DESEANDO AMAR (Fa yeung nin wa) (In the Mood for Love)

Película estrenada entre 2000

Director: Kar Wai Wong. 2000. Hong Kong-Francia. Color

Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai (Chow Mowan), Maggie Cheung (Su Lizhen Chan, Ping Lam Siu (Ah Ping), Rebecca Pan (Mrs. Suen)


Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, y su mujer se mudan a un inmueble habitado principalmente por la comunidad de Shanghai. Chow conoce a Lizhen, una joven que acaba de instalarse también en el edificio junto con su esposo. Ella es secretaria en una firma de exportación y su marido es representante de una empresa japonesa para la que continuamente está en viaje de negocios. Como su propia mujer se encuentra también a menudo fuera, Chow pasa cada vez más tiempo en compañí­a de Lizhen. Quedan a menudo con sus caseros para jugar al mahjong o hablar del último cotilleo. Chow y Lizhen se hacen buenos amigos. un dí­a, deberán enfrentarse a los hechos: sus respectivos cónyuges están teniendo una relación amorosa.




El estreno comercial tan diferido de la cinta Deseando amar Kar Wai Wong, uno de los realizadores más destacados de Hong Kong, subraya el desdén incomprensible que la mayorí­a de distribuidores mexicanos manifiesta por el cine oriental contemporáneo. Resulta extraño que cinematografí­as como la japonesa y la coreana, o la china, realizada sin la venia de las autoridades, y obras repetidamente premiadas en festivales internacionales, pasen por completo desapercibidas durante años en nuestros circuitos comerciales e incluso en los culturales. ¿Cuántas cintas orientales de enorme calidad (Milennium Mambo, del chino Hou Hsiao Hsien; Ebrio de mujeres y pintura, del coreano Im Kwontaek; Audición, del japonés Takashi Mike) quedan excluidas de muestras, foros y carteleras, sin que el cinéfilo sepa jamás, a ciencia cierta, si es por una eterna imposibilidad de comprar sus derechos o por simple desinterés por parte de quienes podrí­an promoverlas? Acceder al cine chino o japonés es hacerlo básicamente mediante las embajadas correspondientes, la Cineteca Nacional o la UNAM, y en el caso del primer paí­s esto significa tener derecho al cine oficial más conformista. ¿A algún distribuidor le interesa todaví­a procurarse dos pelí­culas estupendas: ¿Qué hora tiene usted allá?, del taiwanés Tsai Ming Liang, o Agua tibia bajo un puente rojo, de Shohei Imamura, ambas del 2001? Se mencionan aquí­ cintas tal vez muy recientes, pero muchas más, de cinco años atrás, han quedado ya fuera del alcance del espectador mexicano, salvo excepciones notables, exhibidas a cuenta gotas, y a juzgar por la falta de continuidad en el esfuerzo, pareciera que con desgana.


Este preámbulo es para señalar la importancia de tener, al fin, acceso en salas comerciales al cine reciente del hongkongués Kar Wai Wong, aun cuando sus primeras cintas ya sólo puedan procurarse en videos o DVD importados (As tears go by; Days of being wild; Chungking Express, Ashes of time, todas de principios de los años 90). El realizador es un caso excepcional, incluso para una cinematografí­a tan rica como la de las tres chinas reunidas. Maestro de la sensualidad y del análisis en filigrana de las insatisfacciones amorosas, Kar Wai Wong se perfila como un nuevo Max Ophüls (Cartas de una desconocida, Liebelei) de un registro pasional, donde la intensidad radica en lo inexpresado y, de modo particular, en un deseo erótico condenado a frustrar su primer impulso. Quienes hayan disfrutado de la vocación melodramática, los desgarres y azotes pasionales de la pareja homosexual en Happy Together -Felices juntos- (1997, Kar Wai Wong), asistirán sorprendidos a un cambio de tonalidad dramática y a una contención narrativa excepcional en Deseando amar (con ánimo de amar, con ganas de sucumbir al amor, en la mejor disposición para el abandono amoroso). La primera intuición genial del director fue la elección de sus protagonistas, dos figuras capitales del cine chino, Tony Leung y Maggie Cheung, y que ofrecen aquí­ desempeños memorables; otro acierto fue la música original de Shigeru Umebayashi y Michael Galasso, en la que se intercalan melodí­as de Nat King Cole en español, escuchadas por el cineasta en su natal Shanghai, y que evocadas aquí­ en una ciudad de calles semioscuras y muros leprosos, adquieren un magnetismo formidable. Quienes conocen el trabajo de Kar Wai Wong apreciarán también un cambio de tono en la fotografí­a (antes sólo de Christopher Doyle -nerviosa, innovadora; hoy, en colaboración con Mark Lee PingBing, camarógrafo favorito de Hou Hsiao Hsien, tributaria de un clasicismo impecable)-. Una vez más el director acomete, como primer objetivo, una recreación de atmósferas, y de nuevo la sensualidad es su distinción estilí­stica, desde la manera de narrar -seductoramente, prefiriendo el aplazamiento, la elipsis y el ocultamiento, a la revelación inmediata-, hasta la interpretación de los actores, quienes ensayan lentí­simas coreografí­as de cortejo y abandono sensual.


La anécdota es sencilla: dos parejas comparten un departamento donde rentan cuartos contiguos. Un marido seduce a la mujer de su vecino, quien le corresponde, y la pareja engañada se abandona a su vez, con los reparos del escrúpulo moral, a una pasión amorosa negada a la plenitud. El director deja elegantemente en la sombra a la primera pareja de adúlteros. No hay más argumento. Lo que sigue es una lección magistral de la mirada en el cine y un alarde de sabidurí­a artí­stica -emplazamientos de la cámara, distancias, ángulos, disimulación, barridos discretos, cálidas combinaciones cromáticas, cambios incesantes en el vestuario femenino-, todo al servicio de una faena seductora. “La cámara intensifica las emociones”, señala el director, y en pocas ocasiones el cine chino ha prescindido a tal punto de los meandros y vuelcos imprevistos de una trama, para sujetarse, como lo hace Kar Wai Wong, a una mera lógica y geometrí­a del deseo. Una cinta formidable.


Me habí­an dicho que si no consideraba Brokeback Mountain (2005, Ang Lee) una historia de amor, no me gustarí­a Deseando amar. Antes de esta sentencia categórica y agorera, alguien con quien coincido (sorprendentemente) en gustos cinematográficos, me recomendó esta pelí­cula fervientemente. Ya tení­a en mente ver alguna del tan venerado Wong Kar Wai, pero su entusiasmo (y porque me suelo fiar de su opinión) consiguió que le diera cierta preferencia.

Pues ni para uno ni para otro.

Deseando amar es un juego del director. En un principio, la precisión de la puesta en escena, la presentación de personajes y las bases sobre las que va a hacer girar la historia son puestas sobre la mesa de forma ejemplar, pero hasta el minuto 28 la pelí­cula es confusa y da muchas vueltas sin dar pistas. A partir de una cena, el filme se vuelve sutil y de gran emoción: jugar a amar, reconstruir un amor, interpretar secuencias de una relación de la que no se avisó y en la que hubo dos ví­ctimas que se han unido. Ambos viven un amor provocado por una infidelidad. Pero tienen en mente no ser como los adúlteros que les han unido. Eso será un problema. Tan grande como el amor que se profesan.

Puedo entender que esta pelí­cula sea de esos filmes que odies o adores. Y de los que convierten a un director en uno de culto o un autor en toda regla. Yo me quedo en el medio y no pretendo ensalzar ni hundir ni a la pelí­cula ni al director con permiso de ambas recomendaciones (a las que les encantó el filme). No me gustaron nada los tics del director, metiendo fundidos a negro cada dos por tres, realizando barridos en una secuencia í­ntima, metiendo momentos musicales algunas veces sin sentido y que recordaban a momentos “El Corte Inglés” Tics de estilo que me despegaron mucho de lo que narraba.

¿A su favor? Es una historia de amor tardí­a, accidental y prohibida. Mejor dicho, autoprohibida, que puede ser la mayor dificultad a la que te puedes encontrar.

Si me tengo que quedar con algo del filme es la frase del personaje femenino: “Prestando atención te das cuenta de las cosas.” Por eso algunos no notamos muchas, aunque llevemos gafas.


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