Director: Sandra Nettelbeck. 2001. Italia-Alemania-Austria-Suecia. Color
Intérpretes: Martina Gedeck (Martha Klein), Sergio Castellitto (Mario), Maxime Foerste (Lina), Ulrich Thomsen (Sam Thalberg), Sibylle Canonica (Frida), Katja Studt (Lea), Idil íœner (Bernadette), Oliver Broumis (Jan), Antonio Wannek (Carlos)

Martha, una encantadora cocinera apasionada por su profesión, realiza verdaderas obras de arte culinarias en un pequeño restaurante de Hamburgo. Aún así su vida es bastante monótona. Martha es introvertida, no tiene prácticamente vida social y vive únicamente para su trabajo. Pero su vida cambiará de repente cuando su hermana, una soltera que vivía sola con su hija de ocho años, muere en un accidente. Martha se hace cargo de Lina, su sobrina, que sufre mucho por la muerte de su madre. Solo la presencia de Mario, un compañero italiano de Martha, pondrá un poco de alegría y de “pasta ” en sus vidas. Mario pasa de ser un rival a un buen amigo. Pero un día el padre de Lina, al que Martha había intentado localizar, aparece en su puerta. Quiere llevarse a su hija a Italia y Martha tiene que tomar una decisión.
La vida de la treintañera Martha no puede ser más sencilla. Introvertida y egoísta, esquiva cualquier clase de compromiso personal y vuelca todas sus energías en su trabajo de chef en uno de los más prestigiosos restaurantes franceses de Hamburgo. Su mundo es limitado, pero ella es feliz así. Hasta que un día las cosas cambian radicalmente: su hermana soltera muere en un accidente de tráfico y debe hacerse cargo de su sobrina de ocho años. Por si las complicaciones que esto conlleva no fueran suficientes, el propietario de su comedor contrata a un extravagante cocinero italiano para que la ayude. En un principio, Martha cree que su perfecto mundo se va a desmoronar, pero poco a poco empieza a darse cuenta de que a su vida le faltaban muchas cosas…
Una comedia gastronómica llena de esperanza que demuestra que, muchas veces, las razones del corazón deben anteponerse a las de la razón. Y que, desde luego, una persona es mucho más feliz con el estómago satisfecho.

Martha es cocinera. No sólo porque trabaje en una cocina y sea jefa de la cocina de un excelente restaurante de Hamburgo, sino porque, poco acostumbrada a expresarse con las palabras, utiliza las materias primas, los sabores, y los equilibrios de los alimentos para contar al mundo lo que ella es. Un día Martha recibe una noticia que cambiará su vida: su hermana ha fallecido en accidente. Su sobrina Lina, a quien su padre abandonó cuando era muy pequeña, vivirá a partir de ese momento con ella.

Martha, que no puede vivir sin un perfecto orden y escrupulosa planificación y limpieza, que no ha aprendido a expresar caricias ni con su cuerpo ni con su voz, inicia un recorrido por las materias primas de sus sentimientos, porque el perfecto hermetismo con el que conducía su vida, su equipo y sus platos sufrirá un terremoto al dejar entrar lo que es pura exteriorización: los niños (en la figura de su sobrina), y el amor (en la figura de Mario, que le provoca sensaciones de competencia -entra en su cocina y se adueña de sus espacios naturales- y pasión). Tendrá que elegir Martha entre dejar que la vida entre en su vida (viviendo con su sobrina, a pesar de la búsqueda del padre, y admitir que lo que siente por Mario es un torbellino que va a rodearla por todas partes), o quedarse en el lugar en el que nada ni nadie se mueven sin su expresa autorización. Preciosa historia, preciosa película, muy buena interpretación, muy buena escenificación de lo que es una cocina profesional, una cocina en la que la comida de la “familia” (personal) entra como acto cotidiano; una cocina en la que -¡por fin!- no hay persecuciones mientras el policía se lía a porrazos con las columnas de platos, tirándolos por el suelo cuando el gánster está a punto de escapar por la puerta trasera (eso poniéndonos en el mejor de los casos y suponiendo que el policía no se detiene para probar alguna salsa y darle su punto de vista al cocinero) (¿?); una cocina en la que una queja de un cliente puede provocar auténticos volcanes de ira en el jefe de cocina; o una cocina en la que la cámara de alimentos sirve como refugio -y antídoto- para explosiones de sentimientos.
Una objeción: el modo en que es tratado el psicoanalista. Excesiva caricaturización que, lejos de romper tensiones, crea desconcierto. No tanto porque su figura no hubiese podido ser muy interesante, mostrándonos lo que queda oculto durante la película, sino porque no consigue hacerlo creíble. Lástima. Pero es una deliciosa película.


