ATRAPADO POR SU PASADO (Carlito´s Way)

Película estrenada entre 1993-1994

Director: Brian De Palma. 1993. EE.UU. Color

Intérpretes: Al Pacino, Sean Penn, Penelope Ann Miller, James Rebhorn, John Leguizamo, Viggo Mortensen, Luis Guzmán, Ingrid Rogers, Julieta Ortega, John Sirago


Un antiguo traficante de heroína, Carlito Brigante, sale de la cárcel tras pasar allí diez años, dispuesto a dejar el tráfico de drogas y no volver nunca más a prisión. Con la ayuda de su abogado cocainómano consigue ser socio de un club nocturno, e intenta retomar la relación con su ex-novia, pero el mundo que le rodea sigue siendo un mundo de delincuentes, e ir por el buen camino no le será tan fácil. El director demuestra que su irregular estilo, cuando está al servicio de un guión brillante y cuenta con un excepcional reparto -como es el caso-, revaloriza una película que destaca por sus cuidadas escenas y su sensible y complejo retrato de personajes.


Tras un relativo fracaso de sus tres últimos filmes -Corazones de hierro (1989), La hoguera de las vanidades (1990) y En nombre de Caín (1992)-, Brian De Palma vuelve en 1993 con Atrapado por su pasado, a los senderos por donde mejor camina su obra -que había abandonado en sus tres últimos trabajos-, pero abandonando en esta ocasión, el modelo de las primitivas ficciones gansteriles y tomando como referente el cine negro de los años 40. Con un sólido y eficaz guión en sus manos, que expone una intriga bien trenzada, el director opera varios cambios sustanciales dentro de las habituales estructuras narrativas del género.

A diferencia de El precio del poder (1983), donde se describe el habitual proceso de ascensión y caída del gánster Tony Montana, las imágenes de Atrapado por su pasado muestran la trayectoria de su protagonista desde un momento posterior a su caída.

Toda la aventura de Carlito Brigante (Al Pacino), un gánster puertorriqueño del Harlem hispano, se sitúa, así, a contracorriente de los cauces narrativos típicos del género tanto desde el punto de partida que adopta el relato como a través del propio desarrollo de éste. Por medio de él, se describe el intento de aquel de reinsertarse en la vida civil, de convertirse -tras una larga estancia en la cárcel-, de convertirse en un ciudadano como tantos otros, mientras los obstáculos comienzan a acumularse a su alrededor hasta impedirle alcanzar su objetivo.

Como indica el título español de la película, Carlito es un personaje atrapado por su pasado, un ser anacrónico que no conoce ya la Norteamérica de os años 70 en la que intenta sobrevivir, dentro de un barrio conflictivo donde, como expone una de las primeras secuencias, todo ha cambiado de manera sustancial durante su ausencia, incluso los métodos delictivos. No se trata ya tan solo, por tanto, de que el personaje haya mudado de arriba abajo su código y su escala de valores, sino también de que los antiguos, tras una estancia de diez años en prisión, tampoco le sirven ya dentro de un mundo que le resulta completamente ajeno y desconocido.

Con estos presupuestos de partida, el trabajo de Brian De Palma acaba por convertirse, de manera voluntaria o involuntaria, en el reverso narrativo de las ficciones criminales de los años 30 y 40. De este modo, ya no es el amigo del gánster -en este caso David Kleinfeld (Sean Penn), su abogado- quien deja solo a éste en el desenlace de la historia, cuando fracasan sus intentos de hacerle abandonar su carrera delictiva., sino Carlito quien se aleja de David cuando comprueba sus manejos criminales. Igualmente, la crueldad de que hacen gala los antiguos hampones se transforma aquí en una floración de sentimientos, como la amistad o la solidaridad, que conducen finalmente a Carlito, en la conclusión de la película, a precipitar su propia muerte por advertir a su amigo del peligro que lo acecha.

Haciendo gala de su habitual habilidad para la puesta en escena (siempre algo artificiosa), el cineasta De Palma relata la historia reiterada de un fracaso y el peso ineludible del destino que parece aplastar a la mayoría de los protagonistas del cine negro. Entre medias queda el retrato lúcido, pesimista y amargo de un gánster tan anacrónico que ni siquiera forma parte ya de ninguna banda y el recuerdo de algunas secuencias tan impactantes, visual y narrativamente, como la que abre la película, con Carlito viviendo sus momentos postreros, o tan eficaces como la que describe el tiroteo de la Gran Estación Central de Nueva York.
Carlito Brigante (Al Pacino) es un puertorriqueño, ex convicto por tráfico de drogas, que al pasar varios en prisión se da cuenta de no querer volver al mundo del hampa, reencontrándose a su paso con viejos amigos como Kleinfeld (Sean Penn) el abogado que hizo posible su salida de la cárcel, Pachanga (Luis Guzmán) a su vez enfrentándose a la sombra de su pasado en un inolvidable personaje llamado Benny Blanco (John Leguizamo) y reafirmando su amor a la hermosísima Gale (Penelope Ann Miller).

Película situada a mediados de los años 70 en pleno auge de la música-disco, que sirve a su director para retomar el “filme de gángesteres” que ya había plasmado de forma muy audaz con anterioridad en el remake de Scarface, El precio del poder (1983) y en Los Intocables de Eliot Ness (1987).

Atrapado por su pasado es un magnífico filme que despliega la avidez autoral de Brian De Palma y un interesante guión del auténtico y genuino David Koepp.

Extraordinariamente interpretado por Al Pacino, también cabe destacar las sobresalientes actuaciones de Sean Penn, Luis Guzmán, John Leguizamo, Penélope Ann Miller y un desconocido Viggo Mortensen.

Perfecta en la parte visual, con el acostumbrado largo travelling “Depalmiano”, vista de 360 grados, narrativa absorbente, y fotografía (o tono del filme) que homenajea (en cierta forma) al género criminal del “film-noir” .

La secuencia final del filme en Grand Central Station es un constante ejercicio visual muy logrado, consiguiendo una atmósfera incomparable. Buena.

Traducida en España como Atrapado por su pasado, este título resumiría muy bien el contenido de esta tragedia escrita con pulso firme por Brian De Palma. Como en todas las grandes tragedias, la parca de Carlito está trazada desde un primer momento y nada podrá hacer para enderezar esos renglones torcidos en los que está escrita. Pese a esto, o quizá por esto, la película está atravesada por una melancolía que te acompaña durante toda la visión.

Atrapado por su pasado nos devuelve al mejor Brian De Palma Palma. La película tiene una fuerza visual muy audaz (la secuencia final, memorable), con un ritmo preciso que nos va envolviendo en esa tragedia hasta sentirla en carne propia.
Este empaque visual se completa con unas actuaciones soberbias. Por un lado, Al Pacino, encarnando de un modo insuperable a Carlito hasta expresar en un solo gesto la derrota por ese destino que es inamovible; pero al lado de esta actuación magistral está otro de los grandes: Sean Penn. Con una caracterización que lo hace casi irreconocible y dando el do de pecho a un abogado aún más corrupto que los propios a los mafiosos a los que defiende, tan decadente y violento como el mundillo en el que se mueve, para el que va sobrado de malicia, pero falto de la astucia necesaria que garantice su supervivencia. Junto a este dueto, una hermosísima Penélope Ann Miller como la sufrida novia de Carlito y el motor que impulsará a éste a salir de un círculo que por momentos se cierra más.

Al Pacino es Carlito Brigante (¿Qué es un Carlito? Charlie, Carlangas, Calilo, Carlitos… “¿Carlito?” ¿Será italiano?? Pero bueno…), acaba de salir de la cárcel antes de tiempo gracias a que su abogado, David Kleinfeld (Sean Penn) utilizó un truco para sacarlo antes de cumplir con su larga condena. Carlito, cansado de la vida de crimen, está decidido a seguir el camino correcto y no volverse a enredar con sus antiguos camaradas. Desafortunadamente, el pasado lo persigue y cuando apenas acaba de regresar, es ya testigo de un asesinato. Aun así, sigue determinado en su plan de abandonar los negocios sucios. Pero como necesita fondos para realizar su nueva vida, acepta manejar el club de un amigo.

Entonces llega Lalín (Viggo), un “cabrón muy guapo en el que se puede confiar” (!sus palabras, sus palabras!) que conocía de antes y a quien creía tras las rejas. Pero Lalín está muy cambiado; ahora está amarrado a una silla de ruedas, por lo que Carlito se lleva una desagradable sorpresa al verlo así. Lalín tiene a su vez un plan, quiere que Carlito haga negocios con él y unos italianos, y que Carlito incluya a sus socios actuales. Después de que Carlito explica que no está en negocios con nadie, que ahora está limpio, comienza a sospechar. En efecto: Lalín trae un micrófono, la plática era una trampa del fiscal. Se deshace en disculpas y súplicas, le dice que le ofrecieron libertad condicional si lo hacía, que no puede regresar a la cárcel así, en silla de ruedas. El Carlito de antes hubiera matado a Lalín ahí mismo, pero el nuevo Carlito no solamente no lo mata, sino que lo deja ir, dejándolo sumido en la desesperación.

Carlito mientras tanto encuentra a su antigua novia gracias a algo que le dijo Lalín y hace planes para irse a vivir a las Bahamas con ella. Pero David, el abogado, por su parte tiene problemas con clientes de la mafia italiana, por lo que pide ayuda a Carlito, una deuda de amistad, un favor, por los viejos tiempos. Y es este asunto el que acaba siendo la perdición de Carlito. Huyendo de los tipos de la mafia, baja la guardia y lo encuentra un gánster latino con quien había tenido problemas y ahí acaba la vida de Carlito.

Volviendo a Lalín, su aparición dura aproximadamente seis minutos, pero es una escena memorable. Viggo está casi irreconocible, nada queda ya del guapo Lalín, quien es además transformado en un desastre pleno de humillación y súplicas al ser descubierto por su amigo. Porque Carlito lo consideraba eso, un amigo, un tipo en el que podía confiar y ahora lo ha traicionado. Viggo no se deja intimidar por la personalidad de Pacino (no tiene por qué) y responde magníficamente a los retos en actuación que éste tira en su dirección, regresándole él algunos propios. El director debe haberse dado cuenta de la buena química entre los dos, porque los pone la mayoría del tiempo juntos en escena y evita las tomas de reacción. Viggo inserta frases en español sin ningún esfuerzo, aunque la verdad, cuando habla inglés, no sé qué acento se supone que sea, pero Pacino cae a veces en su acento de italiano de Brooklyn. Y me encanta esto: La frase “Lalín era un cabrón muy guapo” refiriéndose al personaje de Viggo, dicha en labios de Al Pacino, no deja de ser algo extraordinario.


Subscribe to comments Responses closed, but you can trackback. |
Post Tags:

Comentarios cerados.


© Copyright 2005 Claqueta TE RECOMIENDA COCINA Y Recetas de cocina