Director: M. Night Shyamalan. 2000. EE.UU. Color
Intérpretes: Bruce Willis (David Dunn), Samuel L. Jackson (Elijah Price), Robin Wright Penn (Audrey Dunn), Spencer Treat Clark (Joseph Dunn), Charlayne Woodard (madre de Elijah)

Tan extraño como el caso de Elijah Price (Samuel L. Jackson) es el de David Dunn (Bruce Willis). El primero sufre una rarísima enfermedad ósea que convierte su esqueleto en una estructura fragilísima constantemente susceptible de ser fracturada. El segundo posee una increíble resistencia ante toda suerte de accidentes que lo convierte prácticamente en un caso de auténtica fortuna física andante; de hecho, Dunn, entre otras cosas, es el único superviviente de una catástrofe ferroviaria. Se trata de dos seres humanos en principio tan normales como diametralmente opuestos en sus circunstancias físicas, personales y familiares. Entre ambos se entablará una peculiar relación.







¿Cuántos de nosotros nos levantamos alguna mañana, sobresaltados por la alarma del despertador, seguros de que nacieron para algo más en el mundo? Bienvenidos a otro día en la vida de David Dunn, un hombre cuyo trabajo como agente de seguridad en el estadio de una universidad de Filadelfia sólo le recuerda todo aquello que no fue. Además su matrimonio está en crisis, a pesar de los esfuerzos de su pequeño hijo por lograr que él y su esposa se reconcilien. Pero todo eso cambia el día que, de regreso de una entrevista de trabajo en Nueva York, el tren en que viaja sufre un terrible accidente. Dunn no sólo es el único sobreviviente, sino que, milagrosamente (como le explicará el médico que lo atendió), no sufre herida alguna… ni siquiera un raspón.


Después del incidente, un sujeto llamado Elijah Price, quien padece una extraña enfermedad que hace sus huesos increíblemente frágiles, por lo que le llaman el “Señor Vidrio” desde su infancia, aparece en la vida de David y su familia. Debido a su especial condición, los mejores amigos de Elijah fueron las historietas (o comics, si lo prefieren) que su madre le compraba para matar el tiempo en la cama de algún hospital. En esas viñetas el “Señor Vidrio” concibió un par de teorías, uno: las historietas son una Tabla Roseta, jeroglíficos modernos en los que se han exagerado esos hechos increíbles que la gente no puede explicarse. Dos: si esto es cierto, es probable que exista alguien que sea como un superhéroe, una persona cuyos huesos (su organismo en general) sea inquebrantable. Alguien tan resistente cuyo propósito en la vida sea proteger a aquellos que no pueden cuidarse solos.
Después de escuchar esto, David se despide de Elijah con la esperanza de no volver a verlo. Pero Dunn despertó la curiosidad de Price. Así averigua que Dunn sólo se ha enfermado dos veces en su vida, la primera en su infancia cuando estuvo a punto de ahogarse en la alberca de su escuela, la segunda en un accidente automovilístico que le impidió continuar su carrera como estrella de fútbol americano. Elijah visita a David en su trabajo, donde observa otro posible poder de Dunn. Al parecer él puede “ver” cosas que los demás no, en particular, un sujeto con una pistola niquelada con cacha negra en la fila para entrar al estadio.
Antes de que puedan comprobar las sospechas del guardia, el sospechoso abandona el estadio. Una vez en la calle Elijah se topa con aquel sujeto al que David obligó a retirarse del partido, así que decide seguirlo para comprobar la visión de Dunn. Price descubre que David tenía razón, el sujeto en verdad portaba una pistola con las especificaciones descritas por David, pero este descubrimiento le costó al “Señor Vidrio” múltiples fracturas en el cuerpo que lo obligan a pasar por un largo periodo de recuperación, incluyendo terapia física.
Durante su recuperación, Elijah conoce a Audrey, la esposa de David. Ella le explica que de no haber sido por el accidente que tuvieron en la universidad (sí, ella iba en el auto) ellos no se habrían casado, ya que ella no hubiera podido compartir su vida con alguien cuya profesión significara el dañar a otras personas. Conforme la investigación de Elijah avanza surgen más y más preguntas. Pero, una noche de tormenta torrencial, Price logra que David enfrente la verdad y la misión para la cual fue puesto en la Tierra. Sin embargo, hay quienes afirman que la ignorancia es una bendición. David Dunn aún está lejos de conocer toda la verdad acerca de los últimos acontecimientos en su vida, por lo que tendrá que tomar más de una decisión difícil antes de conocer por la responsabilidad que trae consigo un gran poder.
El Protegido es el cuarto largometraje de M. Night Shyamalan y con él marca el inicio de trabajos más personales -después vendría la magnífica Señales (2002)- en los que el director-guionista nos deja ver de lleno aquellos elementos que, seguramente, poblarán sus trabajos por venir; así en El bosque (2004): hay personas dotadas de extraños poderes, marcados por la tragedia (normalmente un accidente de automóvil) y que, ya sea por esta u otra razón, parecen alejarse de su destino. La especial atención de Shyamalan sobre este último tema es lo que le da su singular fuerza a la cinta.
El Protegido es el retrato de un hombre cuya vida está hueca a pesar de tener amor, trabajo y salud (“mientras haya trabajo…” o “mientras haya salud…” son de esas frases recurrentes que todos hemos escuchado, o usado, más de una vez, ¿no es así?) siempre hay esa sensación de que algo falta, de que la vida no está completa. Una existencia gris que Shyamalan retrata a la perfección con una fotografía ausente de colorismo, con un ritmo lento (a veces demasiado) apoyado en la interpretación de Bruce Willis como un David Dunn apocado, siempre con los brazos colgando a los costados, cuya mirada perdida refleja el vacío que hay en su interior, incapaz de descubrir de dónde viene ese sentimiento, sin darse cuenta que él mismo es la causa de su infortunio.
En esa línea, el personaje interpretado por Samuel L. Jackson (Elijah Price) actúa como una verdadera contraparte de Dunn, no sólo en lo colorido de su vestimenta, sino en su papel dentro de la historia: un hombre con una misión, hiperactivo si consideramos lo delicado de su salud, que no se detendrá ante nada para lograr su objetivo (“no hay nada peor que…”). La correcta interacción entre ambos personajes y un interesante manejo de la mitología creada alrededor de los comics, le brinda a Shyamalan ese desenlace con giro de tuerca que busca en cada una de sus producciones (aún no me recupero totalmente de El Sexto Sentido) y, aunque parezca extraño, que parece restarle fuerza al complemento de la historia, en un final aparentemente flojo y forzado.
Sin embargo, me parece que es precisamente ahí donde uno puede sentir el golpe de un mazo justo en la parte trasera de la cabeza, cuando el guionista-director remata con fuerza su verdadero punto: ¿Cuántas personas deben pagar el precio de que no vivamos al máximo de nuestras posibilidades? ¿Cuánto deben sufrir aquellos a nuestro alrededor por no asumir todo nuestro potencial sin importar lo loable de nuestra excusa (como lo hizo David por Audrey, por amor)? A fin de cuentas, lo que Shyamalan trata de exponer a su auditorio, es el hecho de que las decisiones que cualquiera de nosotros toma tiene repercusiones directas no sólo en nuestras vidas, sino en la de aquellos que nos rodean.
Es fácil pasar por alto las cualidades de esta cinta. Esto quizá se deba a que, a primera vista, El Protegido no cuenta con un remate espeluznante como el que nos entregó en El Sexto Sentido (1998), pero lo cierto es que Shyamalan refina su trabajo con cada nueva entrega y la fuerza del cierre de esta producción puede ser equiparable, o acaso mejor, que el de su anterior largometraje. Sin embargo, una vez que las habilidades especiales con que cuenta el protagonista de la cinta son descubiertas, el público parece esperar un mayor despliegue de ellas, como haría el superhéroe de cualquier número de las casas editoriales de comics más famosas de los EE.UU., pero es necesario ponerse un momento en los zapatos de Elijah Price y leer entre líneas.

Este recién terminado año dos mil será recordado, cinematográficamente hablando, por la definitiva decisión de los grandes estudios de invertir en películas basadas en los comics más populares del momento. El éxito indudable de X-Men ha eliminado cualquier suspicacia al respecto, y el hecho de que un filme como El Protegido, nítido guiño hacia los amantes de tan digno entretenimiento, haya funcionado correctamente en las taquillas, supondrá, con toda seguridad, un paseo triunfal por las taquillas de los más variopintos personajes que nos podamos imaginar. Brindaría por ello.
El Protegido no es una película que entusiasmará a las masas. De hecho, cualquiera que vaya al cine esperando ver una especie de El Sexto sentido 2, mejor sería que se lo pensase dos veces antes de entrar en el cine. Es cierto que el director y guionista, M. Night Shyamalan, sigue el mismo esquema de la película que lo dio a conocer (situación anormal dentro de un ambiente opresivo; búsqueda de la verdad; aceptación de esa realidad; final sorpresivo), pero desde el punto de vista temático son completamente distintas.
Puede que a muchos les exaspere la lentitud con la que transcurre la película (defecto que, aunque no causa sopor en el espectador, le hace desinteresarse en algunos momentos por la historia), pero no deberíamos por ello olvidar las excelencias de un producto bien pensado en el que, no como en El Sexto Sentido, todas las piezas encajan a la perfección. Su media hora final es magnífica, y los minutos en los cuales conocemos la revelación de la película, portentosos, puesto que uno, aún habiéndolo intuido, sonríe pensando: “es verdad, es lógico” (dentro, eso sí, de tan imaginaria propuesta). Qué bonito homenaje, pues, a tan elogiable mundo de la literatura hecha dibujos.
Si encima todo ello se nos presenta con personajes creíbles, que tienen unas vidas en las que sufren y ríen, como cualquier mortal, tanto mejor (aunque que nadie espere encontrar una relación tan bien llevada como la de la madre y su hijo en El Sexto Sentido).
Si hay algo que me queda bien claro tras visionar El Protegido, es el inmenso talento de su realizador. Ahora bien, esperemos que diversifique un poco más sus siguientes trabajos, puesto que precisamente en la polivalencia se halla la genialidad. Vamos, que sería bueno verlo al frente de una comedia o de una película de acción; si saliera airoso del asunto, entonces nadie podría dudar que estamos ante un gran guionista que encima sabe cómo mover la cámara. Y es que aquí el señor Shyamalan (al que le encanta salir en sus películas) dota al filme de algunas secuencias inteligentemente resueltas, tal y como se ve en la inicial, la previa al accidente del tren, cuando David conversa con otra pasajera o, mismamente, la ambientación que consigue con los sonidos y los movimientos del tren.. No obstante, algunas veces se nota su presencia, y eso resta soltura a las escenas; en fin, no todo el mundo puede ser tan bueno como Robert Zemeckis.
Los actores están muy correctos; la interpretación de Bruce Willis no produce ningún entusiasmo, pero tampoco es para ensañarse con él. Un poco mejor está Robin Wright, aunque el que de verdad causa admiración es Samuel L. Jackson, que está asombroso. Es increíble cómo este actor es capaz de enfrentarse a cualquier personaje, dignificándolo y logrando que admiremos profundamente su actuación.
Tras su colaboración conjunta en El Sexto sentido, era lógico que James Newton Howard repitiera con Shyamalan, pues su anterior trabajo conjunto fue de lo más acertado. Aquí no alcanza la genialidad que por momentos se lograba en aquélla, pero tiene aportaciones especialmente dignas, sobre todo cuando la película se introduce en su parte final, ya que es cuando la simbiosis entre música e imágenes raya la perfección.

El Protegido aborda la historia de David Dunn (Bruce Willis), un guardia de seguridad que se convierte en el único superviviente de un letal accidente ferroviario.
Su encuentro con un amante de los comics de superhéroes llamado Elijah Price (Samuel L. Jackson), que padece una rara enfermedad productora de una extrema debilidad en su estructura ósea provocará un sentimiento de incertidumbre sobre su propia naturaleza: ¿Será David un superhéroe a semejanza de los hallados en los tebeos de la Marvel o sólo es una idea surgida de la mente de un extraño enajenado?.
Analizando en globalidad el conjunto de esta nueva película del creador del gran éxito del año pasado El Sexto Sentido se puede advertir una esmerada y loable perspectiva sobre el mundo de los superhéroes, un agradecido sentimiento de filia, respeto y sincero tributo hacia el universo de los comics (especialmente los de la factoría Marvel y DC), un gran trabajo de cámara con predominio de largos planos secuencia y buen manejo narrativo además de una habilidad para traspasar la superficie de sus personajes y dibujar una adecuada atmósfera.
Pero también en El Protegido y, en comparación con el anterior trabajo del director y guionista hindú, Shyamalan despliega un sentido menos intenso de la intriga y el suspense, un distanciamiento emocional entre lo narrado y el espectador y un ritmo anoréxico, que transfiere más premiosidad que pausa en su compás, todo lo contrario que el título del niño que veía muertos.
El asunto tiene una factura visual espléndida y un acercamiento temático valioso por su alejamiento de proyectos similares contaminados por la cultura del videoclip.