BAILAR EN LA OSCURIDAD (Dancer in the Dark)
Director: Lars von Trier. 2000. Dinamarca-Alemania-Holanda-EE.UU.-G.B.-Francia-Suecia-Finlandia-Islandia-Noruega. Color
Intérpretes: Björk (Selma), Catherine Deneuve (Kathy), David Morse (Bill), Peter Stormare (Jeff), Vincent Paterson (Samuel), Cara Seymour (Jean), Vladica Kostic (Gene), Joel Grey (Oldrïch Novy), Stellan Skarsgard (óptico), Zeljko Ivanek (fiscal del distrito)

Selma Jezkova (Björk), inmigrante checa y madre soltera vive en una caravana con Gene, su hijo de diez años. Sus vecinos, el policía local y su mujer han cuidado de Selma y su hijo desde que llegaron a los Estados Unidos. Selma trabaja en una fábrica troquelando fregaderos de acero inoxidable. Una enfermedad hereditaria está dejando a Selma sin vista y está decidida a ahorrar todo el dinero necesario para asegurarle a su hijo una operación antes de que sufra el mismo mal. Cada día de cobro, añade más dinero al fondo de Gene, guardándolo en un lugar secreto. Por las noches Selma y su amiga Kathy (Catherine Deneuve) preparan una producción amateur del musical Sonrisas y lágrimas. Su entusiasmo suple su falta de experiencia ya que Kathy ha aceptado tomar parte sólo para levantar el ánimo de su amiga. Selma interpreta a María. De vez en cuando, las dos amigas van al cine para ver musicales. Con gran fastidio del público, Kathy tiene que describir a Selma lo que ésta no puede ver en la pantalla. Kathy sospecha que la vista de Selma está mucho peor de lo que parece y se sorprende cuando ve que su amiga se las ha arreglado para pasar la prueba de visión que le permite continuar en el trabajo. De hecho, Selma ha repetido la tabla tal y como la tenía en su memoria. En realidad, ve muy poco y cada día menos. Selma tiene un admirador, Jeff (Peter Stormare), que espera pacientemente en el exterior de la fábrica deseando que algún día ésta acepte que le lleve a casa. Selma le rechaza, pero Jeff la espera a pesar de todo. Ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2000 a la mejor película −y premio de mejor actriz a Björk−. La propia Björk es la cantante y autora de la banda sonora. Su fuerte carácter le llevó a enfrentarse con el director. Está rodada en vídeo digital de alta definición. Algunas escenas se rodaron con cien cámaras.




Los milagros no existen. Y de existir, serían consecuencia directa de esa fe ciega que desemboca en devoción absoluta hacia una figura de imprecisa naturaleza, que supera las limitaciones del hombre e interviene, por tanto, en el mundo de los mortales. Pues bien, desde esta concepción de lo milagroso emerge Bailar en la oscuridad como prodigio artístico de deslumbrante genialidad e insoportable dolor. Así es. Lars von Trier ya avisaba cuando esclavizó a Bess a un viaje sin retorno físico por unas olas que rompían con furia ante sus sobrecogedores gritos. Pero ahora, y cerrando la Trilogía del Corazón de Oro, el director danés nos somete a la visión de Selma, emigrante checoslovaca enamorada de los viejos musicales americanos y dueña de un drama en forma de secreto. Selma, madre de un hijo, padece una ceguera congénita, de irremediable efecto para ella pero de posible salvación para su descendiente. Es entonces cuando comprendemos que su hijo es lo que Bess tenía en su marido y Karen en sus idiotizados compañeros: el porqué de su autoinmolada existencia. Una razón por la que sufrir más allá de explicaciones racionales y que transforman, por medio del sacrificio, lo humano en deidad.
Al igual que sus predecesoras, Selma se entrega en cuerpo, alma y espíritu para salvar de las tinieblas a su hijo. Al mismo tiempo, la demoledora batuta del genio Von Trier hace que su vida, calmosa hasta el momento, se quiebre definitivamente cuando tropiece con la muerte. Es entonces cuando todo converge: el escalofriante y visionario melodrama, la insultante osadía de su propuesta formal, la coexistencia de recursos contradictorios, el ego de Von Trier bebiendo de la fuente “dreyeriana” y la
impagable entrega de Björk para hacer de Selma no un personaje a interpretar, sino una piel que encarnar. Una piel azorada por su creador, desgarrada por su destino y maltratada por la vida. Björk no interpreta, padece. Y nosotros con ella.
Bailar en la oscuridad evoluciona al ritmo marcado por Björk, autora de una banda sonora que une atrozmente drama y melodía en su tercio final, y que tiene en los acordes de “I’ve seen it all” y de “107 steps” las claves para comprender lo que estamos presenciando, el nacimiento de un nuevo ángel al que la cámara acompaña desde su cegada obertura. Ella, Selma, proyecta en su escenario vital lo que dicta su corazón: musicales al ritmo de los ruidos de la vida. Ella, la vida, responde sin piedad.
Si el cine muriese hoy, Bailar en la oscuridad proyectaría las últimas imágenes capaces de obrar el milagro de la resurrección del alma a través de una propuesta que reinventa la gramática con la que se escriben sus arrebatadoras escenas. Y es que esta colisión de genios ha creado un cine elevado, cine que atrapa lo milagroso hasta hacerlo suyo. Entonces, y con cegadora maestría, nos lo arrojan al cuello sin que seamos capaces de verlo.

Lars Von Trier se ha dado cuenta de que, pese a que su experimento del “Dogma” ha salido más que bien; la magia del cine está para utilizarla. Evidentemente no ha hecho una superproducción de Hollywood, pero ha recurrido a las técnicas que siempre han estado al servicio del séptimo arte y que, usadas con moderación, han dado lugar a sus dos obras maestras. Porque hay muchos puntos en común entre su consagración Rompiendo las olas (1996) y esta maravillosa historia trágica que es Bailar en la oscuridad.
Tres minutos con la pantalla sin imágenes, tan sólo con la música de Björk, nos introducen una película que es de todo menos convencional. Un
homenaje que se hace a la música como método de evasión, como punto en común para todo el mundo y como parte necesaria de nuestras vidas, y también del cine.
Enlazando con Rompiendo las olas, volvemos a encontrarnos con un planteamiento que me da mucho que pensar. ¿Son el infantilismo y la ingenuidad, o tal vez la locura, las únicas alternativas para conseguir la felicidad? Tal vez estemos en un mundo en el que uno ha de ser ciego, y para el resto del mundo enfermo mental, para poder dejar aparte toda la corrupción, el egoísmo y la crueldad que existe a nuestro alrededor. Coreografiar la vida más oscura y llenarla de color. Eso es lo que hace Selma en Bailar en la oscuridad y a su manera la Jess de Rompiendo las olas. Selma tiene una vida llena de desgracias: trabaja en una fábrica que volvería loco a cualquiera con su ruido infernal, su vista está cada vez peor y tiene un hijo que tiene el mismo problema. Para colmo, toda la bondad que desprende es aprovechada por sus prójimos para su propio beneficio y, si es posible, para destrozarla a ella. Y pese a todo, Selma es feliz, sigue con su vida y sigue también soñando despierta. Porque los sueños son exclusivos de cada uno, y nadie te puede robar el derecho a tenerlos.
Pero lo que es exclusivo de Bailar en la oscuridad, dentro de la carrera de Von Trier, es el preciosísimo retrato del amor materno, algo que no se puede entender hasta que se vive, pero de lo que esta película ofrece una visión que parece extremadamente real. Cómo una madre llega un momento en que sólo vive para su gran obra, a la que siempre va a amar incondicionalmente y que, aunque es muy satisfactorio verla crecer, también te expone de manera abierta al dolor y al sufrimiento −¿es el egoísmo creciente en nuestra sociedad lo que desciende la natalidad? −. Pero es un amor mucho más grande que la misma vida, y parece que realmente merece la pena.
Gran parte del mérito de que esta película sea la mejor de su director es debido a que a su talento se ha juntado otro en estado puro: el de la cantante, compositora y ahora también magnífica actriz, Björk, aunque ésta sea su última película. Su rostro es la quintaesencia de la inocencia, la expresividad y el candor. Su interpretación es emotiva, desgarradora… no tengo palabras para ella, pero el Oscar se empieza a quedar sin alternativas. Junto a ella parecen meramente correctas las interpretaciones de Catherine Deneuve o Jean Marc Barr.
En definitiva, Bailar en la oscuridad va camino de convertirse en uno de los títulos clave de fin o principio de milenio, como uno quiera, pero, en cualquier caso, en una de las grandes obras maestras del cine de gran contenido humano.

Si alguien se pregunta qué queda por hacer en el cine, o si tiene sentido hablar de cine “posmoderno”, esta película es la respuesta. Von Trier nos tenía acostumbrados a obras geniales −la estremecedora Rompiendo las olas (1996), la inteligente Los idiotas (1998)−, pero Bailar en la oscuridad son palabras mayores: Una de las mejores obras del último cine. Una inmigrante checa en Estados Unidos que se está quedando progresivamente ciega ahorra todo lo que gana para pagarle a su hijo una operación que no le aboque al mismo destino. Ella se evade del trabajo de la fábrica imaginando que su vida es un musical, cuya banda sonora son los ruidos cotidianos. Pero la tragedia acecha, y los acontecimientos se suceden inevitablemente como fichas de dominó que caen. Este guión, no muy diferente del de los peores telefilmes sobre enfermos terminales, se convierte en las manos de Von Trier en una deslumbrante obra que desborda todos los límites. Reinventa dos géneros, al fundir los edulcorados musicales de la Edad de Oro de Hollywood con el más puro melodrama, salpicado con destellos de tragedia griega; pone el estilo documental al servicio de una ficción que camina peligrosamente por el delgado filo que separa lo sublime de lo irreal; saca oro, sudor y lágrimas de la ¿interpretación? más creíble de las últimas décadas; crea unos números musicales absolutamente originales y arrebatadores; y, sobre todo, tiene uno de los finales más desoladores y brutales que se ha mostrado en el cine.

La película se desarrolla en EE.UU, en el año 1964, y la protagonista es Selma (Björk), una inmigrante
checa que se ha mudado a aquel país con su hijo Gene. Selma alquila una caravana en la propiedad del policía local Bill (Davis Morse) y su esposa Linda (Clara Seymour), donde vive muy humildemente. Para ganarse la vida trabaja en una fábrica de industria metalúrgica
pesada con su mejor amiga Kathy (Catherine Deneuve) y con Jeff (Peter Stormare) quien la pretende.
Lo que nadie sabe es que Selma que padece una enfermedad
hereditaria degenerativa que le está ocasionando una rápida ceguera progresiva . Por este motivo Selma ahorra centavo a centavo en una lata que guarda en su cocina para costear una operación que evite que su hijo sufra el mismo destino.
En sus ratos libres Selma y Kathy van al cine local, donde disfruta con los fabulosos musicales de Hollywood
(La calle 42t). Allí, Kathy describe y representa los pasos de baile con sus dedos sobre las palmas de las manos de Selma. También ensaya en una representación teatral del musical “The sound of music“, donde comienza a revelar los síntomas de su ceguera. Cuando en su miserable vida cotidiana las cosas se vuelven aburridas o insoportables, Selma entra en un estado de alucinación en el que imagina a sus circunstancias ordinarias y a los individuos envueltos en elaborados números teatrales. Estos trances, como muchas canciones de Björk, se desencadenan a partir de algún tipo de sonido de la vida real (desde el traqueteo de las máquinas hasta el suave sonido de una bandera ondeando en la brisa) y ocurren durante casi toda la película, incluso en sus momentos más duros.
Desgraciadamente, Selma entra en uno de esos trances cuando está trabajando en una artefacto que acaba rompiéndose y es despedida. Pronto sus amigos se dan cuenta de que Selma a duras penas puede ver algo. Cuando Jeff, su pretendiente, le pregunta acerca de su ceguera, Selma imagina un musical con el sonido del tren que pasa, y los obreros bailando.
Por la noche, conversa con Bill, quien le pide un préstamo pues ha perdido dinero en el juego y quiere mantener la ilusión de prosperidad a su esposa, pero ella se niega. Para conformar a Bill, Selma le revela el secreto de su ceguera, esperando que juntos puedan compartir sus secretos. Entonces Bill se esconde en un rincón de la casa de Selma sabiendo que ella es incapaz de verlo, y observa dónde guarda su dinero.
Al día siguiente, cuando Selma regresa a su casa encuentra que la lata está vacía. Entonces Selma se dirige a la casa de Bill para informar acerca del robo; Linda, la esposa de Bill, la trata mal, pues su esposo le ha confesado que tuvo un “romance” con ella, le muestra una caja de depósitos con todos los ahorros del banco para contar el dinero, y la echa de su casa.
Ya que Selma sabía que Bill estaba arruinado, comprende enseguida que el dinero que estaba contando era el suyo y se enfrenta a él para tratar de recuperarlo. Bill saca un arma y en el forcejeo resulta herido. Al descubrirlos, Linda cree que Selma trata de robar el dinero y va a avisar a la policía. Bill suplica a Selma que acabe con su vida, y ella, después de resistirse dolorosamente, le dispara repetidas veces, aunque él no termina de morir. Por último, golpea su cabeza con la caja de depósitos y lo mata. Entonces, Selma cae en uno de sus trances e imagina que el cadáver de Bill se levanta y empieza a bailar suavemente con ella, incitándola a que corra hacia la libertad, recoge el dinero y se va al hospital para pagar la operación de su hijo antes de que la policía se lo quite.
Cuando está ensayando para el musical, Selma es arrestada y llevada a juicio. Se le acusa por homicidio e incluso por simpatizar con el comunismo por su origen checo. Aunque revela la verdad de la situación, se niega a decir el secreto de Bill, pues prometió no hacerlo. Cuando afirma que la razón por la que ya no tenía el dinero era porque estaba enviándolo a su padre en Checoslovaquia fue acusada de falso testimonio y es sentenciada a muerte. En el juicio, Selma entra en trance, e imagina a todos, el juez, abogados y jurado bailando.
Encerrada en una celda silenciosa, Selma, partida por el dolor, desea entrar en trance, pero la ausencia de ruido se lo impide, sin embargo logra recuperar la felicidad cantando “My Favourite Things”. Kathy y Jeff ordenan las piezas del rompecabezas y encuentran el hospital, devuelven el dinero a Selma para pagar un abogado que puede liberarla de la sentencia. Selma enfurece y rechaza el abogado, pues prefiere la muerte a permitir que su hijo quede ciego. Cuando se dirige a cumplir su sentencia, Selma entra en trance contando los pasos a la horca. Antes de morir, Kathy le dice a Selma que la operación de su hijo ha sido exitosa, ella entonces canta feliz y es ahorcada en una estremecedora escena; muere una mujer inocente que sólo trataba de mejorar la vida de su hijo. Mientras nos alejamos de su cuerpo colgado, un aviso nos anuncia que la película no ha concluido: mientras aparecen los créditos finales vemos escenas de la vida de Selma y escuchamos nuevamente su última canción.
Curiosamente, el título de la película apareció como una frase en la letra de una canción de Joni Mitchell, “My Old Man” de su álbum “Blue” (1971):
Mi hombre viejo
Es un cantante en el parque
Es un caminante en la lluvia
Es un bailarín en la oscuridad.
La actriz Björk Guðmundsdóttir, mundialmente conocida por su carrera musical, describió el proceso de filmación como emocionalmente agobiante, por lo que declaró que sería su última aparición en una película. Sin embargo, en 2005 apareció en la película experimental Drawing Restraint 9 dirigida por su esposo Matthew Barney. En un principio, Björk sólo iba a hacer la banda sonora de la película, pero después aceptó también participar en ella gracias a la insistencia del director. Sus desacuerdos con Lars Von Trier acerca del contenido de la película son conocidos, pues ella hubiese preferido que el final de la película fuera más edificante. La canción que se oye durante los créditos parece apoyar esta teoría. Catherine Deneuve y los demás actores describieron su actuación más como sentimiento en lugar de interpretación.
Pese a los muchos galardones que obtuvo la película, no todas las críticas fueron positivas, de hecho, se trata de una película controversial. Algunos críticos opinaron que la película era pretenciosa, pesimista, manipuladora, desordenada e incoherente y criticaron lo melodramático de su argumento, “pornografía de las emociones”. Uno de los aspectos importantes de la película es cómo Von Trier utiliza de modo negativo y efectivo los clichés de la Guerra Fría. Es interesante la manera como la película reconsidera y reelabora el musical hollywoodense, de una manera extrañamente idealizada, irónica y emocionante, chocante y evidentemente posmoderna. Para muchos, es una película única, para no olvidar, un filme de culto.
Originalmente la película comienza con una obertura (que es la música de la última canción “The next to last song” para ensamble de metales y percusión) con la pantalla a oscuras. Esto fue posible en Europa, pero la producción sugirió que esa idea no era recomendable en los EE.UU., por lo que el director filmó un collage con pinturas del artista expresionista danés Per Kirkeby, el esposo de la productora Vibeke Windeløv, que acompañó la música introductoria.
La película fue filmada con más de 100 cámaras digitales de modo que los ángulos múltiples de cada escena fueran capturados y filmados.
La película se estrenó en el 53° Festival de Cine de Cannes, en donde fue admirada y discutida por la crítica. Obtuvo la Palma de Oro y el galardón correspondiente a la mejor actriz. La canción “I’ve Seen It All” fue nominada al Oscar a la mejor canción. En la presentación de la ceremonia Björk lanzó su famoso vestido del cisne.

“Me gustaría pensar en la vida como un musical, porque en los musicales, nada horrible sucede”, dice Selma, inmigrante checa en los Estados Unidos, obrera en una fábrica rural de Washington, madre soltera que trabaja sin cesar para ahorrar cada centavo obtenido, con tal de detener una maldición que ha heredado a su hijo: Selma padece una ceguera progresiva, y su hijo, Gene, sufrirá de lo mismo. Es la década de los sesenta, tiempo de violentas revoluciones, en una América que le ha dado a esta mujer un salario y la oportunidad de vivir dentro del sueño americano, sin importar que sea en la parte trasera del terreno del policía Bill, donde Selma vive con su hijo en una casa rodante. Pero, debajo de la apariencia de una vida sana y lujosa, cierto día, Bill le confiesa a su inquilina que sus arcas están vacías, y que no podría soportar la reacción de su derrochadora y frívola mujer si se enterara. Pide un préstamo a Selma, pero ella le indica que sus ahorros son para cubrir los gastos de la intervención de su hijo. Aprovechándose de la enfermedad de la mujer, Bill descubre dónde guarda sus ahorros y los roba. Selma es despedida de la fábrica por averiar accidentalmente una máquina, y cuando descubre el hurto, va con el policía. En un forcejeo, el hombre se dispara intencionalmente, y malherido, le pide a Selma que lo mate, al no soportar su fracaso. América le hará pagar su crimen, a pesar de que haya sido una muerte piadosa.
La personalidad de Selma es un pretexto para poner a prueba la sensibilidad y cinefilia del espectador en apreciar y dejarse llevar por las convenciones de los géneros cinematográficos. Bailando en la oscuridad domina el melodrama, género de los sentimientos exaltados, que explotan o se reprimen de acuerdo a las normas morales de la sociedad, y el musical, donde los personajes bailan y cantan para expresar sus emociones. Géneros delirantes y sorprendentes, que provocan la risa y el llanto, se encuentran en la protagonista del filme para generar esta especie de “tragedia musical”.
Lars Von Trier maneja el sacrificio de sus criaturas por amor en otras de sus obras, como Rompiendo las olas (1996). En Bailando en la oscuridad, Selma reprime todo gasto superfluo y placeres personales, con tal de juntar el dinero suficiente para la operación de Gene: vive por y para él, no tiene más contacto humano que con su compañera Kathy, otra obrera inmigrante, su casero Bill, y su eterno enamorado Jeff, que verá rechazados todos sus intentos por llamar su atención. Apartada del mundo, el profundo amor que siente hacia la música la ha hecho desarrollar un sentido que compensa sus débiles ojos y la aísla de la crueldad de la vida : con cada ruido y sonido que produce el mundo que la rodea, Selma fabrica música en su cabeza, creando un mundo interior, lleno de color, ritmo y movimiento, donde los participantes son obreros, jueces, abogados, personajes del mundo real que forman parte de un número musical en esa otra realidad inventada por Selma (inclusive Bill, después de ser asesinado, cuando Selma convierte el momento en música, se levanta a bailar). Contrariamente a la vena optimista del género en este “antimusical” no hay expertos bailarines, ni escenografías espectaculares: el mundo es hostil, cruel e injusto, sensación lograda por los tonos grises, fríos, con que Von Trier filma los momentos no musicales, un mundo que no entiende de sacrificios por amor, de la piedad infinita de la Humanidad, y que la castiga con la muerte. El sacrificio se consuma: Bill deja el mundo que tanto le oprimía a manos de Selma, y ella a su vez da la vida para que su hijo no sueñe despierto, como ella, en la oscuridad.
Lars Von Trier parece no temerle a nada: su cine ha utilizado el “back projection”, el color y el blanco y negro; en Bailando en la oscuridad, hace uso de la cámara digital al hombro, con una edición que usa el corte directo inclusive dentro de un mismo plano, dando una sensación de realidad fragmentada en exceso. El creador del grupo Dogma 95 se da el lujo de utilizar ¡100! cámaras digitales para filmar los números musicales, y como cineasta cinéfilo, realiza ciertos homenajes y guiños de ojo a los amantes del musical: está la referencia a La novicia rebelde (musical que Selma ensaya con un grupo teatral), y las presencias de Catherine Deneuve (protagonista del musical Los paraguas de Cherburgo (1964, Jacques Demy) y el inolvidable maestro de ceremonias de Cabaret (1972, Bob Fosse) Joel Grey. Pero es Björk quien se roba la película y nuestro corazón. Nacida en Islandia, esta cantante de rock de fama internacional, compositora de la música del filme, se gana nuestra al espectador por su natural interpretación, creando un personaje tan vulnerable y desvalido como capaz de amar con una fuerza volcánica.
Bailando en la oscuridad es una obra polémica, descarada, cruel, increíble, desgarradora, difícil de encasillar. Von Trier realiza un cine que no busca complacer al espectador, lo molesta e incomoda, lo conmueve y estremece por medio de los riesgos dramáticos y visuales que hacen a este cineasta danés caminar siempre al filo de la navaja. Nosotros los cinéfilos no estamos tan ajenos a la manía de Selma de transformar su realidad: el cine es mejor que la vida, y nosotros la convertimos en materia de los sueños, mientras bailamos en la oscuridad de la sala de cine.

Tengo que decir que hHy que armarse de muy buena voluntad a la hora de mirar este filme. No es para cualquier espectador, hay saber pasar las dos horas y veinte que dura la película, de ritmo oscilante, con altibajos en la intensidad emocional que brinda.
Es de ese estilo de películas que emociona y gusta hasta el hartazgo o la terminas sufriendo y mal.
Una película que no muestra una historia triste ni melancólica, sino que nos cuenta la melancolía y la tristeza en su estado puro y lírico.
Von Trier tiene la capacidad para no pasar inadvertido al menos con sus propuestas, y Bailar en la oscuridad es una obra excéntrica por naturaleza, que puede llegar a puntos muy fuertes y profundos de la sensibilidad del ser humano o caer en el regocijo de la seudo alegría del musical que transmite y sirve de catarsis de penas.
Posee el estilo bien diferenciado que hace este filme sea un abanderado del anticonvencionalismo que marca la línea de la gran industria de Hollywood.
Se puede llegar a decir que la película es una muestra de hábil combinación de música, danza y registros dramáticos y penosos.
Desde ya está de más decir que la película está filmada con un estilo muy distinto a lo que se generalmente, lo cual hace reducir mucho el espectro de público que puede llegar a aceptar como válido el recurso del “Dogma”.
Porque convengamos que para la mayoría, estos trabajos son experimentos que siguen una línea de hacer las cosas en forma polarizada con lo que el mercado de consumo masivo exige.
Aquí no se halla una diversión fácil, sino que más bien nos abocamos a una tragedia con mayúsculas, y todas sus implicancias.
Creo que Von Trier quiso ser innovador y lo logra con el “Dogma”, aunque por allí para mi gusto peque de demasiado pretencioso al renovar el lenguaje fílmico en esencia.
Una fuerte propuesta desde lo histriónico, Björk y David Morse son quienes asumen los papeles protagonistas, siendo la primera quien a mi entender se destaca sobremanera. Es una actuación digna de destacar, correcta y que logra compenetrar al espectador en el personaje.
Personalmente no me gusta Björk como cantante, y es más me sorprendió en todo lo que implica actuaciones, no así en las partes de composición, allí me sentí defraudado.
En definitiva, una aceptable propuesta desde lo emocional, fuerte mensaje que pone cara a cara lo ideal y esperanzador, contra la cruda realidad, la tristeza y el desasosiego. La idea de vencer obstáculos a toda costa y al precio que sea, domina y llena al discurso de este polémico director, que trae aquí a las claras una película que puede interesar o no, pero no va a pasar inadvertido.
“Björk no puede actuar, sólo puede sentir”, declaró Lars von Trier tras rodar la película. Una afirmación totalmente cierta, que convierte la película en una obra excepcional. La intensa entrega y la entregada intensidad con las que Björk se vuelca en su papel es algo que la artista no podrá ofrecer a otro director una segunda vez”.
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