HAGAN JUEGO (Ocean´s Eleven)

Película estrenada entre 2001

Director: Steven Soderbergh. 2001. EE.UU. Color

Intérpretes:
George Clooney (Danny Ocean), Brad Pitt (Dusty Ryan), Julia Roberts (Tess Ocean), Casey Affleck (Virgil Malloy), Scott Caan (Turk Malloy), Don Cheadle (Roscoe Means), Matt Damon (Linus Caldwell), Andy Garcia (Harry Benedict), Elliot Gould (Ruben Tischkoff)


Danny Ocean (George Clooney) es un hombre de acción. En menos de 24 horas fuera de una penitenciarí­a de Nueva Jersey en libertad condicional, el sardónico y carismático ladrón ya está urdiendo su próximo plan. Siguiendo tres reglas -no herir a nadie, no robar a nadie que no se lo merezca y jugar como si no tuviera nada que perder- Danny organiza el golpe más sofisticado y elaborado de toda la historia a un casino. En una noche, los once especialistas a los que Danny eligió cuidadosamente -entre los que se cuentan un astuto as de las cartas (Brad Pitt), un magistral carterista (Matt Damon) y un genio demoledor (Don Cheadle- intentarán robar unos 150 millones de dólares de los tres casinos de Las Vegas de los que es dueño Terry Benedict (Andy Garcia), un elegante y despiadado empresario que acaba de empezar a salir con Tess (Julia Roberts), la exmujer de Danny. ¿Coincidencia o motivo? Sólo Danny lo sabe con seguridad. Para conseguir el dinero, tendrá que arriesgar su vida y la posibilidad de reconciliarse con Tess. Pero si todo sale de acuerdo con el intrincado y casi imposible plan de Danny, no tendrá que elegir entre el robo y su importantí­sima reunión con Tess… o ¿sí­?


Partiendo de la base de que el cine nació como una atracción de feria, más como un pasatiempo que como un avance cientí­fico, parece mentira que sea tan complicado llevarse a la boca un bocado de mero entretenimiento sin tener que sufrir que al espectador se le tome por un mamí­fero engullidor de palomitas. Es tarea difí­cil, a menudo imposible, hallar en las carteleras un tipo de cine que antes abundaba y contagiaba entusiasmo. Un cine de acción, de aventuras o misterio que no se basaba en la saturación, la aceleración o la acumulación sino en la dosificación sabia de elementos que conseguí­an una factura fí­lmica modélica sin apartarse en ningún momento del tan honesto como difí­cil fin de distraer.

Harto ya de personajes cuyo carisma es equivalente al de un protozoo, de argumentos archiconocidos resueltos a golpe de arma de gran calibre y señoritas neumáticas, se agradece la presencia en la cartelera de una pelí­cula con el añejo sabor de la aventura pero rodada con el entusiasmo y la pericia de lo contemporáneo.
Hagan juego retoma aquella idea de la pelí­cula coral, donde la colectividad sustituye al divismo (pese a que la gran mayorí­a de los presentes sirva, por sí­ solo, de cabeza de cartel de cualquier producción al uso). “Remake” de una farsa sobre ladrones de guante blanco llevada a cabo por Frank Sinatra y su “rat pack” hace unas cuantas décadas, Hagan juego elimina el chapucerismo de la original aunque, es cierto, también desaparece la sensación de “colegueo” y cachondeo de la primera versión para ofrecernos un prototí­pico filme sobre ese subgénero que tan buenas pelí­culas ha dado como es el cine de robos.

Soderbergh, recién laureado con el Oscar, prefiere darse un respiro artí­stico y apuntarse un tanto popular al dirigir, con la solvencia y la elegancia que le caracteriza, los pormenores de un atraco audaz a tres casinos de Las Vegas. Si el gran atractivo de Hagan juego es, en principio, su irreprochable plantel de estrellas, lo cierto es que el contenido está al menos a la altura del continente.
La trama amable, cómica aunque sin desdeñar cierta melancolí­a, se extiende con creciente interés a lo largo de una narración no por previsible menos entretenida. La pelí­cula sigue el modelo básico de las pelí­culas con protagonismo múltiple presentando a los personajes primero, para, a continuación, observar su trabajo en equipo y dejar boquiabierto al espectador con toda una demostración de pericia y osadí­a. La pelí­cula mantiene en todo momento el interés suscitado desde su comienzo y ello se produce gracias a la labor conjunta de su director (que también firma la fotografí­a aunque camuflado bajo seudónimo), del guionista y de un conjunto de actores donde destaca la sonrisa cí­nica y el inexcusable atractivo de un George Clooney muy en su papel. Por cierto, magnifica banda sonora, en la que tan sólo se echa de menos un tema de Sinatra.


Luces y estrellas en Las Vegas

La excusa es el estimulante robo de una bóveda casi inexpugnable que aloja los millones de dólares que desfilan por tres de los casinos más importantes de Las Vegas. La verdadera razón son los nombres, verdaderas estrellas de cine, que se juntaron para darle curso al proyecto Hagan juego (Ocean’s Eleven) -tí­tulo original- y concebir el “remake” modernizada de la pelí­cula de 1960, que tení­a como figuras estelares nada menos que a los principales í­dolos de la época: Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis, Peter Lawford y Joey Bishop. En esta ocasión, y dejando de lado las comparaciones, los escogidos fueron George Clooney, Brad Pitt, Matt Damon, Julia Roberts y Andy Garcí­a, comandados por el prestigioso director Steven Soderbergh, el mismo que se lució en Erin Brockovich
y Traffic.

Hagan juego es el tipo de pelí­cula que reúne todos los ingredientes necesarios para enganchar al gran público: ¿o acaso alguien le dirí­a que no a una cinta protagonizada por estos actores, dirigida por el realizador del momento, filmada entre el colorido glamour de Las Vegas y, por si fuera poco, que trata de un grupo de bandidos de primer nivel que planea realizar el atraco más desopilante de la historia? Pensada en pos del lucimiento de sus estrellas, justamente en la ciudad de las luces, puede decirse que la pelí­cula termina regalando lo que promete, un buen rato de diversión y suspenso, y no decepciona.

Apenas salido de la cárcel, Danny Ocean (Clooney) resuelve buscar a su compinche Rusty Ryan (Pitt) para proponerle ser socio de su descabellada pero apasionante idea, el golpe que nadie ha podido realizar jamás. Lo siguiente, una vez que los amigos consiguieron la plata para financiar su costoso proyecto, era reclutar a un grupo de talentosos especialistas que serí­an de suma utilidad en cada una de las etapas del plan. Y una vez definidos los (once) integrantes de la banda -todos con rasgos peculiares y no siempre tan pintorescos como seguramente se pretendí­a-, el objetivo era llevar a cabo el gran desafí­o.

El principal mérito de Soderbergh en esta pelí­cula reside en su capacidad para dotar a la trama de una dinámica e intensidad casi incesantes, que sirven para compensar la falta de un verdadero peso especí­fico en la historia. Por eso decide darle un papel activo a la cámara, tanto para filmar a los personajes como para recorrer desde distintos ángulos la esplendorosa ciudad en la que se desarrolla la acción. Además, su acertado manejo de los ritmos y tiempos narrativos impiden que la historia caiga en baches demasiado profundos. Siempre hay algo interesante para ver, o algún comentario divertido para escuchar, o un poco de suspenso para palpitar. Y cuando no, la simpatí­a de Clooney, la personalidad de Brad Pitt, el despiadado villano que interpreta Garcí­a, o la belleza de Julia Roberts amenizan cualquier mala situación latente.

Sin duda no es una pelí­cula inolvidable, como tampoco lo fue la versión original que la inspiró. Se trata de un filme que ayuda a descubrir la parte glamurosa y frí­vola que todos llevamos dentro. Cae en varios lugares comunes del género, sí­. Hace de los buenos más buenos, brillantes, ingeniosos e inteligentes que los malos, y que el resto de nosotros, cierto también. Pero no es una pelí­cula más. Es esa pelí­cula que, al menos la gran mayorí­a, disfruta ver. Lo cual no es nada despreciable..


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