Director: John Fawcett. 2000. Canadá-EE.UU. Color
Intérpretes: Emily Perkins (Brigitte), Katharine Isabelle (Ginger), Kris Lemche (Sam), Mimi Rogers (Pamela), Jesse Moss (Jason), Danielle Hampton (Trina), Peter Keleghan (Mr. Wayne), John Bourgeois, Christopher Redman, Jommy McInnis, Lindsay Leese, Nick Nolan, Lucy Lawless


Dos hermanas adolescentes, Brigitte y Ginger, aborrecen a los de su edad, a los que ven triviales en exceso, mientras que los adultos tratan de ofrecerlas absurdas soluciones. Son unas apátridas, y, dado su aislamiento emocional, deciden pactar: a los dieciséis años, o juntas para siempre, o muertas. De este modo, se inician en un peligroso juego tanático, fantaseando de continuo con la idea del suicidio. Hasta que una bestia ataca a la hermosa Ginger, y se inicia una insólita mutación… Mientras Ginger se convierte en una loba buscadora de sangre, Brigitte intentará encontrar la acción para eliminar a la bestia que su hermana lleva dentro.

Del panteón de las criaturas góticas, quizás el hombre lobo sea la más sufrida, ya que su doble naturaleza le lleva a la marginalidad. Larry Talbot nunca halló la paz. El único alivio para todos los licántropos se encuentra con la muerte, ya que son depredadores a su pesar.
De Canadá nos llega una cinta de mujeres lobo (aun no siendo lo habitual, esta variación posee algunos antecedentes, aunque no tradición en el sentido estricto).
Y Ginger Snaps, pese a su aire iconoclasta, resulta sorprendentemente fiel respecto al ideario que rodea a la figura del licántropo. Dos hermanas adolescentes, Brigitte (Emily Perkins) y Ginger (Katharine Isabelle), aborrecen a los de su edad, a los que ven triviales en exceso, mientras que los adultos tratan de ofrecerlas absurdas soluciones, pero, ¿alguien les ha preguntado?
Son unas apátridas, y, dado su aislamiento emocional, deciden pactar: a los dieciséis años, o juntas para siempre, o muertas. De este modo, se inician en un peligroso juego tanático, fantaseando de continuo con la idea del suicidio. Hasta que una bestia ataca a la hermosa Ginger, y se inicia una insólita mutación…
Obsérvese a favor de la cinta que, aún ambientándose en entornos adolescentes (el instituto, las fiestas “techno”), se otorga una visión adulta de estos personajes, contando con un enfoque feísta y frontal que demuestra que el director, John Fawcett, tiene una voz propia y un mundo que mostrarnos.
Al respecto, llama la atención la multitud de homenajes y guiños respecto a todo tipo de cintas del género (no los enumeraremos, quede como pasatiempos para el aficionado), con lo cual se podría observar cierto abuso de la complicidad del espectador. Incluso, la sencillez de la puesta en escena, aún siendo un acierto, podría deberse a la limitada cultura visual del autor (el contraste con las secuencias de acción, demasiado precipitadas, llama la atención). En todo caso, el tramo final saca un excelente partido a los escenarios cerrados.
Al tratarse de un filme canadiense, no debiera extrañar la profusión de alusiones al universo de Cronenberg. El primer indicio de la transformación es una excrecencia que surge de la rabadilla (Rabia), se acentúa la idea de la propagación de la enfermedad mediante prácticas sexuales (Vinieron de dentro de…), entre otros muchos detalles. Pero Fawcett acentúa el humor del autor de Videodrome (que también lo tiene), ofreciendo una desagradable comedia macabra, que se contempla con el rostro contraído en un rictus obsceno.
La mayor virtud de Ginger Snaps reside en la habilidad para conjugar multitud de elementos y tonos de forma coherente. Funciona a la perfección como corte de mangas al terror adolescente de Wes Craven, como cinta netamente “gore”, como alegoría sobre “el diferente”, como comedia enfermiza… Demos tiempo al tiempo para que John Fawcett descubra su propio universo y lo sepa dotar de imágenes, ya que personalidad y entrañas ha demostrado tener.
Hace tiempo que me siento desilusionado al darme cuenta darme cuenta de que el cine de horror nunca más produciría joyas como Zombi (1978) o La Mosca (versión de Cronenberg), es decir, películas donde el contenido emocional fuera tan importante como el visceral. Para mi sorpresa, la película Ginger Snaps regresa a ese raro estilo en el que se
presta mayor atención a la historia, a los personajes y a sus emociones y menos a los convencionalismos del género.
En Ginger Snaps conocemos a las hermanas Fitzgerald, Brigitte y Ginger, quienes tienen un lazo fraternal extremadamente fuerte. Desde su obsesión por el suicidio y su inusual condición física hasta su odio por las falsedades de la sociedad, las hermanas Fitzgerald comparten una visión de la vida que las aleja de sus compañeros de clase y de su familia, convirtiéndolas en desadaptadas, papel que abrazan vehementemente. Una noche, en una fallida misión para vengarse de una odiosa estudiante que continuamente las ofende, Ginger es atacada por un animal. Las hermanas apenas sobreviven el encuentro, y al poco tiempo se dan cuenta de que el ataque infectó a Ginger con una extraña condición que paulatinamente la transforma en un ser dominado por la agresión y por sus primordiales instintos. Entonces Brigitte, débil y dependiente, se tiene que encargar de controlar a su hermana, cada día más alejada de la especie humana.
El cine moderno de horror, con sus Scream, Scary Movies y Leyenda urbana prácticamente ha castrado al género con sus previsibles argumentos y su nula caracterización. Los personajes se han vuelto meras caricaturas cuya muerte o supervivencia es totalmente irrelevante. Ginger Snaps representa un regreso a las auténticas raíces de ese tipo de cine, cuando la base del suspenso era la construcción de personajes realistas y entrañables, cuyo destino importaba al espectador debido al éxito en convertirlos en gente real, gracias a los diestros guiones y buenas actuaciones.
Ésos son los puntos más importantes del filme y como tales deberían servir como guía para futuros escritores y directores. El desempeño de Emily Perkins y Katharine Isabelle como Brigitte y Ginger, respectivamente, es extraordinario. Las muchachas muestran desde el comienzo una afinidad de caracteres producida por su vida juntas, y sus problemas son tratados con la crudeza característica de la edad adolescente. Las jóvenes actrices logran transmitir mucho más de lo que los diálogos expresan, y la evolución de los personajes durante la película es totalmente creíble. El argumento no es cien por ciento original en su tema, pero sí en la seriedad de su desarrollo. Aunque hay cierto humor, nunca es a expensas del suspenso, ni se usa gratuitamente para tranquilizar a la audiencia. El ritmo es implacable, y el tono sombrío de la cinta oprime al espectador en forma experta.
Éste es el tipo de película de horror en el que el argumento es tan fuerte, las emociones tan intensas y los personajes tan realistas que el elemento fantástico pasa a segundo plano. Adicionalmente, sin revelar demasiado, la escritora ha manufacturado una maravillosa metáfora del despertar a la edad adulta. Los problemas físicos de las muchachas no se deben sólo a lo sobrenatural, sino a lo prosaicamente biológico, pero la unión de ambos enfoques enriquece de contenido a la película y subraya el drama de la cotidiana existencia. No quiero usar la palabra “amor”, porque ha sido tan abaratada por insulsas comedias románticas, pero Ginger Snaps es eso: una historia de amor fraternal tan intenso que desgarra (física o emocionalmente) a los que se interponen entre las muchachas.
A pesar de todo eso la película no es perfecta; hay uno o dos eventos que no fluyen con la naturalidad deseada, y los efectos especiales no están muy pulidos. Pero ese no es el punto de la cinta, por lo que son fallas fácilmente disculpadas, que de cualquier manera no afectan el flujo narrativo.
En una entrevista el director John Fawcett explicó Ginger Snaps como una mezcla entre La Mosca y Criaturas Celestiales. Cuando lo leí pensé que se trataba de una broma, pero en realidad es una descripción asombrosamente precisa. Ambas tratan al amor como una emoción primordial, esencia para la existencia, e indomable cuando se sale de control. El adorno fantástico funciona como alegoría y metáfora, pero el núcleo de la cinta es la relación entre los personajes. Me gustó mucho esta película, y desilusionado por el horror
actual, creo que aún hay esperanza.
