Director: John Dahl. 1992. EE.UU. Color
Intérpretes: Nicolas Cage (Michael Williams), Lara Flynn Boyle (Suzanne Brown), Dennis Hopper (Lyle de Dallas), J.T. Walsh (sheriff Wayne Brown), Craig Reay (Jim), Vance Johnson (Sr. Johnson), Robert Apel (Howard)

Michael busca un futuro más prometedor a más de 1.900 Km. de su hogar, pero sus sueños se vienen abajo al llegar a Red Rock West. A la caza de un trabajo, se convierte en presa de criminales y asesinos a sueldo en la tierra sin ley de este pequeño pueblo petrolífero del estado de Texas. A ello le sigue una vertiginosa cadena de acontecimientos que incluyen dobles identidades, codicia y asesinatos a lo largo de su lucha para sobrevivir.

Frente al manierismo formal de “trhillers” como Sangre fácil (1984) o las incursiones nostálgicas en el pasado de obras como La brigada del sombrero (1996, Lee Tamahori) o El diablo vestido de azul (1995, Carl Franklin), frente a la reconstrucción de los contenidos críticos del cine negro de trabajos como Distrito 34: corrupción total (1990) y frente a la búsqueda de nuevos caminos expresivos que revelan títulos como Uno de los nuestros (1990), existe también otra serie de obras que , como Un paso en falso (1992) o Aflicción (1997), proponen una nueva forma de acercamiento al género a partir de la reutilización de sus códigos y arquetipos en una serie de ficciones ambientadas en el presente.
Dentro de esta última vía se sitúa también Red Rock West, una película de John Dhal que forma parte -junto con La muerte golpea dos veces (1989) y La última seducción (1994)- de la trilogía de filmes negros del director que, bajo la sombra del novelista James M. Cain y con reminiscencias del mejor cine negro de los años 40, reactualiza el arquetipo de mujer fatal dentro de unas ficciones enclavadas en ámbitos rurales, formalmente muy estilizadas, presididas por un cierto sentido del humor y que se nutren de los elementos más característicos del género.
El argumento de la película narra la aventura desafortunada de Michael Williams (Nicolas Cage), un ex marine herido en una pierna tras el atentado integrista a la embajada norteamericana en el Líbano, que llega al pueblecito de Red Rock en busca de trabajo. El azar hace que Wayne Brown (J.T. Walsh) -sheriff y, al mismo tiempo dueño del principal bar de la localidad- le confunda con el asesino que ha contratado para asesinar a su mujer Suzanne (Lara Fynn Boyle). Ello conduce a Michael a entablar contacto con ésta, que le ofrece el doble por matar a su marido, y a introducirse en una sórdida historia donde no falta un botín de 500.000 dólares y la presencia amenazadora del verdadero asesino, Lyle (Dennis Hopper).
Estirando las peripecias de la intriga casi hasta el límite, toda la primera hora de narración se reduce al intento de Michael por escapar de su destino mientras una y otra vez, hasta contabilizar cuatro en total, se encuentra condenado a regresar a Red Rock para verse introducido por el azar en una boca del lobo tras otra (primero en la de Wayne, luego en la de Lyle y, por último, en la de Suzanne). Sincero y honrado, como justifican las dos escenas iniciales de la película, Michael se ve envuelto en la turbia atmósfera de un pueblo perdido en Wyoming, dominado por la ambición, la mentira y las traiciones constantes, y donde el sheriff y su mujer resultan ser, paradójicamente, los antiguos atracadores de la empresa donde ambos trabajaban antes.
Las reminiscencias del cine negro clásico no se agotan, sin embargo, en estos ejemplos y alcanzan su mejor exponente, sobre todo, en el último tercio de la historia, con la presencia del arquetipo de mujer fatal, encarnado por Suzanne, dotando de mayor densidad y tensión dramática a la narración. Toda la atmósfera del filme se vuelve más turbia y más espesa en definitiva y, dentro de ese universo turbulento, Suzanne, aunque no alcanza el grado de maldad ni la inteligencia criminal de Bridget Gregory (Linda Fiorentino) en el título de Dahl que cierra la trilogía -1994, La última seducción-, acaba convirtiéndose en el motor de los manejos criminales hasta el cierre del relato.
Una puesta en escena estilizada, y una planificación muy funcional y rigurosa, siempre atenta a dejar claros los hilos de la intriga y las evoluciones de los distintos personajes, dan a las imágenes una fuerza interna y una solidez suficientes para que John Dahl pueda deslizar por ellas un relato ágil y fluido, inteligente y pesimista al mismo tiempo, y que contiene, dentro de él, algunas de las mejores esencias del añejo cine negro.


John Dalh, desde su debut como director con la interesante La muerte golpea dos veces, viene intentando hacer el trabajo que le consagre como un buen director del “thriller” pero no lo consigue, por muchos nueves y dieces que algunos usuarios quieran otorgarle. Sus películas se ven, pueden resultar más o menos interesantes, pero están lejos de las grandes obras maestras de intriga, cine negro o thriller (llamémoslas como queramos). Porque equipararlas a las obras de Welles, Lang o, más recientemente, de los hermanos Coen, me parece una irreverencia, una falta total de criterio cinematográfico. La subjetividad tiende a la ceguera.
El guión es sencillo, la música es la adecuada, los actores no están mal. Se rodó con “cuatro cuartos” y eso es un mérito. La película no aburre en momento alguno. Pero tiene algunos lastres que impiden que sobrepase de simplemente “pasable”.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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Nicolas Cage está cojo. Instantes después le vemos caminar normal cuando busca trabajo en aquel pueblucho de mala muerte. Cuando abandona el coche con la pasta en la guantera, J.T. Walsh, sabiéndolo, no lo coge. √âste, que quería matar a su mujer, no lo hace en la secuencia final. Ella tampoco mata a su marido cuando tiene oportunidad. Dennis Hopper, que al final lo que quiere es la pasta que está escondida, carga con la mujer y con Cage no sabemos para qué. Bueno, sí, para hacer el desenlace que el director quiere y que de otra forma no sería posible. Repito que los actores no están mal salvo Hopper. Tiene más pinta de clown que de asesino