Director: Steven Soderbergh. 2000. RFA-EE.UU. 2000. Color
Intérpretes: Michael Douglas (Robert Wakefield), Don Cheadle (Montel Gordon), Benicio Del Toro (Javier Rodriguez), Luis Guzmán (Ray Castro), Dennis Quaid (Arnie Metzger), Catherine Zeta-Jones (Helena Ayala), Amy Irving (Barbara Wakefield), Steven Bauer (Carlos Ayala), Erioka Christensen (Caroline Wakefield), Clifton Collins Jr. (Francisco Flores), Miguel Ferrer (Eduardo Ruiz), Topher Grace (Seth Abrahams)

Traffic es un recorrido por el mundo de la droga, dibujado a través de las historias de unos personajes de diferente condición pero igualmente víctimas de tan vicioso mundo. Del narcotraficante al drogadicto, pasando por el policía, el abogado, el juez, el delator,… todos ellos muestran en esta enrevesada ficción, rodada en buena parte con técnicas semi-documentales, su particular balanza de atracción y rechazo hacia la droga y todo cuanto la rodea.

Steven Soderbergh está de suerte. La crítica lo adora a pesar de haberse introducido de lleno en terrenos más comerciales, y las productoras están más que satisfechas con los beneficios que sus filmes les reportan. Sin embargo, mis palabras no van a ser de rendida pleitesía; es más, y al igual que sucedía con Ridley Scott en Gladiador (también nominada al Oscar a la mejor película y al mejor director), el que más estorba durante todo el metraje es el propio realizador. Adoptar “técnicas” del cine independiente (que, no nos engañemos, se utilizan primordialmente por carencia de presupuesto más que por supuestas finalidades creativas) es, en mi opinión, un tremendo error.
Mitigar los colores, o incluso eliminarlos del todo (como incomprensiblemente sucede en las secuencias que transcurren en México), y disponer de la cámara como si uno estuviera rodando un documental, no son, a mi entender, soluciones que aporten verosimilitud a toda una historia. Como mucho, son recursos acertados para un determinado número de escenas, pero, díganme, ¿en verdad cabe emplearlas, por ejemplo, en aquellos momentos en los que se exponen los conflictos personales de los protagonistas? Por tanto, al director Soderbergh sólo le atribuyo un mérito (bien cierto que no es exiguo): sabe dirigir muy bien a sus actores, pues son ellos, y el guionista, los verdaderos artífices de las bondades de Traffic.
Precisamente lo mejor de la película se halla en esos dramas personales que un tema común, la droga, produce en los personajes. Momentos como aquellos en los que Caroline se droga con sus amigos y uno de ellos cae al suelo, afectado por toda la porquería que ha introducido en su cuerpo, evidencian el egoísmo de unos jóvenes que, poseyéndolo todo (al menos desde un punto de vista material), terminan ahogados en su propio vacío. O el juez Wakefield (estupendo Michael Douglas), que se muestra impotente (él, máximo responsable de luchar contra la droga en su país) al comprobar que su hija es una drogadicta. Javier (gran actuación de Benicio del Toro), que tan sólo quiere sobrevivir y, en principio, se muestra sumiso frente a la corrupción y la miseria que lo rodea. O, finalmente, Helena (una acertada Catherine Zeta-Jones), que no duda en ponerse una venda en los ojos con tal de que su vida sea idéntica a como era antes de que a su marido -un acaudalado traficante- lo encerraran en prisión. Todos ellos son personajes creíbles y muy bien construidos, y los actores que los interpretan realizan un trabajo magnífico y digno de consideración.
Resumiendo, Traffic es una buena película, aunque no excelente. Si Soderbergh se hubiera contenido un poquito y recordara que las verdaderas estrellas son los personajes -y no él-, aún sería mejor (hay que fijarse cómo desaprovecha la escena en la que explota la bomba situada debajo de un automóvil, destinada a acabar con la vida de un confidente de la policía). Por otra parte, los minutos finales, destinados a complacer al espectador (Caroline más parece estar en una “secta” que en un grupo de ayuda), contrastan con la dureza que durante más de dos horas se nos ha mostrado. En fin, como decía antes, al menos nos encontramos con un sólido guión que se desarrolla en una película aceptablemente entretenida, si tenemos en cuenta su larga duración.

Traffic narra varias historias entrelazadas pero sometidas a un punto común, la lucha contra el narcotráfico. Un importante juez anti-drogas con problemas con su hija toxicómana, una pareja de policías mexicanos ayudando al ejército a desmantelar un cártel de “narcos”, otro dúo de agentes pertenecientes al DEA (Unidad para la lucha contra las drogas estadounidense) y una mujer desesperada porque han detenido a su adinerado marido acusado de traficar con estupefacientes.
Cuando una película aborda temáticas de gran interés y preocupación social siempre se tiende a elogiar los valores críticos inherentes a la misma.
Traffic es un buen filme coral de planeamiento ambicioso, pues Soderbergh intenta desplegar desde un enfoque naturalista que evita el maniqueísmo todo el conglomerado que rodea al tráfico de drogas mediante un entramado complejo pero coherente, apuntalado con una realización en tono documental de práctica vibrante y audaz, una fotografía muy racionalizada con matices sepia para reseñar los ambientes más sórdidos y crudos del mundo polvoriento del narcotráfico mexicano y azulones cuando se mueve entre despachos y hogares de las grandes ciudades americanas.
Para redondear el conjunto, unas magníficas interpretaciones, en especial Michael Douglas y sobre todo, Benicio del Toro.
Sin afán de sermonear, Soderbergh escruta con desabrimiento, pero con confianza las consecuencias del tema en la globalidad social desde múltiples perspectivas pero con especial incidencia en la familia y dentro de ella, en la juventud y niñez.
Alguna reiteración de motivos y la dispersión de caracteres, tramas e incluso texturas que puede despistar al espectador poco avispado son los puntos flacos de un título, no obstante, a respetar por los buenos aficionados al cine.