Director: E. Elias Merhige. 2000. EE.UU. Color
Intérpretes: John Malkovich (F.W. Murnau), Willem Dafoe (Max Schrech/Conde Orlock), Cary Elwes (Fritz Arno Wagner), Udo Kier (Albin Grau)

He visto varias veces esta película. La he analizado, la he recreado, la he versionado, la he comentado… y siempre hay algo nuevo. Siempre aparece un nuevo símbolo, una nueva expresión. El penúltimo suspiro fue con La sombra del Vampiro (2000, E. Elías Merhige) donde volví a ver a mi chupasangre preferido sentado en una butaca del Kinépolis, magistralmente interpretado por un irreconocible Willien Dafoe y con el inquietante John Malkovick interpretando al director F.W. Murnau. Y así docenas de versiones, algunas mediocres y otras no tanto, que dejan a Murnau en su lugar, en el del genio.

Willem Dafoe

John Malkovick


Murnau y Schreck

Willem Dafoe como Max Schreck/Conde Orlock

Willem Dafoe como Max Schreck/Conde Orlock

John Malkovich en el papel del director F.W. Murnau

Grau y Murnau

Greta y Max

Greta y Fritz
Parece que, una vez más, como sucedió en los años 80, el cine fantástico será rescatado de la mediocridad por los productores independientes; así como Re-Animator rompió con las interminables secuelas de Viernes 13 y Halloween, espero que el resurgimiento de este género a nivel independiente sacuda a los estudios hollywoodenses del estupor en el que han caído con las consabidas imitaciones de Scream.
La Sombra del Vampiro es uno de esos esfuerzos que, a pesar de un minúsculo presupuesto, contiene más imaginación y auténtico amor por el género que una docena de bodrios de “terror” estelarizados por estrellitas televisivas.
En la trama de esta película se contempla la antigua leyenda urbana que propone que realmente su utilizó un vampiro como protagonista de la cinta muda Nosferatu (1922, F.W. Murnau). La película se da vuelo explotando esa premisa al ponernos en mitad de la supuesta filmación… evidentemente, el hecho de incorporar a un vampiro en el elenco tiene sus consecuencias, y acaba por generar una serie de situaciones que ponen en peligro a todo el equipo de producción, incluso amenazando con la cancelación de la película. Murnau y su estrella, un decrépito vampiro en el atardecer de su “no-vida”, tienen varios choques de opiniones respecto al maquillaje -o ausencia de él-, la validez del cine como medio para obtener inmortalidad y el destino de las personas envueltas en la filmación de ese venerable clásico.
Esta excelente idea está respaldada por sólidas actuaciones y un guión lleno de humor, pero mostrando apropiada reverencia por el Nosferatu original y sus extraordinarios creadores. Sin embargo, no es propiamente una comedia ni una cinta de horror, aunque derrama humor negro y sangre en igual proporción. En el fondo, se trata de un homenaje a los iniciadores del cine y a las ideas que entonces los motivaban. El director F.W. Murnau -interpretado por John Malkovich- aparece como un torturado artista, obsesionado por el realismo y la inmortalidad de su obra. Sus diálogos son sumamente incisivos, y presenta varios monólogos a la vez absurdos por su pretensión, pero profundos en su significado sobre la importancia del cine como arte. Supongo que es fácil hacer la comparación con las producciones actuales, donde el arte consiste en llegar a los codiciados números negros y no en crear una obra longeva y llena de mensaje. Tal vez es un poco inocente pensar que hace casi 80 años la situación era diferente, pero en el contexto de La Sombra del Vampiro, personalmente no he tenido problema alguno en aceptar esa premisa.
El estilo completo de la cinta hace eco de la inocencia de las películas de principios de siglo. Las actuaciones, hasta cierto punto exageradas y grandiosas recuerdan la excesiva expresividad requerida por el cine mudo y ayudan a dibujar a los personajes con trazos grandes y burdos, pero llenos de sutilezas transmitidas por los hábiles actores. Como era de espera, el mencionado Malkovich como Murnau y Willem Dafoe como el vampírico Max Schreck son las estrellas, con su interacción dándole alma a la cinta. Sin embargo, los personajes secundarios son también perfectamente interpretados por excelentes actores; particularmente resaltan el gran Udo Kier como el productor de la película, improvisando soluciones y manteniendo un aire regio a pesar de las difíciles situaciones que enfrenta, y Cary Elwes, como el cínico cinematógrafo, perfectamente enterado de los vicios de las estrellas y siempre pragmático al toparse con la sobrenatural estrella de la cinta… la cámara debe seguir funcionando, sin importar los obstáculos.
Francamente, jamás había oído hablar de E. Elias Merhige, el director de La Sombra del Vampiro, pero deseo -y confío- que sus películas futuras tengan la misma inteligencia e integridad de esta obra, que representa un magnífico esfuerzo, tal vez un poco ligero, pero muy recomendable para cualquier aficionado del cine que quiera ver explicada duramente, pero con gran veracidad- la obsesión por el cine que muchos compartimos.