SLACKER

Película estrenada entre 1990-1992

Director: Richard Linklaker. 1991. EE.UU. Color

Intérpretes: Richard Linklaker, Rudy Basquez, Jean Caffeine, Jan Hockey, Stephan Hockey, Mark James, Samuel Dietert


Película de culto que relata la historia de unos jóvenes inadaptados de Austin, Texas.

Allá en 1991, un joven que acaba de pasar de los treinta, cogió una cámara de 16mm y 23.000 dólares de aquel entonces; reunió a sus colegas y se convirtió en escritor, productor y director de su propia película.

Richard Linklater, así se llama(ba) el sujeto, dirigió su mirada a una juventud excéntrica con demasiada verborrea, tan holgazana como inquieta y tan marginal como perdida. Todo en Austin (Texas) durante un día.

A través de una estructura, donde cada personaje(s) toma(n) el relevo del anterior(es), siguiendo el legado de El fantasma de la libertad o La ronda, Linkalater ofrece un mosaico en clave de radiografía alternativa de los jóvenes americanos.

No es un filme para nada recomendable para masas. Se encamina hacia la gafapastada, los amantes de lo subversivo, seguidores del cine independiente y buscadores de rarezas inéditas.

Lo que sí queda claro es que esta juventud que refleja el filme de Linklater tiene poca esperanza de futuro, como ese genial y alocado plano final y la cámara que lo está registrando.

Excelente ópera primeriza de Richard Linklater, germen, precedente, de su obra maestra Waking Life (2001); prematura, por tanto, y de un estilo independiente que rezuma autenticidad. No faltarán en sus obras posteriores guiños más o menos evidentes a este despegue de culto, punto de partida irreversible, de su carrera cinematográfico-existencial. Holgazanerismo -como reza el título del filme (¿captatio benevolentiae?)- al servicio de la multi-reflexión y anecdotismo fascinante desde la entraña de Texas, alrededor de Houston, ciudad natal del cineasta autodidacta. Esa sucesión de encuentros en cadena conducen majestuosamente a unos de los mejores minutos finales -a nivel estético, simbólico, recapitulador, revelador y antiformal- de los que me puedo acordar

Extraño, surrealista, y mágico paseo por el Austin natal del director, ciudad que aparte de darnos la fabulosa colección musical de “Live in Austin” también nos brinda el escenario ideal para esta película cuyo ritmo, argumento, e interpretaciones tienen poco de cine convencional.

Paseo por la vida de varias personas que viven en esta zona tan peculiar de Estados Unidos, nada de aventuras ni nada de situaciones teatrales, simplemente diálogos, del surrealismo puro y duro al hiperrealismo más crudo. Escena inicial que engancha por completo al espectador o que por el contrario nos invitará a abandonar la película en sus primeros minutos. Recomiendo claramente la primera opción.

Es Slacker una de esas películas que puede dejar indiferente a un gran número de público, sin embargo contiene esos elementos indefinidos que caracterizan a las películas de culto, y es que sus diálogos son sencillamente deliciosos para algunos paladares, si bien es comprensible que no sea una historia que llegue a todo el mundo.

En definitiva, una de las mejores obras de Richard Linklater -para algunos “autor de culto” y para otros “un director más de la esfera indie cuyo “arte” siempre es discutible”- presta a ser disfrutada en esos días en los que nos apetece una sesión de cine espeso, peculiar y vanguardista. Sí, y eso que hablamos de una película de hace más de quince años…

Sólo accesible en DVD, calidad de la película y el espléndido contenido de extras y presentación externa, edición de Criterion, me han hecho olvidar el puntito amargo que tuvo el desembolso de dinero para conseguir este filme.

Linklater y su directora de casting escogieron a unos cincuenta habitantes de Austin, Texas y, a partir de lo que ellos contaban sobre sus vidas, fueron urdiendo el guión del fascinante retrato pseudodocumental de la vida en esta curiosa ciudad. El resultado es una especie de secuela experimental de Los Inútiles (19, Federico Fellini), un mural de perdedores tan caleidoscópico y fragmentario como profundamente conmovedor. Homenaje, no exento de amargo sarcasmo, a la figura del gandul (“slacker”) en su sentido más “bohemio”, al atractivo de intentar sobrevivir sin apuntarse al carro del trabaja-procrea-y-consume.

En Slacker hay algún que otro personaje insustancial, que sobra; pero hay otros que darían para unas cuantas películas. Como no tengo más ganas de escribir para que lo lean cuatro gatos y no conteste nadie, lo dejo aquí.

Es una magnífica rareza. La ópera prima del a veces fantástico y lúcido director Richard Linklater se muestra como una pequeña maravilla en el que se notan todos los guiños típicos del director. Siguiendo un día en Austin, el director salta de un personaje a otro en una secuencia lineal de conversaciones, mostrándonos solamente unos pequeños momentos en las vidas de diversas personas, la mayoría jóvenes desencantados, construyendo un discurso cinematográfico y filosófico muy característico, que sería posteriormente llevado a su máxima expresión en Waking Life, la obra maestra del director norteamericano. De hecho, si sois observadores, veréis como muchos planos de Waking Life ocurren de forma similar a los vistos en Slacker, compartiendo localizaciones, los mismos travellings y, en algunas ocasiones, también los mismos actores (de forma que podéis ver qué rostro tiene realmente el terrorífico hombre rojo de Waking Life).

La película se disfruta durante todo el metraje, y desafía las leyes del cine convencional ofreciendo bastante buen resultado. El problema principal de la película es que algunos diálogos resultan bastante poco interesantes, por ejemplo, el momento en que dos jóvenes que hace tiempo que no se ven cuentan qué es de su vida, pero sin decir nada demasiado relevante para el espectador. Por fortuna, estos momentos más flojos son escasos y tampoco duran demasiado, así que el interés vuelve en cuanto aparece una “frikie” con un pelo púbico de Madonna metido en un pote de formol.

Otro problema -aunque más pequeño- es que la película no cuenta con demasiados medios técnicos. Se ve realmente cutre, y en alguna ocasión hasta puede verse el micrófono sobre la cabeza de los personajes, o la sombra del cámara (aunque en esto hay que fijarse, claro). El color es bastante apagado, la calidad del sonido es baja y el formato de la película es televisivo, vamos, nada de panorámicas, lo cual en un largometraje queda muy feo. Además, a veces el sonido ambiente (los coches, principalmente) se impone sobre las voces de los personajes, haciendo que sea bastante difícil seguir lo que dicen en ocasiones. Es una pena que esta falta de medios obstaculice en cierto modo la visión de la película, pero no por ello no se puede disfrutar de ella. Realmente vale la pena.


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