CECIL B. DEMENTE (Cecil B. DeMented)

Película estrenada entre 2000

Director: John Waters. 2000. Francia-EE.UU. Color
Intérpretes: Melanie Griffith, Stephen Dorff, Alicia Witt, Adrian Grenier, Larry Gilliard Jr., Maggie Gyllenhaal, Jack Noseworthy, Michael Shannon, Kevin Nealon

Honey Whitlock (Melanie Griffith) es toda una estrella y su carrera en el cine está floreciendo a pesar que su vida personal es un desastre. De cuarenta años y divorciada, ella todavía es bella, rica y talentosa; ganadora de un Oscar y preferida de los productores, a pesar de su reputación de diva. La nueva película de Honey, “Some Kind of Happiness”, promete ser su mayor éxito. Al llegar a Baltimore para la première de gala a beneficio de la Sociedad del Corazón de Maryland, Honey desconoce que está a punto de conocer al director más exigente de su carrera.




Cecil B. Demente es un amante del cine independiente que, harto del nivel de podredumbre del cine comercial, forma un grupo de “terroristas”
del cine con la idea de hacer la película “indie” definitiva y/o combatir al cine comercial. Sí, las dos cosas a la vez y alternativamente, porque se dedican a grabar y a actuar al mismo tiempo. Claro, la gran película de Demente va de acabar con el cine comercial.
El primer paso es secuestrar a una estrella de Hollywood, Honey Whitlock, para que protagonice la película. √âsta al principio se niega, pero Demente y su grupo son especialmente persuasivos y termina aceptando. Incluso termina siendo una más del grupo. Por cierto, los personajes secundarios no tienen desperdicio:¡son todos unos “freaks”! el yonqui -”antes tenía muchos problemas, pero desde que me drogo sólo tengo uno”-, la satánica, la ex actriz “porno”, el pajillero, un chaval frustrado porque quiere ser gay y no puede, un chico y una chica negros que quieren sacar un disco y forrarsey Cecil ya es el no va más, el autor atormentado y comprometido con su obra, convencido de que es un visionario (tengo una visión, repite varias veces).
La película recorre la cultura del cine desde los despachos de altos ejecutivos hipócritas hasta las oscuras, oscuras salas de cine porno, pasando por las entregas de premios, la subcultura del cine familiar, el cine de acciónen cierto modo es una crítica hacia todo, no sólo al “stablishment” de Hollywood sino también a los diferentes públicos y a los propios cineastas “independientes”. Pero no es algo cruel; de hecho, a mí me parece una película muy entrañable. Es coherente en su planteamiento y el final es perfecto.
A nivel técnico es una película correcta, y el nivel de los actores es suficiente; me ha gustado especialmente la actuación de Stephen Dorff, que da vida a Cecil B. Demente con vehemencia.
Es una película muy divertida para quien le agrada el mundillo del cine y disfruta con situaciones absurdas.


Mala leche es todo -y no poco- lo que ofrece esta película de John Waters donde se critica al cine comercial en pos del de autor, independiente y alternativo. La historia de Cecil B. Demented, un director “friki” y su legión de seguidores no menos extraña y el secuestro de una actriz en decadencia de Hollywood como mayor reclamo publicitario, dan a Waters la idea de partida para una ácida comedia que intenta siempre meter el dedo en el ojo ajeno.
El guión es bastante aleatorio teniendo en cuenta que su trama se divide entre lo “interno” entre el grupo “freak” y lo que éste hace en “directo”. Dicho así, el guión podría ser completamente distinto y la historia no variaría un ápice. Es por esto, quizá, por lo que la cinta resulta entretenida durante su escasa duración, más por “¿qué podrán hacer?”, que por su trama, bastante ridícula pese a los grandes aciertos y algunos golpes de humor excelentes.
Las interpretaciones no están nada mal, especialmente la de Stephen Dorff, aquí un loco y extremista director que luchará contra quien sea por rodar su “Obra Maestra”. Está mal de la cabeza, pero tiene su chispa. Melanie Griffith también está genial, aunque creo que es porque es realmente así y no está actuando. Sobre los demás, nada que decir, salvo una pequeña reseña a la posterior estrella Maggie Gyllenhaal, aquí completamente desatada y dejando entrever su lado satánico. Fotografía de cine experimental, una banda sonora decente y poco más es lo que ofrece esta película. No es muy inteligente y su crítica es una buena idea, pero no bien desarrollada, por lo que queda una cinta interesante que con algo más de cuidado y mala leche habría resultado realmente destacable.


Soy un admirador del director John Waters; no sólo por las películas que ha realizado, sino en general por su visión del mundo y por la influencia que sus trabajos han tenido en el entorno cultural occidental en los últimos treinta años. Sus películas siempre muestran lo peor de la humanidad, pero nunca para denunciarlo o atacarlo, y mucho menos para moralizar. Waters cree firmemente en que la belleza y la razón son completamente subjetivos, y lo que escandaliza a unos puede ser la base moral de otros.
De esta forma las películas de John Waters se regodean en el mal gusto y en todo aquello que la sociedad civilizada repudia. Pero Waters no lo hace por impactar o escandalizar -bueno, seguramente, en parte, sí-, sino porque genuinamente aprecia ese estrato social, esa subcultura ignorada, compuesta por desadaptados y por aquellos que, por azar, voluntad propia o diseño divino, se rehúsan a tragarse los preceptos sociales inculcados por la fábrica de autómatas en que se ha convertido la vida moderna.
Además, sus películas son muy graciosas.
La historia de Cecil B. Demente comienza con el secuestro de Honey Whitlock (Melanie Griffith) una actriz de éxito de Hollywood, quien se encuentra de visita en Baltimore para un evento de caridad. Sus secuestradores, Cecil B. Demente (Stephen Dorff) y su culto de cineterroristas, tienen la visión de crear un estilo cinematográfico de realidad extrema, y obligan a Honey a estelarizar su película “underground”, cuyos preceptos creativos son: filmar la realidad con gente real y terror real. Al lado de esta corriente los seguidores de “Dogma 95″ parecen simples amateurs -y tal vez lo son-.
Así como una cinta anterior suya, Pecker (1998) funcionaba como una excelente sátira del mundillo artístico de Nueva York, ahora Cecil B. Demente representa una feroz, pero divertida crítica del sistema establecido por Hollywood para hacer películas, en el que la artificialidad y la popularidad han reemplazado la honestidad e integridad del autor. Y como Waters es realmente independiente -o lo procura-, y usualmente excluido de la “realeza” hollywoodense, se puede dar el lujo de criticar abiertamente a individuos y películas específicos, que encarnan todo lo que está mal con el sistema establecido. El ataque a un cine que exhibe Patch Adams: Director’s Cut (1998, Tom Shadyac) por parte de Cecil y sus “cultistas” es a la vez hilarante y completamente apropiado, pues subraya todo aquello que ha convertido al cine en un negocio que explota al público a la vez que lo idiotiza haciendo que se trague los valores sociales que estén de moda.
Melanie Griffith está sencillamente perfecta -siempre me subyugó- como Honey Whitlock. Su actuación -o sobreactuación, según sea el caso- no podría estar más de acuerdo con el tono “surreal” de la cinta. Su gradual transformación es creíble y justificada, y logra preservar la personalidad de su personaje a pesar de la evolución que sufre. Stephen Dorff como Cecil y Alicia Witt como Cherish, una exactriz “porno”, forman el eje en torno al cual giran el resto de los “cultistas”, cada uno encargado de una tarea diferente, pero de acuerdo con sus excéntricos comportamientos. La pareja logra mantener la simpatía del público a pesar de sus cada vez más radicales actitudes y acciones.
Además de todo esto, Waters ha incluido un nivel más de contenido: el argumento de la película refleja con cierta precisión lo ocurrido a Patricia Hearst en la década de los 60. Ella, como nieta de Randolph Hearst -el magnate de los medios en quien se basó Citizen Kane (1941, Orson Welles)- representaba la clase alta de la sociedad con todos sus vicios y contradicciones. El secuestro de la muchacha por parte de un grupo de terroristas sacudió a los EE.UU., y sus eventuales consecuencias, aunque casi olvidadas, son testimonio de las inherentes fallas del sistema político occidental. No quiero entrar en detalles, pues arruinaría ciertas sorpresas de la película, que reflejan lo ocurrido con Patricia Hearst, quien obviamente tiene tan buen sentido del humor que incluso participa en la película como la madre de uno de los discípulos de Cecil.
Cecil B. Demente es una inmisericorde sátira de Hollywood, guiada por uno de los talentos que más derecho tiene para criticar, y que demuestra que aunque sus recientes cintas estén firmemente establecidas en el “mainstream” -cine convencional-, conservan la misma radical ideología, subversión y sobre todo humor de sus escandalosas películas de antaño. Una muestra más del genio de John Waters, listo para irritar o divertir a su público.


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