ERIN BROCKOVICH

Película estrenada entre 2000

Director: Steven Soderbergh. 2000. EE.UU. Color

Intérpretes: Julia Roberts (Erin Brockovich), Albert Finney (Ed Masry), Aaron Eckhart (George), Marg Helgenberger (Donna Jensen), Peter Coyote (Kurt Potter)


Una madre divorciada dos veces y con tres hijos tiene dificultades para encontrar un empleo. En cierto momento sufre un accidente de coche y demanda al culpable. Después de haber perdido dicha demanda decide pedirle trabajo a su abogado, pues ella considera que éste tiene una deuda con ella por no haber ganado el pleito. En el desarrollo de su puesto descubre por casualidad que se está tratando de encubrir un fraude de contaminación de agua, la cual está causando enfermedades mortales a las personas cercanas a la comunidad. Erin investiga muy a fondo y logra descubrir que demasiadas personas que viven en los alrededores de las instalaciones de Gas y Electricidad del Pací­fico tienen cáncer a causa de tal contaminación.



Luego de sus excelentes obras previas como Out of Sight y Kafka, el director Steven Soderbergh cae pesadamente con una atroz dramatización de la real demanda civil que los habitantes y ex-habitantes del pueblo norteamericano de Hinkley, California, hicieron contra el gigante industrial Pacific Gas & Electric. Este hecho fue una de las mayores pruebas de que los titanes económicos controlan realmente la vida de los ciudadanos comunes, cuyos intereses e incluso su existencia misma pasan a segundo plano cuando se trata de dinero. Desafortunadamente el director elije enfocar la trama, no sobre este evento, sino sobre la vida y milagros de la asistente del despacho de abogados que se encargó de la representación de los ciudadanos en la demanda. Su papel fue evidentemente esencial para que se haya llevado a cabo esto, eso es indudable, pero considerarla un personaje tan importante como para centrar en ella la pelí­cula, no estoy tan seguro.

En pelí­culas como Silkwood (la historia de Karen Silkwood contra las plantas de energí­a nuclear), el énfasis está sobre los hechos mismos. Los protagonistas, además de su papel histórico, sirven principalmente para mover la historia e identificarnos con el peso emocional de sus situaciones. Tal vez Erin Brockovich hubiera sido más afortunada si hubiera seguido ese camino. En cambio, se convierte en una vitrina para la dudosa capacidad histriónica de Julia Roberts. No tengo nada contra esta actriz, pero da pena ver que su caracterización está construida meramente de elementos fí­sicos; la ropa que usa, su coche, las palabras altisonantes que acostumbra usar… no hay ninguna señal de que Roberts está interpretando un personaje; tan sólo se disfrazó
y bueno -tras los retoques pectorales que se realizó- está realmente atractiva.
Y la pelí­cula está a su servicio -variado vestuario, aunque se supone es de clase modesta- y para su lucimiento.

Albert Finney, por otro lado, lleva tan bien su papel que sus escenas parecen venir de otra pelí­cula. Su gusto por los papeles moralmente ambiguos le ha dado la experiencia necesaria para realmente meterse en el personaje del jefe de Brockovich, expresando tácitamente su auténtica preocupación porque la justicia se cumpla, pero sin perder de vista el beneficio económico que le traerá el ver realizada su misión.

Sé que Julia Roberts tiene mucho carisma, y a mucha gente le gusta por eso. Tal vez ellos toleren y hasta gusten de Erin Brockovich, tan sólo por la presencia de la actriz. Para quien necesite algo más para entretenerse, cuidado. Ésta es una pelí­cula plana, muy lejana de poseer los niveles intelectuales de otras obras de este director -las acciones de la Brockovich “basadas en hechos reales”, ofenden a una inteligencia mediana-. Ahora, apenas unas horas luego de haberla visto, lo único que persiste en mi mente es un sorpresivo, pero evidente efecto especial en los primeros cinco minutos de la pelí­cula y el omnipresente escote de Julia Roberts. Me doy cuenta que en ocasiones mis estándares de entretenimiento son bastante bajos -lo reconozco-, ya que la cinta sirvió para distraerme un poco durante las más de dos horas de duración de esta cansada pelí­cula.

Julia Roberts obtuvo el Oscar por su trabajo en este filme. En mi opinión, la Academia cayó bají­simo en sus exigencias artí­sticas.


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