LA LECCIÓN DE TANGO (The Tango Lesson)

Película estrenada entre 1995-1997

Directora: Sally Potter. 1997. G.B.-Francia-Argentina-Alemania-Holanda. B/N y Color
Intérpretes: Sally Potter, Pablo Verón, Gustavo Naviera, Fabián Salas, Carolina Lotti, Hoeard Lee Gregory Dayton

Sally es una directora que escribe el delirante guión de una película sobre la moda, pero que en verdad no quiere filmar, sea por exigencias de Hollywood o porque descubre que el tango es una mayor fuente de inspiración. Con Pablo Verón, exitoso bailarín de tango en Europa, entablan una relación de amor-odio, con acento en lo primero.

Coproducción básicamente británica franco-argentina con Sally Potter como directora. Esta es una de sus últimas apariciones desde el éxito que tuvo con Orlando, y ya cuando estaba realizando Orlando, al mismo tiempo realizaba el guión de La Lección de Tango, conoció por aquel entonces a Pablo Verón el co-protagonista de esta historia, que también interpreta Potter. Desde ese encuentro en París se selló un pacto, él le enseñaría los secretos del Tango y ella le convertiría en una estrella de cine y de ahí surgió esta película.
Es algo más que bailar lo que nos enseña esta película, se encuentra a mitad de camino entre ficción y realidad, nos enseña a andar por la vida a ritmo de tango.

El maravillosos tango bajo la lluvia
La lección de tango es una película sincera. Es personal e indaga en la espiritualidad ansiosa de la protagonista, que es Sally Potter, la también directora. Es asimismo una historia de amor y una obra sobre la vocación y la profesión.
Llama la atención que una realizadora británica -no cayó en el olvido su formidable e imaginativa Orlando (1992)- elija el tango como razón de su indagación sobre el cine, la música, el ritmo y las circunstancias en que la imagen se vuelve caparazón abarcadora. El filme recrea el esfuerzo de Potter por dar forma a un guión donde la música quepa como forma de realización personal en el amor y en la profesión: La lección de tango es el dibujo del proceso creador y su resultado. Estamos viendo esa búsqueda mientras la película la va convirtiendo en acto.
El argumento es esquemático, pero no superficial. En el comienzo, la realizadora procura la escritura de un guión llamado Furia (“Range”), de cuyas supuestas imágenes vemos una construcción estallada en segmentos salpicados de agitada dinámica: unas mujeres que corren caen bajo respectivos balazos, mientras un vestuarista sin piernas se agita como un monigote exasperado. Parecen retazos de un formato semejante al de Orlando. Poco a poco, esos psicóticos restos en colores van dejando paso a una aventura nueva: la atracción por el tango, dividida en doce lecciones, subcapítulos de una misma narración cuyo blanco y negro contrasta con el colorido de aquellos restos desairados.
La historia de amor gana forma como un modo de ingresar la directora-protagonista en un universo desconocido cuya oscuridad va despejando un bailarín profesional de tangos. El encuentro y el primer aprendizaje se concretan en París. La comunión con la música se produce en Buenos Aires. La primera etapa es obra del bailarín (Pablo Verón, cuyo cuerpo es una coreografía permanente); la segunda -la visión de una película posible en cada paso de baile y en todas las cadencias- es el lazo humano que arroja Sally Potter para adueñarse de la acción (“Si yo fuera débil, no podría dirigir películas”, informa Sally, después del metejón y de todo eso).
Parece obvio señalar que La lección de tango se recuesta en lo autobiográfico, ya que la protagonista se llama Sally y es directora de cine, igual que quien escribió la idea y está detrás de la cámara. Juegos entre el cine, que es una reconstrucción audiovisual, y la realidad, para ganar dimensión absoluta el primero. En ese intercambio, un tango valseado por Sally y Verón a orillas del Sena recrea un momento inolvidable de Sinfonía de París (o Un americano en París), que hace poco Woody Allen también parafraseó en imágenes.
Es verdad que, en materia de tango bailado, Verón lleva las de ganar con su postura firme y el sostén alerta, pero Sally Potter no se deja vencer por ninguna figura. El tango nos toca de muy cerca y su ejecución por cuerpos tan plásticos, frente a una banda sonora de cuidada selección y matices, produce un placer muy contagioso. El montaje, consustanciado con la acción y la música, rima con las cadencias, dando espíritu a tomas sin rebuscamientos, frontales, casi siempre en plano general y sin otro preciosismo que algún giro de la cámara o el seguimiento de los cuerpos en su plástica convincente. La sensación de movimiento es constante.
Potter es una mujer creativa y sagaz. Expresa su decisión por un cine austero, pero de ideas en una sátira al Hollywood de las piscinas y los anteojos ahumados, y no sólo sabe que la confitería Ideal de la calle Suipacha y el Palacio San Miguel (en Suipacha y Bartolomé Mitre, bendecido por Pino Solanas en “Tangos. El exilio de Gardel”) lucen como templos entrañables, sino que dibuja una figura de danza porteña en la iglesia francesa de Saint Sulpice, justo debajo del antiguo cuadro bíblico donde Jacob y un ángel pelean en pose de bailar un tango.
En cierto momento, fugaz, pero elocuente, Potter reinventa la vieja tradición del tango como danza sólo entre hombres, hasta meterse entre ellos y regalarle a la música rioplatense cierta androginia como para que aquella propuesta de su anterior Orlando no haya sido sólo capricho del momento aquel. Potter, igual que el tango, entiende el mundo desde la ambig√ºedad.

El cine feminista se ha preocupado por deconstruir la relación entre la mirada, el espectador y el ojo fílmico. La proliferación de filmes realizados por mujeres y especialmente por cineastas feministas ha puesto en entredicho esta relación a través de un cuestionamiento de la mirada y del eje fílmico. Tanto a nivel temático como a nivel formal, el cine feminista ha aportado un nuevo repertorio de estrategias fílmicas que cuestionan y ponen de relieve la supuesta transparencia del medio y sus determinantes sexistas. Un corpus importante del cine feminista se ubica en la intersección entre feminismo y postcolonialismo uniendo la preocupación de ambas corrientes por deconstruir el sujeto unívoco, masculino y occidental, o sea por ocupar el lugar de la diferencia que según la cineasta Trinh T. Minh Ha (1989) es el sitio que define al cine feminista.
Sally Potter es una de las cineastas feministas más reconocidas. Su carrera ha sido dedicada a esta deconstrucción y al cuestionamiento del rol de la autoridad directorial y al reposicionamiento de la mirada de los espectadores/espectadoras. Su película La lección de Tango, estrenada en 1997, deconstruye el documental como género. El filme ubica a Sally Potter y a Pablo Verón en una relación de tensión erótica, física e intelectual. Filmada en blanco y negro, la película sigue la relación entre Pablo Verón, un bailarín profesional de tango argentino y la cineasta inglesa Sally Potter. Cada uno de ellos toma el rol de él o ella misma/o en la película y el eje de la narración se divide en dos desarrollos paralelos en la vida de Sally. Por un lado, la elección del objeto amoroso como objeto creativo (y en ese sentido sigue la línea que comenzara la cineasta en Orlando) y por otro el objeto de deseo en la persona de su profesor de tango Pablo Verón (y la trayectoria que se sigue aquí es la larguísima historia del latin lover en el cine). Como la película establece el juego con el documental, usaré el nombre de los protagonistas cuando hablo de su rol como protagonistas de la película y los apellidos cuando hablo de Potter como cineasta y de Verón como bailarín de tango y actor en la película para evitar confusiones -o crearlas.

Analizo esta película como parte de un grupo complejo de experiencias culturales y artísticas que han buscado redefinir los modelos de relación y la creación de la identidad a través de su relación con la otredad. Una de las metáforas preferidas para la creación de esta experiencia es el movimiento sistematizado en diferentes experiencias de viaje – diáspora, exilio, destierro, refugio, migración-, experiencias que han sido celebradas por teóricos postmodernos como espacios de distancia crítica y productividad intelectual. Es imposible, sin embargo, como nos alerta James Clifford (1988) el pensar las posibilidades transnacionales sin reconocer las violentas interrupciones que acompañan la modernización con sus mercados, ejércitos, tecnología y medios de comunicación. El viaje sigue siendo la metáfora preferida para hablar del ser; la identidad es raramente definida si no es en conexión con otro diferente. Viajar críticamente, asegura Levinas, no es viajar como Ulises camino a casa sino viajar a un lugar de significación nueva, romper con lo viejo y crear un nuevo paradigma:
Al mito de Ulises que regresa a √≠¬çtaca, quisiéramos contraponer la historia de Abraham que abandona para siempre su patria por una tierra aún desconocida y que prohíbe a su siervo, incluso, conducir nuevamente y de regreso a su hijo a ese punto de partida.

En La lección de Tango, Potter propone un viaje hacia el tango que la va a llevar a Buenos Aires como ciudad, al tango como disciplina y como ejercicio hermenéutico y a la subversión del documental como género en la absoluta falta de cualquier tipo de distancia crítica entre ella y su objeto de estudio. Sin embargo vale la pena preguntarse si este viaje es tan diferente a otros viajes, si éste es un viajo crítico u otro viaje más de la metrópolis a la periferia en búsqueda de lo auténtico, de lo real, de lo primitivo, de la identidad definida como contraste.
Como Hélene Cixous (1989), otra prominente figura dentro del feminismo internacional, Potter busca viajar críticamente a través del desplazamiento de un objeto de estudio/ objeto amoroso/ objeto artístico. Ambas mujeres se mueven a un diferente paradigma desplazándose del espacio europeo al latinoamericano buscando allí una representación de lo que están buscando a nivel artístico (écriture fémenine en el caso de Cixous en la autora brasileña Clarice Lispector, el tango como la fusión de cuerpo, danza, expresión, deseo y texto en el caso de Potter). Sin embargo ambas feministas europeas establecen un juego de identidad/diferencia con este objeto amoroso representándolo como judío/a. Tanto Cixous como Potter han dedicado parte importante de su tarea como intelectuales a explorar sus propias relaciones con el judaísmo. En los dos casos, el otro está callado: Pablo dice ser judío sólo a través de las palabras que requiere el guión cinematográfico escrito por Potter; Lispector ya está muerta cuando Cixous le declara su amor.
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