Dirección: John Woo. 2000. EE.UU. Color
Intérpretes: Tom Cruise (Ethan Hunt), Dougray Scott (Sean Ambrose), Thandie Newton (Nyah Hall), Ving Rhames (Luther Stickell), William R. Mapother (Wallis), Brendan Gleeson (McCoy), John Polson (Billy Baird), Anthony Hopkins (Swanbeck)

El agente especial Ethan Hunt tiene una nueva misión: evitar que un despiadado ex-agente y ahora terrorista internacional se haga con un virus mortal que podría soltar sobre Australia causando millones de víctimas. Para evitarlo, contará otra vez con la inestimable ayuda del genio informático Luther Stickell, del experto conductor Billy Baird y de la presencia de la sensual y exótica ladrona internacional Nhye, que en el pasado mantuvo una relación sentimental con el criminal y que ahora se siente atraída por Hunt.

Es una de las películas más esperadas y espectaculares de la temporada y, en lo que llevamos de año, la de recaudación más abultada, llegando a los cien millones de dólares en tan sólo cinco días. Además, demuestra que Tom Cruise sabe dirigir su carrera, pues tras sus coqueteos con el cine minoritario y de gran éxito crítico con Magnolia y Eyes Wide Shut, ha vuelto a reventar taquillas con la segunda parte de su primera y muy satisfactoria experiencia como productor: Misión Imposible.
Para esta segunda parte, Brian De Palma no ha querido ponerse tras las cámaras por diferencias creativas con el todopoderoso protagonista y ése es, junto con un insulso
argumento (extrañamente, obra del renombrado Robert Towne, guionista de Chinatown), el principal lastre del filme. Porque su sustituto, John Woo ha destrozado todo el encanto de la primera parte. La escena anterior a los títulos de crédito nos
prepara para la
trampa de utilizar una y otra vez hasta la extenuación el recurso de las caretas, que acaba siendo una burda manera de darle a la trama los giros que el
ingenio
no ha sabido darle. La primera parte respeta los propósitos de su antecesora, pero sin los mismos resultados. Lo que en manos del maestro De Palma era una intriga elegante y estilizada, rodada con un soberbio estilo visual, se convierte aquí en un romance hortera aderezado con dosis de efectos especiales, y con una estética más propia de los anuncios de perfume que del cine de espionaje de alto voltaje. Dejando aparte el encontrarnos con unas surrealistas Fallas en la Semana Santa Sevillana y los comentarios misóginos de un visto y no visto Anthony Hopkins, la historia de amor surge de la manera más inexplicable (todos recordamos lo reticente que era Cruise a las proposiciones de Emmanuel Beart en la primera parte), para luego ver cómo la película se transforma en un “remake” inconfesado de
Encadenados
(1946) de Hitchcock, pero donde el talento del maestro brilla por su ausencia. A continuación empieza lo mejor de la película, lo que realmente está a la altura de la serie y de la primera parte; aunque repita más o menos sus mismos movimientos, consigue que el espectador vibre en la butaca. Pero llegada la última parte, se pone en marcha toda la “maquinaria John Woo” y la pantalla se inunda de tantas balas como inverosimilitudes. Y, sí, tendrá mucha estética de la violencia (¿es por su poca estética que ciertas heridas desaparecen como por arte de magia?), pero la última media hora es únicamente lucha imposible, motos incluidas, entre el protagonista y su rival, con mucha ridícula coreografía, pero sin credibilidad ni entretenimiento.
En fin, que de toda esta tomadura de pelo (hasta la estupenda melodía ha sido machacada) pueden recibir tímidos elogios los dos protagonistas: Thandie Newton, por su original belleza y su sensible interpretación, y Cruise porque, si bien podría haber cuidado más su actuación en vez de tanta acrobacia, hay que reconocer que son estos papeles poco exigentes los que mejor sabe hacer, exceptuando esas caras de velocidad que producen vergüenza ajena. Pero igual que me confieso profundamente decepcionado con este auténtico despropósito, también sé que todo lo que aquí he criticado, a otros puede causarles euforia. Y, aunque no lo comprendo, sí afirmo que esta película a algunos les dará lo que buscan. Pero yo buscaba cine, y esto no lo es -en mi opinión, naturalmente-.

Cuando Tom Cruise anunció que la nueva entrega de Misión Imposible sería bastante distinta a la cinta original, y que para ello contrataría los servicios del venerado (por algunos) director John Woo, me eché a temblar. Sin embargo, una vez vista la película me doy cuenta de que Woo no tiene la culpa de que esta secuela no funcione. De hecho, y aunque su realización es bastante inferior a la que De Palma llevó a cabo en su momento, cumple con decoro su cometido y no abusa de las ralentizaciones tan típicas en él (ahora la acción casi siempre es en tiempo real), aunque sí recurre a ciertos elementos característicos en su cine (y que como no los elimine van a hartar hasta a sus más acérrimos defensores).
Pero el problema de Misión: Imposible 2 no es John Woo. El verdadero problema de esta película es que, aún anunciándose como algo distinto a la primera parte, finalmente es idéntica a ésta salvo en su envoltorio. Es decir, hay un argumento relativamente sofisticado (aunque menos confuso) donde prevalece la intriga frente a cualquier otra característica. Y, por supuesto, apenas hay acción, que sólo llegará en los minutos finales. Por si fuera poco se recuperan (yo diría que se explotan) situaciones ya
vistas, como el uso de las máscaras para falsear personalidades o la entrada sigilosa en un lugar cerrado y altamente vigilado. Y, por supuesto, a nadie le interesa el argumento, todos quieren que llegue la, en teoría, apoteósica secuencia final; desgraciadamente, aquí decepciona en exceso, mezclándose una rutinaria aunque eficaz persecución en moto con una pelea cuerpo a cuerpo entre Hunt y Ambrose. En fin, nada de espectacularidad; de hecho, este combate final se queda a años luz de aquél que vimos en Matrix: decepcionante. Aún no me explico en qué han gastado el presupuesto.
Por supuesto aún se puede decir que determinados momentos están bastante bien. Así sucede en la arriesgada escalada que lleva a cabo el protagonista durante sus vacaciones (y que llega a producir vértigo; es todo un acierto que el propio Cruise realizara esas escenas), o el duelo automovilístico que se marcan Hunt y Nyah. Al respecto, cabe decir que Thandie Newton es todo un hallazgo, es una pena que su papel disminuya según avanza la película.
La música de Hans Zimmer es de ésas que causan polémica. Es incuestionable su eficacia, pero no se puede decir que el alemán se haya esmerado en exceso a la hora de componerla. En mi opinión, destroza el tema central de la serie
que tan magistralmente había arreglado Danny Elfman, y lleva a cabo un abuso de la música electrónica, con un claro predominio de la guitarra eléctrica. Desgraciadamente, también vuelve a colaborar con Lisa Gerrard, algo que ya cansa un poco, sobre todo porque aquí su voz ya no pinta nada. Y si no, basta comprobarlo en la escena en la que Cruise y Newton se miran con cara de pasmados durante la persecución por las carreteras de Andalucía. Es una pena, porque hay algunas músicas muy acertadas, como el tema de amor con guitarra (no eléctrica) que se escucha justo al final de la película. Con todo, la primera me gustó más.