
Dentro de la inteligente mente de Ethan Powell (Anthony Hopkins) se esconde un terrible secreto, un profundo misterio no resuelto por su familia, enemistada con él, ni por los agentes de la Ley que le han estado siguiendo y que le han arrestado por una serie de crímenes ocurridos en las junglas de Ruanda. Con una vasta educación, la verdad de Powell se oculta tras años de estudio de los gorilas de montaña, hasta el punto de haber convivido con ellos en plena naturaleza y haber sido aceptado como uno de los suyos. Ahora, cautivo en una prisión brutal para enfermos mentales con tendencias criminales, Powell, que no ha hablado una sola palabra durante años, es sometido a tratamiento por parte del psiquiatra Theo Caulder (Cuba Gooding, Jr.). La ilimitada ambición de Caulder le lleva a arriesgar, poniendo su vida al límite, con el fin último de intentar comprender las acciones de este demente acaparador de titulares. Así, ambos hombres se embarcan en un extraordinario viaje, empujados por su insaciable búsqueda de la verdad, independientemente de su coste.

Lo que es evidente es que en nuestra sociedad capitalista no es nada sencillo producir todos los años miles y miles de películas en todo el mundo y encontrar argumentos e historias que no nos recuerden a otras y que sean en mayor o medida un refrito. Por eso a veces lo que más cuenta para espectadores como yo, a falta de ideas nuevas, es la intención y en eso “Instinto” tiene todo mi aplauso. Otra cosa es ya el desarrollo y la calidad con que se pone en marcha el proyecto que es demasiado justito.
Como digo esta película es un Frankenstein creado de los cuerpos de “Gorilas en la niebla” (su mensaje ecologista y los simios), “El silencio de los corderos” (las escenas de thriller con el señor Hopkins y el psiquiatra de turno) y “Alguien voló sobre el nido del cuco” (la “revolución” ante el sistema que ofrece Hopkins a los reclusos del centro). Y claro cogiendo de aquí y de allá sobre todo de buenas películas como esas y además contando con un buen elenco técnico y artístico el resultado nefasto no es desde luego, pero tampoco asistimos a nada especial.
El director Jon Turteltaub es muy blandito para lo que requería la película y debería haberse centrado más en alguna historia en sí y no intentar ser al mismo tiempo drama, thriller, ecológica, sentimental, denuncia y mil cosas más.
Lo mejor sin duda es el mensaje de fondo de respeto a la naturaleza; respeto desde la humildad y desde la pertenencia a ella y no desde el que se cree dueño y señor de ella para hacer o deshacer a su antojo.
No hay nada más salvaje que la civilización.
Si no se tiene ningún bagaje cinematográfico es posible que incluso guste o emocione: en cambio si se ha visto cine por un tubo no será nada más que una película bastante pasable cien veces vista.