Director: James Ivory. 1992. G.B.-Japón. Color
Intérpretes: Emma Thompson (Margaret Wilcox),Helena Bonham Carter (Helen Schlegel), Anthony Hopkins (Henry Wilcox), Vanessa Redgrave (Ruth Wilcox) James Wilby (Charles Wilcox), Samuel West (Leonard Bast), Prunella Scales (Tía July), Jemma Redgrave (Evie Wilcox), Joseph Bennett (Paul Wilcox), Ian Latimer (Jefe de estación), Mary Nash (pianista)

Ruth Wilcox se hace amiga de una joven llamada Margaret, a quien deja en herencia su casa de campo, Howard End. La hermana de Margaret, Helen se enamora de un empleado de la empresa Porfirius que deja su trabajo por el consejo erróneo y precipitado del viudo de Ruth, el Señor Wilcox, con quien Margaret accede a casarse. Helen se queda embarazada.

Es la segunda adaptación de Edward Morgan Forster emprendida por James Ivory, en la que se detecta una denuncia hacia los abusos de unas clases dirigentes irresponsables y que modifican frívolamente la vida de los demás, cambiando su curso, jugando con ella como si fuese un juguetito del cual disponer. Una sociedad de la que Margaret se horroriza -tal como expresa un primer plano de ella mirándose en el espejo y comprendiendo que ella va a usar las mismas estratagemas- y que oculta sus trapos sucios con pulido cuidado: Mr. Wilcox en su juventud tuvo una aventura con la mujer del amante de Helen, por aquel entonces una prostituta (Ivory prepara al espectador para esa escena relacionando a ambos personajes a través de un montaje que anuncia la interrelación de ambas historias).






Margaret y Helen Schlegel son dos hermanas cultas y emancipadas para la época en que viven, finales del XIX. Tras trabar amistad con la convencional familia Wilcox, Helen se enamora del hijo pequeño, pero todo acaba mal y ambas familias se separan con la esperanza de no volver a verse. Sin embargo poco después se establece una gran amistad entre Margaret y la señora Wilcox, hecho que conducirá a que a la muerte de ésta le deje a Margaret Schlegel su mansión en propiedad, para disgusto de la familia.
Con un estilo elíptico y clásico, Regreso a Howards End es recordada, sobre todo, por suponer la consagración de Emma Thompson como importante actriz cinematográfica.


Regreso a Howards End es testigo y a la vez desencadenante de los sucesos que ocurren y aunque se trata de una película de época, se plantean temas como la desigualdad social, el sentido de la responsabilidad y los avatares del destino.
El buen gusto y la técnica de Ivory relucen en todo su esplendor, las actuaciones son impecables con unas Vanessa Redgrave y Emma Thompson a un nivel insuperable y el guión es magnífico entrelazando perfectamente las distintas historias de los personajes.
En una gran secuencia, el hijo Wilcox comete un acto cuyas consecuencias serán como un ajuste de cuentas del destino por los pecados pasados del padre; en una cruel ironía el soñador y sensible Leonard, que tanto se evadía de su triste existencia con la literatura, caerá abatido al venírsele encima un mueble repleto de libros.
Cuando los deseos de la señora Wilcox con respecto a la casa llegaron a su familia escritos en un papel a lápiz, éstos reconocieron su letra pero decidieron echar la nota al fuego e ignorarla; finalmente éstos serán cumplidos y es que ella estaba muy segura de lo que quería.