Director: Wes Anderson. 2001. EE.UU. Color
Intérpretes: Gene Hackman (Royal O’Reilly Tenenbaum), Anjelica Huston (Etheline
Tenenbaum), Ben Stiller (Chas Tenenbaum), Gwyneth Paltrow (Margot Helen Tenenbaum), Luke Wilson (Richie “Baumer” Tenenbaum), Owen Wilson (Elijah
Tenenbaum), Danny Glover (Henry Sherman), Bill Murray (Raleigh St. Clair), Seymour Cassel (Dusty), Kumar Pallana (Pagoda), Alec Baldwin (voz del narrador), Grant Rosenmeyer (Ari Tenenbaum), Jonah Meyerson (Uzi Tenenbaum)

Los Tenenbaums son una peculiar familia en la que cada uno de sus miembros supone un verdadero universo de comportamientos anómalos y experiencias surrealistas. Las relaciones entre tan extraña fauna darán lugar a las situaciones más divertidas cuando el descerebrado cabeza de familia, después de más de quince años de abandono familiar, decide recuperar el calor filial y marital fingiendo un cáncer de estómago. A lo largo de seis semanas indagará en las personalidades de cada uno de sus vástagos, intentará reconquistar a su mujer y será el mayor cómplice e instigador para sus dos gamberros nietos.

Luego de su auspicioso debut (Rushmore) el director Wes Anderson ha conseguido atraer un impresionante elenco para su segunda película. Los Tenenbaums, una familia de genios, para bien o para mal, hace apropiado uso del mismo humor de Rushmore, que aunque resulta más apetecible que el de las blandas comedias contemporáneas, peca mucho de pretensión, ahogando su sardónico tono con una artificial sofisticación que en ocasiones obstruye las actuaciones y las hace ver afectadas y demasiado auto-conscientes.
La trama narra un pasaje en la vida de una extraña familia, cuyo bizarro comportamiento contrasta con la supuesta genialidad de sus miembros: una ex estrella del tenis, un genio financiero y una prestigiada dramaturga fueron fuertemente influidos por sus padres; Royal (Gene Hackman), el voluble y deshonesto padre los ignoró y humilló a cada paso, pero le deben también la férrea voluntad con la que los dotó. Y Ethel (Anjelica Houston), su sufrida e intelectual madre los condujo a sacar el máximo provecho de su intelecto. El resultado es que años después de que sus padres se divorciaron y de que se fragmentó la familia, Chas (Ben Stiller), Margot (Gwyneth Paltrow) y Richie (Luke Wilson) vuelven a casa, cada uno arrastrando sus problemas emocionales, cuando se enteran de que Royal, su padre, está muriendo y quiere “arreglar las cosas” con sus hijos. El problema es que los hijos tal vez no están tan dispuestos a olvidar tan fácilmente el pasado, lo que obliga a Royal a tomar medidas más drásticas para recuperar el amor de su prole.
Al igual que en Rushmore, el director Wes Anderson y el guionista Owen Wilson (sí, el actor, quien también tiene un corto papel en Los Tenenbaums, una familia de genios) han creado una obra llena de detalles humorísticos que de algún modo se mezclan maravillosamente con el drama de las situaciones que presenciamos en la pantalla, pero el resultado no es el fácil melodrama de, por ejemplo, “As Good As It Gets”, sino un novedoso estilo que de algún modo exige al espectador toda su concentración para siquiera asimilar el tono de la película. Para algunos funcionará esto y para otros no. El humor no es muy convencional, y aunque mezcla libremente la comedia situacional con el “slapstick” y la parodia, nunca es fácil de digerir, y está tan integrado a las actuaciones (extremadamente serias, pero siempre con un guiño a la audiencia) que en más de una ocasión se bloquean mutuamente.
Y en eso radica la principal falla de Los Tenenbaums, una familia de genios. Las actuaciones son, por sí mismas, sobresalientes, pero exceptuando al titánico Gene Hackman, todo el elenco busca estar a la altura de la sofisticación del argumento y en más de una instancia el resultado es algo rígido y poco natural. Quienes más pecan de esto son Gwyneth Paltrow y Ben Stiller, no porque sean malos actores, sino porque sus papeles son tan extremos que naturalmente inspiran más risa que solemnidad, especialmente con las caracterizaciones de las que han sido víctimas. Basta con ver a Ben Stiller con su perenne sudadera roja y su peinado cuasi-afro para que cueste trabajo aceptar dramáticamente sus problemas emocionales. Aun así es para crédito de los actores que ningún personaje se reduce a ser un payaso. Todos están perfectamente dibujados y sus comportamientos son creíbles, pero no siempre se pueden tomar totalmente en serio.
Aunque la crítica internacional parece adorar a Wes Anderson a pesar de su pobre desempeño en la taquilla (¡sorpresa!), a mí me cuesta trabajo compartir el entusiasmo. Desde luego sus películas son muy graciosas e impecablemente actuadas, pero no puedo ignorar un cierto aire pedante que hace que la aparente sofisticación de su comedia quede como una mera afectación y no como el honesto resultado de la vivacidad del argumento. Aún así, y sobre todo por el brillante elenco, puedo recomendar Los Tenenbaums, una familia de genios como una buena comedia adulta, muy disfrutable y muy agradecida para hacernos olvidar por un momento la racha de comedias juveniles, vacías y con excesivo énfasis en la
escatología, que amenazan con llegar en la temporada de verano. Y desde luego, obligatoria para quien quiera disfrutar de la genialidad de Gene Hackman, quien no muy seguido hace comedia, pero que cuando la hace es siempre digna de admirar.

Hay ocasiones en que salgo del cine agradeciendo la cinta, otras en que trato de olvidarla de inmediato, y otras en que necesito un par de horas, por lo menos, para comenzar la digestión de la película e iniciar la valoración que lleva a una opinión formada… Esta ocasión fue justo una de estas últimas, ya que aunque en primera instancia se puede elogiar el reparto y ciertas líneas del guión, el resultado global parece de entrada pretencioso y poco creíble, en una cinta difícil de categorizar, que aún con ese reparto no termina de convencerme de que en verdad trata de lo que dice tratar…
Los Tenenbaum son una familia inusual y -al menos en sus inicios- plagada de genios: el padre, Royal (Gene Hackman) que compró una casa excéntrica digna de sus familia, la madre (Anjelica Houston) que sacó a sus hijos adelante, y los hijos genio: la adoptada Margot (Gwyneth Paltrow) -ganadora de becas y escritora desde la infancia-, el tenista triunfador Richie (Luke Wilson), y el empresario Chas (Ben Stiller), creador millonario de los ratones dálmata.
Es obvio que la genialidad enfrenta problemas, de modo que no sorprende ver que aunado a la separación de los padres (separación, no divorcio), los genios enfrentan problemas graves en su edad madura y nada es lo que solía ser: la madre sale con su compañero de cartas, un contador de color que la adora; Margot se deprime y fuma a escondidas de familia y esposo; el tenista abatido viaja sin rumbo; el millonario vive paranoico de la seguridad de sus hijos-clon, y hasta el vecino amigo, un escritor, tiene problemas de drogas… Como si eso no fuera suficiente, Royal tiene problemas de finanzas y en un intento de contar con casa y recuperar a su familia, se inventa una enfermedad para que sus hijos y esposa le cuiden y quieran… Complicado, pero la idea detrás de Royal (y de la cinta completa) es ese perdón, esa redención y ese intento de probar que se ama a la familia…
El dolor adulto y la reconciliación… en principio, un buen tema para una película. ¿O no?…
Una comedia con toques de humor negro, pero al mismo tiempo una especie de melodrama que trata de una noción de familia. Flota esta idea si presionamos la complaciente idea que sustenta la vida en común de estos excéntricos personajes: ¿se requiere el humor para hablar del perdón y de esa redención, o es cobarde el abordarlo con risas cuando se trata de algo importante entre tanto elemento de burla?
¿A qué se debe el éxito ante la crítica? ¿Por qué la nominación de guión en los Oscars?
No lo sé, quizá por el hecho de tocar el tema familiar, quizá por la idea final de que las acciones toman rumbo de acuerdo a la convicción con que se forjan, o quizá sólo por el hecho de que se intenta narrar una idea de familia disfuncional que aspira a la redención, y eso gusta a una sociedad en la que ese hecho no es común y pocas veces se cuestiona la idea de familia… En mi opinión, se trata sólo de ese aire de “arte” al que aspira la cinta, y ese tono que aspira a tener toques de cine europeo sin siquiera pasar de mediano intento…
Después de hablar de los defectos, menciono algunas virtudes: la narración inicial y la parte episódica es buena y está bien llevada (el narrador es de hecho un irreconocible Alec Baldwin); la decoración y ambientación (desde halcones en el tejado hasta el interior de la tienda con los discos clásicos en acetato) está bien lograda, y el concepto excéntrico de cada personaje está bien pensado…
En el plano de las actuaciones, tampoco me puedo quejar: Gene Hackman está estupendo, como casi siempre, y el reparto hace buen trabajo, a pesar del maquillaje de mapache de la bella Gwyneth, pero es justo el guión nominado el que no termina de cerrar todos los hilos que abre, y entre situaciones gratuitas y gags, las historias de cada uno y los entresijos y redes emocionales se abren paso para tratar de lograr una trama completa y coherente… sin lograrlo…
La idea simbólica del halcón que madura y cambia de color, el semi-incesto no sanguíneo de los hermanos, la parte emocional lastimada de todos… ¿qué es lo que se trata de contar con todo esto?…En fin… el director es Wes Anderson (Rushmore).
Creo que sólo aquellos que deseen leer más de lo obvio la encontrarán llamativa o valiosa, pues si sólo desean ir al cine a ver una comedia tendrán que lidiar con subtramas que no tratan necesariamente de nada y que, en conjunto, intentan dar algo de forma a esta cinta que trata de tanto que se pierde en su intento de concretar…
Una cinta bastante regular y que en su pretensión aspira a ser más de lo que es, sin lograrlo del todo.