Directora: Claire Denis. 1999. Francia. Color
Intérpretes: Denis Lavant, Michel Subor, Grégoire Colin, Richard Courcet

Pocas veces en la pantalla grande tenemos la oportunidad de ver cintas de excelente calidad y que sin embargo se ven borradas rápidamente de los cines debido al bombardeo del cine hollywoodense, por lo que si decide ver Buen Trabajo tendrá que aplicarse y seguramente será recompensado. Ignoro si ha salido en DVD.
La directora francesa Claire Denis se inspira en la obra de Herman Melville (la novela corta “Billy Budd el Marinero” y los poemas “La Marcha Nocturna” y “Oro en la Montaña”) para entregarnos un trabajo contundente ligado al cine antimilitar tantas veces abordado en el cine mundial.
Buen Trabajo recrea el mundo machista de un grupo de hombres que pertenecen a la Legión Extranjera en un lejano lugar de África oriental, en donde se narra a manera de “flashback” el conflicto sexual de tres legionarios: el sargento Galoup (Denis Lavant) se siente atraído por el recluta Gilles Sentain (Grégoire Colin), pero Bruno Forestier también está interesado en el muchacho.
Todo esto bajo el árido paisaje y ejercicios que conforman todo un mundo macabro y absurdo que por momentos recuerda el filme Le Petit Soldat (1960, Jean-Luc Godard). Filme de tintes homosexuales y complejidad absoluta que por la sola experiencia vale la pena ver.

Hasta no hace mucho no había una sola mujer entre los directores de cine que me gustan de verdad. Durante algún tiempo seguí a Kathryn Bigelow, especialmente a causa de Point Break, pero Bigelow filma a la manera de un hombre, películas de género violentas y adrenalínicas; en este sentido, es más de lo mismo. Además el ídolo se me quebró con K-19, esa de submarinos en la que Harrison Ford pretende hablar con acento ruso. Ahora hay dos cineastas que me fascinan: Claire Denis e Isabel Coixet. (Intuyo que le está faltando Lucrecia Martel a esta lista, pero debo admitir, que no he visto ni La ciénaga ni La niña santa.)
Durante este fin de semana disfruté de un programa doble de películas de Claire Denis, que constó de su debut, Chocolat (1988) y de la hipnótica Buen trabajo (2000). Chocolat es producto de la infancia que Denis pasó en África, pero está lejos de ser la postal edulcorada de la niñez a que Hollywood nos tiene acostumbrados. Ni siquiera creo que sea un filme sobre el colonialismo, como se dice por ahí. Sería inapropiado decir que las películas de Denis tratan sobre un tema determinado: más bien están construidas sobre la certeza de que ninguna película puede agotar un tema ni ser definitiva al respecto, por lo que Denis se contenta con establecerlo y dejarnos en su compañía para que los espectadores hagamos el trabajo que nos toca -y al que de esta manera ya no podremos rehuir- una vez que salimos de la sala. En todo caso Chocolat es una película sobre el despertar del erotismo, visto por una mujer que recuerda su infancia en Camerún. Uno de los rasgos que valoro en Denis es la simpleza con que aborda cuestiones engorrosas. En Chocolat el fin de la infancia no es un relato romantizado y lírico sino apenas algo inevitable, como el fin del colonialismo. Me gusta el detalle de la pequeña France quemándose la mano con el caño del generador y borrando las líneas de su palma: dejar de ser niño significa, ante todo, comprender que nuestro futuro ya no es predecible.
Buen Trabajo es una adaptación del “Billy Budd” de Herman Melville, trasladada al presente, al norte de África y a los hombres de la Legión Extranjera. La década transcurrida desde Chocolat se hace evidente en la libertad con que la narración procede, a esa altura Denis ya es una cineasta segura de sí misma y de sus recursos estilísticos. Nuevamente se trata de la crónica de una obsesión, en este caso la de un oficial por un nuevo legionario: como en “Billy Budd”, la perfección del recién llegado inspira en el oficial la necesidad de destruirlo. Y otra vez Denis construye tensión de manera magistral, para al fin privarnos de una catarsis predigerida, tranquilizadora. El momento del estallido, en que el joven legionario golpea a su superior, está filmado de forma no naturalista: Gregoire Colin no finge golpear, tan sólo mueve su puño lentamente hasta la mandíbula de Denis Lavant, sin falsa violencia; no simula el acto, apenas lo indica.
Me gusta que las películas de Denis me obliguen a moverme, que me expulsen de ese paraíso autoindulgente que es la butaca de un cine; a veces lo hace trasladándome a sitios exóticos, como en Chocolat y Buen Trabajo, y en otras mostrándome lugares incómodos del alma, como en la canibalística Trouble Every Day (Sangre Caníbal). Me gusta que entienda tan claramente que el cine es una experiencia sensorial, del cual la narrativa convencional es apenas la punta del iceberg; la escena final de Buen Trabajo es inolvidable aun cuando sólo muestra a un tipo que baila delante de un espejo: ese muñeco desarticulado -inmejorable Denis Lavant- expresa todo lo que hay que expresar. Y me gusta que no haga todo el trabajo por uno. Claire Denis nos niega la catarsis, el contraplano, la satisfacción artificial, del mismo modo en que la vida se lo niega a sus personajes: France no llegará a ver la casa de la infancia en Camerún, Galoup es expulsado de la Legión para enfrentarse a un futuro tan incierto para él como para el espectador.
Cada vez que veo una película de Claire Denis, la palma de mi mano pierde todas sus líneas y el cine se convierte en un viaje que nunca es turístico. ¿Qué más se le puede pedir a un autor, en un mundo que suele conferir a las películas la predictibilidad de un videojuego?

La cinta de la realizadora francesa Claire Denis se inserta dentro de la corriente histórica del cine francés donde la forma visual tiene más peso que la historia que se narra en pantalla.
De esta corriente general formalista francesa han surgido aportaciones que han enriquecido el cine mundial, pero sus avances han entrado en la corriente principal poco a poco, en una integración lenta.
En primera instancia, el público de formación más comercial rechaza las primeras manifestaciones de innovación cuando están centradas más en imagen que en historia contada. Es el caso de lo que seguramente ocurre con la película de Claire Denis.
No es que sea una película para exquisitos o iniciados, pero son los espectadores más avezados en el conocimiento del cine quienes podrán reconocer los logros de esta cinta.
Denis se emparenta, dentro de la corriente general francesa, con autores como Robert Bresson, Jean Cocteau, e internacionalmente con Werner Herzog. En estos autores (especialmente el alemán) predomina una búsqueda de imágenes inéditas que crean atmósferas especiales y mágicas en la pantalla.
Bajo esta premisa, muchas veces sus historias se perciben como débiles frente a los logros visuales.
Es la misma situación que el cinéfilo observa en Buen Trabajo. La estética de la imagen inédita, de la búsqueda de otra manera de ver y captar la cotidianeidad, sobrepasa los intereses puramente narrativos de la historia.
Aquí, un grupo de soldados novatos de la Legión Extranjera de Francia se entrena y vive en Djibuti, supervisados por el sargento Galoup. El sargento tiene problemas con el legionario Sentain y admira al comandante Forestier.
La anécdota de la historia que plantea Claire Denis está tomada muy libremente del libro “Billy Budd”, del autor estadounidense Herman Melville.
Pero a la realizadora francesa le interesas mostrar -con una manera de mirar poco usual pero interesante- los ambientes, las atmósferas y los tiempos muertos en los que encaja este grupo de hombres.
El deambular en la noche, los entrenamientos militares, las tareas en lugares inhóspitos, los conflictos entre los legionarios se desarrollan no por las acciones directas de los personajes sino por los espacios que normalmente no mira el cine: los tiempos muertos y las acciones no significativas.
Por ejemplo:
1. El escamoteo de la acción directa
Los soldados entrenan en el mar con la participación de un helicóptero que explota en el aire. El cine estadounidense comercial se detendría en el accidente del vehículo y lo mostraría en pantalla con todo detalle, incluida la explosión captada, quizás, con cámara lenta, entre grandes llamaradas.
Claire Denis emparenta su estilo con el de Robert Bresson, expuesto en su Lancelot du Lac (1974), pues jamás muestra el helicóptero sino el rescate de un legionario sobreviviente entre algunas llamas por gasolina en el mar.

De igual manera, los entrenamientos militares son encuadrados desde ángulos distintos a los usuales en el cine comercial, y los expone por medio de una edición vertiginosa y dinámica.
Otros de los ejercicios o acciones de los legionarios son captados con énfasis en la belleza del cuerpo masculino, y no en lo militar como centro narrativo. De hecho, varias de las partes de la cinta están meticulosamente coreografiadas más como un ballet que como acciones naturales.
Esto también se aplica en las escenas de la discoteca, donde legionarios y las mujeres locales se encuentran. Allí brilla la belleza especial de las mujeres negras, de las que la realizadora destaca la de la chica Rahel.
En dichas tomas la sensualidad femenina se plasma en forma natural, fluye al compás de la música y termina por crear una atmósfera única en pantalla. No hay nada “exótico” en esas mujeres, sino una belleza que pertenece al lugar, como ellas mismas, a pesar de ciertos elementos occidentales en su lugar de reunión.
Es uno de los mejores momentos de la estética de predominio de imagen sobre historia.
2. Imágenes inéditas
Es el elemento más notorio de la cinta de Claire Denis. En ese sentido la cineasta camina como buena discípula siguiendo los pasos del alemán Werner Herzog, pionero de dicha estética.
Djibuti aporta los escenarios naturales y extraños, con playas hermosas llenas de rocas, ambientes extraños y poco vistos.
Así, la cineasta francesa va formando imágenes y las enlaza una tras otra hasta llegar a lo casi abstracto. Sus tomas recogen sólo las líneas esenciales, al grado de que el espectador siente la cámara busca desnudar lo que capta hasta despojarlo de todo lo superfluo e innecesario.
3. Los tiempos muertos
A diferencia del sobrevalorado Arturo Ripstein, cuyos “tiempos muertos” de verdad están muertos porque van contra la esencia del cine, Claire Denis expone tiempos muertos que “están vivos”.
Observa el medio y a los personajes cuando “no ocurre nada” que haga avanzar la historia; enfoca gente y cosas en sus “tiempos muertos”, pero les da significado, atmósfera y vida porque los dota con la esencia del cine como expresión humana: el movimiento.

Esto impide el aburrimiento del espectador que comprende lo que la realizadora francesa intenta. Aun en las tomas “donde no pasa nada”, cámara y personajes están en movimiento: sea cámara fija y personajes que se mueven dentro del cuadro, sea personaje fijo y que la cámara se mueva, o sea una combinación en pantalla de movimientos cámara -actores- naturaleza.
El resultado es que la imagen es dinámica, y atrae el ojo del cinéfilo para que observe QUE se mueve en pantalla, y trate de extraer su significado. Es una estética fílmica que busca la participación de sus espectadores.
4. La voz en “off” y la construcción de atmósferas
Frente a la importancia de la imagen sobre el argumento, Claire Denis desarrolla la anécdota de los legionarios y del sargento Galoup por medio de la voz en “off” de este personaje, y pocos diálogos entre ellos.
Si la historia avanza con estos recursos -monólogo interior y diálogos escasos-, que sostienen la continuidad narrativa, la directora se puede concentrar en la construcción de atmósferas vitales por medio de la acumulación de los tiempos muertos, el manejo dinámico de sus encuadres, y la captura de imágenes inéditas o poco vistas por el espectador occidental.
¿Suena a Herzog?
Sí, pero con una sensibilidad propia de la cineasta, que la convierte en discípula que aprende y crea con propia voz, y no en una copiadora mediocre del universo mítico del alemán.
5. La música
Es un elemento vital de Buen trabajo. Desde las melodías de discoteca occidental (rechazadas por la coreografía muy distinta y más sensual de las mujeres negras), de un tema de Neil Young a la música coral pasando por la que tiene raíces africanas, su presencia da dinamismo a las atmósferas y las tiñe emocionalmente.
Todos estos elementos de realización se suman para exponer lo que ocurre alrededor de un conflicto entre Galoup y el legionario Sentain; entre un hombre dedicado pero gris y un joven que obtiene rápido reconocimiento.
Lo que ocurre en el interior de Galoup, la suerte de Sentain, la actitud de Forestiere, las correrías nocturnas de los legionarios, la presencia silenciosa de las mujeres, en general la presencia humana, será plasmada con un interés primordial en la imagen y no en la historia.
Es importante hacer notar este hecho. Buen trabajo es un logro de la estética cinematográfica que busca el predominio de la imagen sobre la anécdota.
En cuanto a su recepción por parte del público, se puede adelantar que será incomprendida por la mayoría de los asistentes, que la encontrarán aburrida porque no cuenta una historia con los medios y formas a los que están acostumbrados.
Su estreno debió reservarse para el Foro de la Cineteca como evento, pues es un público diferente que busca ver nuevas maneras de usar el lenguaje cinematográfico por encima de las historias que se cuentan, o al menos puede tener esa disposición.
En síntesis, el Buen Trabajo, el Bello Trabajo, es el logrado por Claire Denis, que se aleja de un cine comercial normal para buscar su propia voz, con la que canta bien.
Pero tomará tiempo para que esa nueva voz, para que esta manera distinta de narrar en el cine, sea comprendida y valorada por públicos más amplios.