellas enseñanzas con sus madres cogiéndoles en su regazo, y ellas observando el mundo del revés, con las estrellas abajo y las casas arriba, como las bolas de cristal “souvenir” a lo ciudadano Kaneo las hojas de los árboles y sus terminaciones nerviosas…
Ambas con aptitudes para la música, amantes del sexo pero de salud débil y delicada y con padres creativos y permisivos…
Sus vidas se cruzaron por casualidad durante un viejo de la Veronique francesa por los países del este (Hungría y Polonia), en concreto en una excursión por Cracovia durante una manifestación reprimida por las fuerzas públicas…Aparentemente libre Veronique puede escoger libremente su futuro, mientras que la repentina muerte de Veronika pudiera simbolizar el sacrificio polaco durante la segunda guerra mundial y su consiguiente adscripción al bloque soviético… ¡Click! Una foto… y todo comienza a tener sentido…
Kieslowski deja elucubrar sus intereses estéticos con el uso de filtros con la intención cromática de una atmósfera etérea claramente predecesora de su mencionada trilogía colorista…
Si para alguno tan sólo se trató de la primera incursión del cineasta polaco parcialmente fuera de sus fronteras patrias como mera fuente de ingresos para la financiación de sus proyectos posteriores más ambiciosos, para otros entre los que me incluyo, supuso una iniciación al contenido abismal de su magna obra…
Vertiginosos y originales movimientos de cámara (…a Veronica se le aparece después de un vahído de origen cardíaco, un jabalinero exhibicionista con su pene al aire…)…
Una historia dual de alguien que vivió en la misma época en dos sitios distintos del orbe bajo distintas coyunturas deterministas…dos finales distintos…una misma finalidad…
¿Y el maestro de marionetas? es el creador que busca simbiosis y sinergias con la diva… “alter ego” del creador… Conmovedora.
La imagen de una niña en brazos de su madre observando por la ventana el mundo al revés… aprendiendo la anatomía de una hoja…
Veronika es una chica polaca huérfana de madre y que vive con su padre un pintor de viñetas… tiene unas especiales aptitudes para la música y el bel canto en particular… comparte su cuerpo con un chico de su pueblo…También sufre de una extraña dolencia cardiaca que a veces le causa sustos intimidatorios…
Un día, su tía enferma le invita a Cracovia y allá que se va…su vida transcurre en la ciudad polaca como antes…incluidas sus repentinas y dolorosas afecciones cardíacas que repentinamente la llevan a la muerte…
Veronique por contra, aunque también huérfana de madre y con innegables aptitudes musicales, se enamora repentinamente de un marionetista escritor de novelas infantiles…ambos adoptan posturas distintas, pues mientras él intenta un obsesivo encuentro con Veronique, ella trata de rehuirle violentamente pero sin firme convencimiento
√âl busca inspiración en ella para su nueva creación…
Pero Veronique, que se acaba de dar cuenta a través de una foto de la presencia de su doble polaca (ya muerta) durante aquella excursión, siente una extraña sensación de no plenitud…

Tras el ambicioso proyecto que fue para Krzysztof Kieslowski El Decálogo, le llegó el momento de probar en el extranjero, en concreto una coproducción franco-polaca, La doble vida de Verónica, que marcó uno de los puntos culminantes de su carrera y la película que le abrió las puertas para filmar su famosa trilogía de los Tés colores
(Azul, Blanco, Rojo), que supuso el colofón y para mí también el punto culminante de su cine.
Comentemos un poco el argumento de la película, de manera que si alguien no la ha visto y no quiere conocer el mismo, puede saltarse este párrafo. Verónica y Verónica son dos chicas idénticas que no se conocen, una vive en Francia mientras que la otra vive en Polonia. Aunque no se conocen, entre ellas existe un vínculo que ninguna de las dos entiende pero que está ahí, si una sufre la otra sufre también, si a una le pasa algo la otra se inquieta. Ambas tienen un talento especial hacia la música y también una fragilidad física. Un día mientras Verónica da un concierto en Polonia cae desplomada al suelo y muere en el acto. Sin saber por qué, Verónica decide instintivamente dejar sus lecciones de canto y abandonar su carrera musical para siempre, ese vínculo que ambas tenían sin saberlo la pone sobre aviso del peligro que corre. A partir de ese momento una sensación de soledad invade la vida de Verónica sin que ella sepa por qué.
La visión que tiene Krzysztof Kieslowski del cine es una de las más interesantes y única que nos podemos encontrar en la cinematografía mundial. Su cine es un cine diferente, como en su día lo fueron también el de Creyera o el de Bergman. Su forma única de ver el cine es, en sí misma, todo un arte. Un director que proviene del documental pero que lo abandona porque el documental no le permite expresar el drama y el dolor de una manera suficientemente dura. Por ejemplo filmar el dolor real de alguien en un momento dado y convertirlo en un documento no es algo que moralmente se pueda realizar, de hecho él lo considera prohibitivo. Todo en lo que se centra su cine, como los miedos más íntimos, las inseguridades, y en definitivas cuentas todo lo que hace del ser humano un ser imperfecto, y que es a la vez una muestra de su grandeza, no lo puede filmar dentro de un documental, ese el motivo por el que Kieslowski (según él mismo dice) abandona el documental para filmar dentro del cine y de la ficción lo que no puede filmar en la realidad, para poder hablar del sufrimiento, de lo que nos atemoriza, de lo que queremos conseguir, de si sabemos lo que queremos, o sea, todas las preguntas trascendentes que nos hacemos y que raramente podemos contestar. Y para plasmar estas situaciones necesita de la irrealidad que supone el cine, de la ficción de una historia y de la labor de los actores.

Un aspecto esencial en la película, sin el cuál no sería lo mismo, es la utilización musical que se hace en la misma. La banda sonora corre a cargo de Zbigniew Preisner, el mismo que más adelante compondría la banda sonora de las tres películas de la trilogía de los Tres colores. De hecho, la música de la película tiene un gran parecido con la música que escucharemos más adelante en Azul, incluso la voz principal encargada de hacer de solista en los coros parece la misma, lo que nos trae muy buenos recuerdos mientras vemos Azul. Como decía, la utilización de la banda sonora es sensacional, una de las claves de la película y que ayuda enormemente al director a transmitir unas sensaciones concretas en el espectador.
Otro punto de suma importancia en la película es el gran trabajo de Salomar Izda., encargado de la fotografía de la misma. Es un factor que es tan importante para mostrar las sensaciones que el director quiere que sintamos como lo es el de la banda sonora. La sensación que la película deja en el espectador, y digo sensación porque la película transmite sobretodo sensaciones, ya hablaremos un poco más de ello posteriormente, se consigue en buena medida gracias a la utilización de la fotografía. El empleo de los filtros en la fotografía de la película es tan sensacional que impresiona ya veas la película una o diez veces. Y es que una película de Krzysztof Kieslowski es siempre un conjunto de muchísimas cosas aportadas por mucha gente para conseguir un fin único. Como el mismo Kieslowski reconoce, muchos de sus colaboradores se sienten coautores de sus películas (algo que incluso él potencia) porque muchas de sus sugerencias se escuchan sin ningún tipo de miedo. Aunque la película siempre sea de Kieslowski, probablemente es de los directores que más y mejor hacen uso del potencial de sus colaboradores.
Las interpretaciones en una película como ésta son en exceso complicadas para los actores, pero a la vez son absolutamente claves para que podamos profundizar en la idea que intenta expresarnos el director. Evidentemente todo el peso de la película en lo que a las interpretaciones se refiere recae sobre la actriz Irene Jacob, actriz que repetiría con Kieslowski años después en ROJO, y la verdad es que realiza un trabajo sensacional.

Hay que tener en cuenta que la película está contada a través de secuencias que no mantienen una continuidad lineal clásica, es decir, en una película corriente veríamos por ejemplo a una actriz subiendo a su casa, y cuando comienza la nueva secuencia la veríamos salir de ella, o despertarse para ir a trabajar, o lo que sea. Pues aquí no, el tiempo entre unas secuencias y otras es un tiempo, cortó evidentemente, pero no concreto, no sabemos si pasa un día, dos o tres. Esta manera de filmar la película es muy inteligente porque lo que nos deja cada secuencia, más que hechos objetivos o sucesos concretos, son una serie de sensaciones, como antes decía. Es decir, a través de esas secuencias no tenemos las cosas claras al igual que tampoco las tiene Irene Jacob en la película, lo que tenemos son una serie de impresiones y sensaciones de lo que está pasando, de esa manera el espectador se puede identificar con esa fuerza interior que todos tenemos dentro y a veces sin saber por qué, hacemos cosas por simple intuición, sin ningún motivo aparente. Todas las sensaciones que percibe, aunque no entiende, Verónica y que la llevan a dejar la música sin un motivo concreto, conforman esos hilos misteriosos que interrelacionan a cualquier persona con el resto del mundo (una vez más palabras del propio Kieslowski), y esa relación aparentemente invisible es la que quiere mostrarnos el director. Parece un poco complejo de entender (y lo es también de explicar), pero hay que tener en cuenta que la película es una obra destinada sobre todo a esa parte del ser humano capaz de emocionarse por lo insignificante o de reír o llorar en un momento determinado sin un motivo. Una película que conecta de inmediato con lo más íntimo de nosotros y que nos sobrecoge a través de una fuerza invisible. Es difícil de describir pero cando estás viendo la película no sabes el motivo, porque no parece pasar nada destacado, pero hay algo en ella que consigue engancharte completamente, algo casi místico.

Una de las técnicas que Kieslowski utiliza durante la película, sobretodo en exteriores, es el rodaje cámara en mano, con movimientos que siguen muy de cerca a la protagonista, mezclando incluso la cámara entre los extras, eso sí, con una gran meticulosidad y precisión. Estas escenas rodadas de esta manera eliminan gran parte de la rigidez habitual derivada de rodar con la cámara casi inmóvil, dotando a las escenas de una gran flexibilidad y dinamismo en los momentos en los que resulta más necesario.
Quizás uno de los valores más importantes de una película de Kieslowski es que al introducir tantos pequeños detalles el espectador siempre encuentra cosas nuevas en la película en cada nuevo visionado, es quizás de los directores que mejor consigue que el espectador disfrute más de sus películas cuantas más veces las vea, lo que es realmente difícil. Una compra obligada tanto por su calidad como película, como por la calidad de la edición.