CHUNGKING EXPRESS (Chun hing sam lam) (Chun hing sam lam)

Película estrenada entre 1993-1994

Director: Kar Wai Wong. 1994. Hong Kong. Color

Intérpretes: Brigitte Lin, Tony Leung Chiu Wai, Faye Wong, Takeshi Kaneshiro


Dos historias de amor independientes que se desarrollan en el popular barrio turístico de Tsimhatsui, en Hong Kong. La primera describe el fugaz encuentro entre un joven policía en plena crisis amorosa y una misteriosa mujer fatal traficante de drogas. La segunda se centra en el singular romance entre un solitario y sencillo agente de policía y la joven camarera del pobre bar donde aquél suele comer.

Chungking Express recorre a ritmo de sonidos electrónicasl blues melancólicos y rock and roll, dos historias relacionadas sutilmente entre sí.

Chungking Mansions: Historia del agente 233

En la primera, una peligrosa traficante de drogas que ha perdido una mercancía de cocaína por culpa de unos contactos indios, pasa la noche con el solitario agente de policía 223. Qiwu, el agente 233, ha sido recientemente abandonado por May, su novia. Dentro de esta historia se trata bastante explícitamente el tema de “la cuenta atrás”, según la cual Hong Kong iba a volver a pertenecer a China en 1997. Bridgette Lin en su último papel -anunció retirarse para dedicar tiempo a su familia- aparece aquí con una peluca rubia, unas gafas de sol y un chubasquero. Wong Kar-Wai tomó a la actriz más representativa de la China moderna para disfrazarla de rubia occidental. Por otro lado, el personaje de Takeshi Kaneshiro, Qiwu, al verse abandonado por May, busca por todos los establecimientos latas de piña -la fruta favorita de May- que caduquen el primero de mayo de 1994. Por otro lado, Bridgette recibe a su vez una amenaza por parte de su contacto occidental, que le da una lata a punto de caducar como símbolo del tiempo que tiene para encontrar la droga perdida, tras lo cual Bridgette decide, puesto que no ha encontrado la mercancía, salvar su vida asesinando al contacto, el único personaje no oriental de toda la película. Tras la muerte del cual podemos recibir un breve flash del rostro oriental de Lin. Dentro de esta historia, la obsesión con el tiempo es constante, como claro símbolo de la cuenta atrás de la propia ciudad de Hong Kong.

Al final de la historia, ambos personajes se encuentran en un café. √âl acaba conquistándola, pero tras subir a la habitación del hotel, no llega a consumarse el acto sexual: ella se duerme, él come ensaladas del chef y se va al amanecer. Al final, lo único que le queda al agente 223 es una felicitación de navidad en su busca.


Midnight Express: Historia del agente 663

El cambio de historia ocurre cuando el agente 233 se dirige al bar Midnight Express y rechaza a la alocada Faye, una chica que acaba sintiéndose atraída por el agente 663, interpretado por Tony Leung. Este agente tiene una relación con una azafata, que acaba por abandonarle. Conoce a Faye porque cada noche pasa por el Midnight Express a pedir una ensalada del chef para su chica. La relación que desarrollan ambos personajes es extraña: Faye, enamorada del agente, consigue las llaves de su casa para dedicarse a cambiar el espacio íntimo del agente por otro. Conocedora de los problemas de insomnio del agente, pone somnífero en sus botellas de agua, y para que olvide a su novia azafata, esconde todos los objetos que puedan recordar a la misma, cambia un peluche por otro, “ahoga” a un avión de juguete en la pecera, esconde la camisa de la azafata, y un largo etcétera en el que Faye trata de reconfigurar el mundo del policía.

El agente 663 obviamente nota las diferencias, y sabe que la chica entra en su casa, aunque no se lo diga. La personalidad del agente 663 presenta ciertas costumbres que no se antojan muy normales: principalmente, su costumbre de desdoblarse sobre objetos, de hablar con ellos como si fueran seres vivos con conciencia propia, claro símbolo de su debilidad psicológica tras el abandono. De esta forma, en Chungking Express objetos mundanos como una lata de piña caducada, una toalla “que llora” y un avión de juguete llegan a transformarse en símbolos personales de los personajes. Se puede decir que “asociaciones íntimas y ritos particulares que movilizan las fantasías y las emociones de unos personajes propensos a la ensoñación imaginaria y la abstracción de la realidad por la vía de sumergirse en la evocación de la persona amada”.

La historia de los dos personajes acaba cuando el policía cita a la camarera del Midnight Express en el bar California. Contra toda expectativa, Faye acaba en la verdadera California, de la que vuelve un año después, convertida en azafata, mientras que el agente 663 se encuentra rigiendo el Midnight Express.

Después del rodaje de la película de artes marciales Este contraveneno del Oeste (1994), Kar Wai Wong encontró un tiempo libre durante el cual “no tenía nada que hacer”. De esta forma, tomó a su equipo y a algunos actores, incluyendo a la por entonces desconocida como actriz, pero conocida como cantante Faye Wong, para rodar a toda velocidad una película antitética a Este contraveneno del Oeste, donde la lentitud de las meditaciones de los perdidos personajes medievales fuera cambiada por un retrato del hombre contemporáneo.

Después del tratamiento más grave y profundo de Este contraveneno del Oeste con Chungking Express quise realizar una película contemporánea más ligera, pero donde los personajes se enfrentaran a los mismos problemas ( ) Chungking Express supone una ruptura en el conjunto de mi obra: los personajes llegan a aceptar su soledad, son más autónomos y más independientes, no hallan desesperación en su propia búsqueda, sino sobre todo divertimiento“. Así, en el plazo de dos semanas ya se había rodado la película entera, que sería, contra todo pronóstico, la que acabaría lanzando a Kar Wai Wong a la fama internacional por mediación del director Quentin Tarantino y la prestigiosa revista de cine francesa “Cahiers du Cinema“, icono de la “nouvelle vague” de los años 60.

Tras haber saboreado las mieles de Wong Kar-Wai
Happy Together (1997), Deseando amar
(2000),
y el tercer capítulo de Eros, tenía a Chungking Express y Fallen angels en recámara; así que hoy, un lunes triste y algo gris, me ha parecido el momento idóneo para volver a degustar las sutiles delicias del ya encumbrado cienasta honkonés.

Y es que Wong Kar-Wai tiene una capacidad de remover las entrañas emocionales del espectador como pocos; creo que no hay una sola película suya en la que no logremos identificarnos con uno u otro personaje o, como mínimo, sentir una relativa y sana complicidad. Unos dicen que es la fotografía (hoy por hoy su sello personal, pero que con el tiempo bien puede llegar a convertirse en su estigma), ese vibrante contraste de colores nacido de su colaboración con
Christopher Doyle y que a todos ha maravillado (aunque haya dejado indiferentes a muchos otros, si bien dicen lo contrario por guardar las apariencias y pretender ser tremendamente “in”, que también suele ocurrir); otros, en cambio, dicen que se trata de su capacidad innata de sacar lo mejor de los actores a los que escoge.

Personalmente, supongo que habrá un poco de todo y, tratándose de un director de moda, del que muchos hablan y pocos conocen, puede que además haya algo de misticismo en torno a su obra, algo de sobrevaloración y, por qué no, algo de pretenciosas palabras vacías nacidas de erráticos “cortar/pegar” en la Wikipedia y “sites” similares.

Pero lo cierto es que el tío es bueno. Bueno de verdad.

A pesar de que su obra es bastante regular, tocando siempre los mismos temas e incluso trabajando en muchas ocasiones con los mismos actores, siempre consigue dar una nueva vuelta de tuerca a la ya trillada temática del (des)amor.

Y Chungking Express, pese a no ser una “delicatessen”, como dirían algunos, es otro golpe de maestría: la película nos relata dos historias de amor independientes, unidas entre sí por el lugar en el que ocurren, el turístico barrio de Tsimhatsui, en Hong Kong. La primera historia, bastante más corta que la segunda, nos cuenta la historia de (des)amor entre un joven policía incapaz de resistir la soledad, y una mujer, algo más madura, envuelta en turbios negocios de drogas; la segunda se centra en la extraña relación entre un sencillo policía y la camarera del local que suele regentar durante sus rondas.

La primera historia, como decía, es bastante más corta que la segunda, y está presidida por enérgicos movimientos de cámara, sobre todo al principio, que imprimen una velocidad en la historia nada habitual en el director, aunque a medida que la trama se va asentando, ésta va ralentizando su ritmo. Narrada mayoritariamente con una voz en off que alterna los pensamientos de uno y otra, destaca por el contraste temporal entre las vidas de ambos personajes: el primero, abandonado por su pareja, busca desesperadamente la compañía de alguien para romper con la soledad que le consume; la otra, envuelta en un asunto de drogas y acostumbrada a la soledad, apenas tiene tiempo para vivir la vida, desesperada por resolver una situación que puede acabar con ella.

La segunda historia, más extensa y lograda, juega también con el contraste del tiempo en la vida de ambos personajes: él, un policía al que su efímera amante ha abandonado, vive inmerso en el conformismo y la rutina, rodeado de recuerdos, mientras que ella, jovial y desenfadada, tan sólo sueña con lo que el futuro puede depararle.

Así pues, nos encontramos con que las dos historias tienen mucho más en común de lo que aparentan; a las obvias similitudes de espacio y temática, hemos de añadirle una tercera: el tiempo. La lentitud con que la vida transcurre para el agente de policía 663 contrasta con la ajetreada vida a contrareloj de la enigmática mujer rubia con gafas de sol, mientras que la mirada puesta en el pasado del agente 223 es diametralmente opuesta a la fijación por el futuro en la vida de la joven Faye. Si bien puede resultar difícil de apreciar a las primeras de cambio durante el visionado, no por ello no vamos a entender la película, ya que ésta está construida con muchos matices, y cualquiera de ellos puede deleitarnos. Esa es la gracia del cine de Wong Kar-Wai: aunque suene a tópico, es como un buen vino. Cada vez que lo degustamos, paladeamos un nuevo sabor, descubrimos un nuevo aroma, percibimos nuevos matices, ya sea en un posterior visionado o, simplemente, en la lectura de una crítica. Pero no todo puede ser siempre perfecto.

Y Chungking Express, pese a su belleza y harmonía, adolece de cierto vacío en su primera historia, muy poco trabajada en comparación con la segunda, la verdadera joya de esta película. La primera historia queda en el aire, en un suspense que nos hace imaginar (y desear) que ésta terminará por unirse de un modo u otro con la segunda al final de la película, resolviendo la duda con la que nos hemos quedado, pero esto jamás llega a suceder. Así como la segunda historia tiene un claro inicio, desarrollo y fin, dulce, inocente y arrebatador (gracias, sobret odo, al excelente trabajo de Faye Wong, actriz y cantante cuya versión de Dreams, de Cramberries, podemos escuchar una y otra vez durante su historia), la primera nos deja en ascuas, y más aún con su inicio detectivesco, trepidante, presidido por la voz en “off” de Takeshi Kaneshiro en un personal tributo del director al más puro cine negro.

La película me pareció bella, sencilla, divertida, y también brillante. Ojalá hubiera más películas como ésta.


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