Director: Sofia Coppola. 1999. EE.UU. Color
Intérpretes: James Woods, Kathleen Turner, Kirsten Dunst, Josh Hartnett, Scott Glenn, Michael Paré, Danny DeVito, Chelsie Swain, A.J. Cook, Hanna R. Hall

En un barrio residencial de EE.UU., a mediados de los setenta, pocas cosas pueden turbar la tranquila armonía de la familia Lisbon. Las cinco hermosas hermanas se han convertido en el secreto objeto de deseo de los chicos, que suspiran por ellas cada vez que ven sus melenas rubias al viento. Sin embargo algo hace que todo este paraíso cambie cuando Cecilia, la menor de las hermanas, se suicide a los doce años de edad. ¿Cómo puede convivir la belleza en estado puro con una macabra historia adolescente? Ésta es la pregunta que persigue a uno de aquellos adolescentes que, ya en su madurez, aún no ha podido borrar de la mente los sucesos que ocurrieron veinte años antes.

Corren los años setenta. En un tranquilo barrio de una ciudad de EE.UU. vive la familia Lisbon, dos autoritarios y rectos padres con cinco hermosas hijas que provocan los deseos de todos los chicos de la zona. Sin embargo toda la inocencia, belleza y armonía del lugar estalla en pedazos cuando comienza una tragedia, con atisbos de maldición, que marcará la vida no sólo de la familia, sino también de los chicos que en aquellos años soñaban con sus rubios cabellos y sus miradas turbadoras. La hija de Coppola deslumbra en su ópera prima con un envolvente y sugerente drama que cautiva por su atmósfera embriagadora, desgarrador guión y su estética hipnótica. Sobran, o al menos creo que deberían haberse tratado de otra manera, el final, el baile y algunas “moderneces” innecesarias chocantes con el estilo predominante. Pero es una pequeña gran película.

Excelente opera prima con la que Sofia Coppola demostró la medida de su talento y un ejemplo de madurez y sensibilidad. Desde entonces se ha mantenido firme y no ha hecho más que ofrecernos obras maestras. Sus magistrales filmes son el reflejo de una artista inteligente, sensible y auténtica; el de una directora que sabe que el cine se hizo para crear Belleza y transmitir lo inmaterial. Intimista, maestra de la estética, detallista y logrando sacar lo mejor de sus actores. Ya sea en una escena con diálogos, un plano silencioso o imágenes fundidas con música, Sofia nos lleva a un viaje poético y luminoso a través de los sentimientos que embriaga y deslumbra.
Las Vírgenes Suicidas es un complejo, profundo y entrañable retrato de la adolescencia visto desde una perspectiva dura, fría y triste, pero muy bella y reflexiva.
Ambientada en los años 70, se trata de las remembranzas de unos hombres quienes evocan la época en la que vivían fascinados por cinco bellas hermanas, a quienes no pueden olvidar.
Se analizan temas como el suicidio, la sexualidad, los problemas que enfrentan los jóvenes, sus alegrías, la desolación y la represión. Nos muestra que el suicidio no sólo es un escape definitivo de la vida, sino también una manera desesperada de pedir ayuda.
Hijas de un profesor de matemáticas y de una estricta religiosa, las Lisbon se mueven como estrellas fugaces e inalcanzables en el vecindario, en el colegio y en la mente de los chicos a quienes han cautivado con su temprana plenitud y su piel tersa.
Ellos las desean, coleccionan cosas sobre ellas y las consideran un bello enigma, delicadas musas esbeltas y rubias como espigas de trigo que iluminan las apacibles imágenes de la vida suburbana.
Las actrices jóvenes que en verdad poseen talento se cuentan con los dedos de la mano y Kirsten Dunst es una de ellas. Tuvo un brillante debut en “Entrevista con el vampiro” y aunque su carrera ha estado marcada por los pasos en falso, tiene todo el futuro por delante y su capacidad histriónica es innegable. Aquí ella interpreta de manera estupenda a Lux, la protagonista. Es una joven seductora y atrevida. Se encuentra en el fin de la inocencia y la forma represiva en que sus padres la tratan a ella y a sus hermanas no hace más que acelerar ese proceso. Su corazón comienza a sentir y atormentarse con el descubrimiento de las nuevas emociones. A través de Lux, hacemos un fascinante recorrido por esa etapa de la Vida.
Cabe destacar también a James Woods y Kathleen Turner como los padres y a Josh Hartnett en el papel de Trip Fontaine, el carismático Casanova adolescente quien ve en Lux su meta a alcanzar.
Esta película es un bello e inextinguible homenaje a la adolescencia, al primer amor, a los deseos, a la Vida y a todas las demás bellezas fugitivas que algún día se van para no volver jamás.

El sonado debut de Sofia Coppola como directora debe mucho de su repercusión a la campaña publicitaria que le ha precedido. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la película indaga en el lado más oscuro de la familia americana convencional, lo que parece haberse puesto de moda ese año con películas como American beauty o Magnolia. En este caso, la acción se traslada a los años setenta y, si algo consigue la directora, es crear una atmósfera que evoca el estilo de vida de esa época a partir de pequeños detalles. Consideración especial merecen algunas de las imágenes que muestran a las protagonistas en el campo y que son un híbrido entre las fotografías de David Hamilton y la publicidad de desodorantes u ambientadores de esa década
El drama de las jóvenes muchachas Lisbon le permite a Sofia Coppola exteriorizar sensaciones. Poco parece interesarle el dramático suceso, las motivaciones que lo provocaron o la búsqueda de culpables. Su objetividad en este aspecto linda con el documento informativo, el cual, nada tiene que ver con la labor periodística que desarrollan las televisores locales en la película y que Coppola crítica con dureza. Las hermanas Lisbon son presentadas como seres fantasmales, etéreos, intangibles. La influencia de su severa madre educándolas en un estricto ambiente religiosa ha sido decisiva. El personaje, que a pesar de su escasa presencia en pantalla es determinante en la historia, está magníficamente interpretado por Kathleen Turner, actriz cuya labor en esta película pone de manifiesta que ha sido totalmente desaprovechada en su faceta dramática.
El intento de distanciarse de las cinco hermanas se sustenta principalmente en la adopción del punto de vista de sus amigos, muchachos que vivían en las casas vecinas con uno de los cuales una de ellas llegó a mantener relaciones. Hay que tener en cuenta que la película está narrada por uno de ellos y que es éste quien ofrece su particular visión de la historia. Tal vez sea ésta la causa por la que en más de una ocasión el guión se desvanezca en anécdotas intrascendentes que provocan el que se establezcan inevitables paralelismos con la serie de televisión Aquellos maravillosos años, por poner un ejemplo.
A pesar de estas pequeñas exigencias del guión por tratar de conseguir un producto más comercial, lo más interesante de la película estriba en la forma en que Sofia Coppola muestra a los personajes femeninos y la desconocida motivación que les condujo a muerte. En este sentido, se podría establecer una concordancia con la estupenda película de Peter Weir, Picnic en Hanging rock, rodada en la época en que se ambienta Las vírgenes suicidas y que es un ejemplo de lo que puede dar de sí un tema de similares características según quién se ponga detrás de la cámara.