LO QUE LA VERDAD ESCONDE (What Lies Beneath)

Película estrenada entre 2000

Director: Robert Zemeckis. 2000. EE.UU. Color

Intérpretes: Harrison Ford (Dr. Norman Spencer), Michelle Pfeiffer (Claire
Spencer), Joe Morton (Dr. Drayton), Diana Scarwid (Jody), James Remar (Warren Feur), Miranda Otto (Mary Feur), Amber Valletta (Madison Elizabeth Frank), Katharine Towne (Caitlin Spencer), Victoria Bidewell (Beatrice), Elliot Goretsky (Teddy), Ray Baker (Dr. Stan Powell), Wendy Crewson (Elena)


Norman y Claire parecen ser una pareja muy normal; él es profesor de genética y ella ama de casa. El principal problema de Claire es su soledad tras la marcha de su hija a una universidad. Hasta que de por medio aparece un supuesto fantasma. Fenómenos paranormales acosarán en la casa a Claire, lo que podrí­an ser manifestaciones de la mujer con que su marido la engañó en el pasado hasta que ésta murió en circunstancias nunca aclaradas. La tensión llevará a Claire a temer por su vida y sospechar incluso de su marido Norman tras averiguar insospechados secretos sobre él y su matrimonio. Quizá Norman no haya dado todaví­a por concluida aquella aventura amorosa.


Pongo en duda que, tal como ha dicho Harrison Ford, el talento de Hitchcock haya sido ya superado, o por lo menos, si Ford se referí­a a esta pelí­cula, su visión es más que optimista. Y no la estoy clasificando ya como un mal producto, pero desde luego, nada que ver con el maestro del suspense. Lo cierto es que Lo que la verdad esconde es una pelí­cula muy correcta, que se mueve peligrosamente entre el homenaje y la copia descarada al director británico-americano. Reminiscencias del Sospecha que él pudo hacer o la tensión psicológica de Rebeca y mucho más claras referencias a Psicosis. Además, juega con el manido tema de la casa encantada y los muertos vivientes al más puro estilo de El sexto sentido. E, importantí­smo para los que no hayan visto todaví­a esta pelí­cula, que se resguarden de esa pésima campaña publicitaria que destroza la muy conseguida tensión a lo largo de toda la trama y las sorpresas que nos ofrece.

Lo que la verdad esconde, a pesar de su lento principio, te engancha. Pero sin embargo hay algo que falla en ella. Y es que, pese a que te involucras en la trama, hay pasajes que parecen como muy forzados, casi ridí­culos. Y aunque son escasos, rompen los esquemas del espectador y le hacen desconectar y perder momentáneamente el interés en la pelí­cula. Pero, por el contrario, tiene escenas de cortar la respiración, y media docena de sustos muy bien dados, de pegar salto en la butaca. La atmósfera resulta opresiva y, al igual que la música “herrmanniana”, tremendamente eficaz, la angustia se apodera muy pronto del espectador y no le dejará en paz hasta el mismí­simo final del filme. Éste quizá resulte un poco sacado de quicio, con diez minutos menos habrí­a sido un filme más redondo, pues cae de alguna manera en la fórmula del asesino que no hay quien lo mate, hasta perder la verosimilitud que, pese a todo, el guión habí­a sabido mantener.

La pelí­cula en ningún momento se molesta por ocultar que es un producto directamente horneado para reventar taquillas, pero sí­ se esfuerza por alcanzar un nivel decente de calidad. Para ello, la factorí­a Dreamworks ha reunido un equipo de impresión. Tras la cámara, el buen hacer de Robert Zemeckis que ofrece algunas tomas de estas que más tarde se pondrán en las clases de cine para analizar a fondo, y estoy seguro de que algún crí­tico pedantillo le va a reprochar un “abuso” por el mero hecho de ser un director de hoy en dí­a. Y por supuesto la muy atractiva pareja protagonista formada por dos actores necesitados del éxito, que aunque están en horas bajas, siguen siendo de los pocos que pueden presumir de ser verdaderas estrellas como las de antaño: Harrison Ford y Michelle Pfeiffer. Sus interpretaciones son verdaderamente sorprendentes. Él se desprende del envaramiento que últimamente mostraba con alarmante frecuencia, mientras que ella hace el dificilí­simo papel de mujer atormentada sin caer en el fácil ridí­culo. Su mirada expresa la angustia, la impotencia y la incomprensión de lo que le está pasando y gran parte de la conexión que el público hace con ella, es gracias a su actuación.

En definitiva, es una pelí­cula irregular pero globalmente muy interesante, de estas que hacen pasar miedo de verdad. Porque, pese a no tener la calidad de los grandes clásicos, Lo que la verdad esconde consigue ese clí­max, con los trucos más tramposos, pero lo consigue. Y mantenerlo dos horas no es algo fácil de hacer, algo que la hace merecedora de ser vista por los seguidores del cine de terror.


Me ha gustado bastante la Pfeiffer. Independientemente de su magní­fico fí­sico, suele trabajar bien.Tampoco está mal la ambientación, la fotografí­a y demás aspectos técnicos.

Memorable la escena de la bañera, aunque el juego del vaho en esta habitación de la casa está más que visto y no consigue asustarme en ningún momento. También están muy manidos los reflejos de la cara del fantasma, en ningún momento inquietantes por falsos.

Falla el guión, convencional y soso. A Ford no le dan el protagonismo hasta la segunda mitad, y creo que es un error, pues se podrí­a haber explotado más la idea de la locura de su mujer que tanto preocupa al marido. Habrí­a estado bien que el espectador se encariñara de verdad con la pareja, con ambos, para sorprenderle más adelante con el giro argumental del asesinato. Para esto habrí­a que dar igual protagonismo a ambos, mostrar mejor el sufrimiento y preocupación por los problemas de ella y ofrecer algunas pistas o detalles que hicieran creí­ble más adelante todo el tinglado, cosa que no sucede en el guión empleado aquí­.

Tampoco me gusta que mezclen referencias a Hitchcock con sustos fáciles dignos de las peores pelí­culas de adolescentes (son ridí­culas las apariciones de Ford reflejadas en los espejos, esperando a que su cara quede perfectamente encuadrada para, pasados unos segundos descaradamente calculados, atacar a su “presa·).

En definitiva, creo que la historia sobrenatural sobra en este caso y estropea en parte el conjunto. No obstante, resulta entretenida.


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