Director: Ulu Grosbard. 1998-1999. EE.UU. Color
Intérpretes:
Michelle Pfeiffer, Treat Williams, Jonathan Jackson, John Kapelos, Whoopi Goldberg, Ryan Merriman

Beth Cappadora es una fotógrafa felizmente casada con Pat, un restaurador. Ambos viven en Madison con sus tres hijos. Mientras se halla en un hotel con ellos, el más pequeño, Ben, de tres años, desaparece y a pesar de una búsqueda frenética y la cobertura de los medios de comunicación no consiguen hallarlo. Nueve años más tarde la familia ya se ha recuperado viviendo en otra ciudad, Chicago, en donde Pat ha abierto un restaurante. Allí, en su vecindario, conocen a un chico llamado Sam Karras que tiene un parecido asombroso con una foto robot de cómo debería ser su hijo con su edad actual.

Ulu Grosbard no es un director muy conocido; su cine no suele romper taquillas, pero tiene un tono agradablemente menor, sin intentar que cada nuevo filme sea una obra de arte, aunque sí que llegue al corazón antes que a otros órganos manifiestamente menos nobles… Títulos como “Libertad condicional”, “Georgia” o “Enamorarse” lo revelan como un cineasta de obra “en do menor”, en una clave menos impostada que otros colegas que parecen estar reinventando el cine con cada película. Sin embargo, Grosbard suele dar en la diana, incluso en casos como este En lo profundo del océano, que podría haberse decantado por el folletín más desaforado.
La historia es conocida (entre otras cosas porque el “trailer”, como casi todos los de ahora, te la cuenta en dos minutos): un niño que se pierde en un descuido de su madre, que reaparece a los nueve años, y la difícil cohabitación con su prácticamente nueva familia. Pero esa historia, una pesadilla para padres, y que hubiera podido dar lugar a un festival de lágrimas, está contada sin apenas estridencias por Grosbard, recurriendo a los momentos tensos sólo cuando es imprescindible, y permitiendo durante el resto del metraje que la emoción fluya por sí sola, desde la desorientación de una madre al borde de la locura al haber perdido a su hijo al padre que intenta recuperarse del mazazo, pasando por el hermano mayor con complejo de culpa y el hijo perdido, escindido entre la familia de adopción, que lo crió y a la que ama, y sus parientes biológicos, unos extraños en una vida ya encarrilada.
Intenso melodrama sujeto por finos hilos de contención, En lo profundo del océano, de tan hermoso título, mantiene la atención del público con un vigor narrativo que para sí quisiera más de un “genio” de Hollywood. Una película hermosa y bien contada cuyo final feliz, sin embargo, se antoja como un postizo poco verosímil. Lástima.