Director: Takeshi Kitano, 2000. EE.UU.-Japón-Francia. Color
Intérpretes: “Beat” Takeshi, Omar Epps, Claude Maki, Maya Kato

“Beat” Takeshi vuelve con su vena más sangrienta, después de haber abierto su corazón a Kikujiro. Brother es su retorno a la violencia, un terreno donde se desenvuelve a la perfección, yendo de lo más sutil a lo más explícito. Capaz de (no) mostrar un asesinato a sangre fría en gran plano general, o de golpear la sensibilidad del espectador con el detalle de un intestino colgante tras un hara-kiri; no deshecha por completo el lado entrañable mostrado en su anterior película, gastando bromas -como las trampas que realiza en las apuestas, o la forma en que aterroriza al mafioso italiano- dignas de su creación televisiva Takeshi’s Castle, aquí conocida como Humor amarillo.
Brother no sólo es un filme sobre mafias y venganzas. Brother es una metáfora empresarial; la ley del más fuerte (o poderoso) se impone para el desarrollo y crecimiento, lugar en el que absorciones y asociaciones dictan sentencia. También es un paralelismo entre director y personaje, cruce de realidad y ficción cuyo denominador común es la llegada a los Estados Unidos. Una impetuosa llegada sin miedo, sin tapujos, en la que las diferencias no le impiden la consecución de sus propósitos. Esto enlaza directamente con la trama; Brother es el viaje de búsqueda de un hermano, un concepto más allá de razas, de culturas, de sangres. Encontrar la fidelidad, el honor y la confianza en el otro y entregarse por completo, sin tener en cuenta las consecuencias, ya que estas no importan, dependen del destino; cada uno es lo que es, y eso resulta inevitable.
Así es como el ambiguo Kitano penetra en la gran industria, a golpes y sin traicionar su particular estilo. Y aunque la película ofrezca la sensación de avanzar mediante sucesión de secuencias un tanto inconexas y aisladas, el resultado tras la proyección puede ser cualquiera menos quedar indiferente. Sonreír por una atrocidad, emocionarse con un gesto o sentir un golpe bajo; lo consigue de manera natural. Mientras tanto él queda sonrisa burlesca en boca, entre perversa y amable, sin que sepamos de quién y de qué se ríe; esa ambigüedad es la que nos hace no saber si tomar la película en serio o en broma. Que cada uno saque sus conclusiones.