Director: Stephen Daldry. 2002. EE.UU. Color
Intérpretes: Nicole Kidman (Virginia Woolf), Julianne Moore (Laura Brown), Meryl Streep (Clarissa Vaughan), Stephen Dillane (Leonard Woolf), Miranda Richardson (Vanessa Bell), John C. Reilly (Dan Brown), Toni Collette (Kitty Barlowe), Ed Harris (Richard Brown), Claire Danes (Julia Vaughan), Jeff Daniels (Louis Waters)

Las Horas es la historia de tres mujeres en la búsqueda del sentido de sus vidas. Cada una vive en una época y lugar diferentes, pero están vinculadas entre sí por sus anhelos y sus miedos. Virginia Wolf (Nicole Kidman), en los suburbios de Londres a principio de 1920, inicia su batalla instantáneamente, cuando comienza a escribir su primera novela “Mrs. Dalloway”. Laura Brown (Julianne Moore), una esposa y madre en Los Angeles a finales de la II Guerra Mundial, está leyendo “Mrs. Dalloway”, novela que encuentra tan reveladora que decide hacer un cambio abrupto en su vida. Clarissa Vaughan (Meryl Streep), una versión contemporánea de la Sra. Dalloway de Wolf, vive en la ciudad de Nueva York en la actualidad y está enamorada de su amigo Richard (Ed Harris), un brillante poeta que está muriendo de SIDA. Las historias de ellas tres interactúan, y finalmente se encuentran en un sorprendente y trascendente momento de compartido reconocimiento.

Tres mujeres, tres destinos, tres épocas y un sentimiento compartido; la opresión de no ser quien se desea y pasar la vida en función y atención de los demás. Ese es el eje temático de Las Horas, película que recrea con asombroso virtuosismo la novela homónima de Michael Cunningham por un gran trabajo de guión de David Hare, que entrevera los sentimientos de una tríada de protagonistas que viven paralelamente en celuloide sus horas. Juntas despiertan y juntas desarrollan su rutina de complacencia que esconde su vacío existencial, para finalmente juntas rebelarse ante el súbito descubrimiento de su destino y las decisiones que esto provoca.
Daldry nos presenta un fino trabajo fílmico y juega maravillosamente con los tiempos, haciendo un uso artesanal del recurso del plano secuencia cinematográfico, para pasar de un tiempo a otro, de una historia a otra, con una fluidez y coherencia que engalana la cinta y le da un ritmo sumamente disfrutable. Es así que somos testigos de cómo los personajes y tiempos cambian con la simple toma de un florero, por ejemplo, o con el pronunciamiento de una frase atemporal que repiten las tres mujeres, cada una en su situación como escritora, lectora y protagonista; pero que en pantalla conforman una memorable secuencia fílmica. Si a ello le agregamos la sublime música de Philip Glass a base de piano y violines en contrapunto, el excelente maquillaje y ambientación, la precisión con que las actrices principales encarnan sus roles y transmiten sus emociones, y finalmente la acertada dirección, tenemos una película inolvidable, por su arte y esencia.
Nicole Kidman personifica a la escritora Virginia Woolf, cuando justamente está escribiendo su conocida novela La Señora Dalloway en 1925, una crítica social al rol femenino subyugado a la complacencia masculina. Su contundente caracterización física la viste con una prótesis asombrosa de nariz, una siempre cabeza baja, la mirada angulada, casi perdida y una voz engolada en lastimeros tonos bajos. Nos presenta al intelecto atrapado por el confinamiento espacial de su reclusión en Richmond y paulatinamente muestra los avances de su precoz esquizofrenia. Tiene los mejores parlamentos en el filme y por la avasalladora fuerza y el significado que encierran, hace honor a las letras al sorprendernos con una acuarela de matices y del sentimiento que conllevan. El histrionismo de Nicole queda plenamente validado con este rol y le asegura un lugar entre los grandes talentos.

Julianne Moore encarna a Laura Brown, un ama de casa en 1951 durante la post guerra y lectora de la novela La Señora Dalloway, que cambiará su vida y la de sus seres queridos al ser influenciada por dicha lectura. Laura es una mujer que lo tiene todo, excepto vida interior. Su personaje es el más complejo y el que más misterio encierra, pues es hasta el final de la cinta en que conocemos sus razones y su destino. A pesar de tener líneas cotidianas y superficiales, su dolor y desasosiego son evidentes gracias al portento de su mirada, con que expresa una gama de estados de ánimo inigualables; gratitud cuando mira a su esposo, embeleso cuando ve a su hijo, furtiva planeación cuando se encuentra sola. Laura, la lectora, es una mujer inmersa en la depresión de un matrimonio que no disfruta, en una vida cómoda que la oprime donde la única salida es el escapismo, ya sea literal, físico o incluso renunciando a la existencia misma. Es Julianne una actriz con un manejo emocional formidable, puesto que todo lo construye con las facciones de su rostro y sus ojos, que en ella son el espejo de su alma, presentándonos una Laura Brown impresionante por la lucha interior que sostiene y las decisiones que toma.

Meryl Streep es una moderna señora Dalloway en las postrimerías de los años 90, en la persona de Clarissa Vaughan, y es quizá la menos oprimida de sus compañeras pues tiene más opciones de comportamiento que conformen su proyecto de vida; pero lastimosamente no las toma y sigue inexorablemente el paralelismo de sus coprotagonistas al llenar sus horas vacías con la complacencia de otros. Ella es la protagonista ideal del texto de Virginia Woolf y a la vez representa con fidelidad el arquetipo que descubrió Laura Brown con la lectura de la prosa de Woolf, dado que ambas viven para servir a toda costa a los demás. Meryl recrea con convincente naturalidad a una mujer de carne y hueso, de corazón y sentimientos a flor de piel, pues tiene escenas que necesariamente exigen un gasto emocional considerable, que sólo actrices experimentadas como ella pueden recrear con veracidad.

Sólidos como roca y tan ciertos como el aire son los actores de soporte: Ed Harris, Stephen Dillanne, John C. Reilly, Toni Collette, Miranda Richardson, Allison Janney. Su talento brilla bajo la mano del cineasta Daldry, especialmente la del veterano Ed Harris quien logra estremecer con su breve, pero magnifico desempeño en pantalla. Son todos ellos quienes brindan un marco a la elocuencia de las protagonistas principales. Pero note que todos, sin excepción tienen horas en espera de ser compartidas, leídas, comprendidas. En fin, seres humanos en busca de un alma gemela.

La genialidad de esta historia reside en que todo transcurre en un sólo día, en diferentes épocas y en diferentes mujeres, en que todo parece indicar que será tan solo otro día cualquiera, tan simple y rutinario como otros tantos días. Pero de pronto y sin aviso, surge un detonante en la vida de estas tres mujeres, que es determinante para ellas y las obliga a tomar derroteros no explorados para enfrentarse a su destino; mismo que las entrelaza de manera ingeniosa sirviendo diligentemente al guión que les da vida. Y hablando de ingenio, en esta cinta hay recompensas sutiles para los observadores del detalle, para muestra vean con atención la sabana que cubre la cama del hijo de Laura Brown, en el episodio de Laura; posteriormente cuando entre en escena el personaje de Richard Brown -Ed Harris- en el episodio de Clarisa, compárenla con la bata que lleva puesta; descubrirá así uno de los detalles más ingeniosos de esta gran película.

Las Horas es un filme apacible, no lineal, pero con claras conexiones emocionales para el espectador sensible, su manufactura es impecable y es un gran logro de la cinematografía moderna. Recopila un esmerado trabajo escénico de tres actrices que se subliman en sus personajes para llegar a lo recóndito del alma, dando un retrato de la soledad y de los pensamientos, deseos, culpas y expiaciones que genera. Su disfrute total requiere la disposición del espectador a la comprensión de la problemática de estas tres colosales mujeres. Si le preocupa la condición humana, no deje pasar una hora más sin confrontar sus horas con Las Horas de Stephen Daldry. Enriquecerá sus horas y tal vez viva con mayor libertad el resto de ellas.

No son muchas las ocasiones en las que el espectador se encuentra con una obra en la que la presencia femenina sea la predominante. De hecho, son considerables las voces que han protestado por la escasez de papeles de relieve para las mujeres en las producciones hollywoodienses de hoy en día, casi siempre relegadas a un segundo plano a causa del poderío de los roles masculinos. En Las Horas ocurre exactamente lo contrario: si bien los actores se ponen en la piel de personajes muy interesantes (caso de Ed Harris, que está estupendo), son ellas las que en realidad dan sentido a la cinta. Es tan elevado el talento del reparto femenino de la película, que resulta difícil escoger una actriz que destaque sobre las otras. Todas interpretan a mujeres que, a pesar de las diferencias de carácter que las separan, comparten una vida de inquietudes y asperezas.
Virginia Woolf (Nicole Kidman) es una escritora atormentada que ha intentado suicidarse en dos ocasiones. Laura Brown (Julianne Moore) es una ama de casa que por fin se percata de que vive en una inexistente quimera (atención a la escena en la que se encuentra con Kitty; ésta le cuenta sus problemas en la intimidad de su hogar, pero en cuanto sale a la calle también muestra una falsa sonrisa en su rostro, ocultando a todos las dudas y el vacío que la consumen por dentro). Finalmente, Clarissa (Meryl Streep) es una editora que supedita su existencia a los cuidados que le da a Richard, su ex amante, que se muere a causa del SIDA.
Lo original de Las Horas (adaptación de la novela de Michael Cunningham -de ahí los relamidos diálogos que brotan de la boca de los intérpretes-), es que todos estos retazos de vida aparecen interconectados entre sí. A través de un trabajado guión, las historias fluyen de forma natural en la pantalla, enlazando situaciones y personajes y envolviendo al espectador con su tristeza (de ahí que no recomiende el visionado del filme a aquellas personas especialmente depresivas). Aunque existe cierta posibilidad de esperanza (las protagonistas tienen la opción de elegir lo que hacer con sus vidas y rectificar el rumbo de las mismas), siempre quedará en ellas ese amargo poso de negrura, esa incapacidad de dar satisfacción a sus anhelos o de saber transmitírselo a los demás. No es, pues, una obra complaciente, sino una historia que habla de la insatisfacción y de lo difícil que resulta combatirla.
Pero además, Las Horas es también un espléndido estudio sobre el influjo de una creación artística, no ya en su propio autor (es el caso de Virginia Woolf, que vive su universo y el de sus personajes, confundiéndolos a veces), sino también, y centrándonos en el ámbito literario, en sus lectores. El despertar de Laura, por ejemplo, se produce mientras lee “La Señora Dalloway”, el libro que precisamente escribe Woolf en aquellos fragmentos protagonizados por ella.
La película se beneficia de una admirable dirección de actores (el eterno rostro afligido de Woolf; Laura dejando a su hijo en casa de una amiga; Clarissa destrozada mientras conversa con Louis), siendo igual de sólida la realización técnica, existiendo gracias a ella escenas tan conseguidas como aquélla en la que la posible muerte de Laura se visualiza con unas aguas que se la tragan mientras duerme en su habitación. Finalmente, Philip Glass, autor de la banda sonora, es un músico que no se dedica exclusivamente al cine, y ello es algo que se percibe en su composición. Ya en los títulos de crédito iniciales y en algunas escenas puntuales del filme (Laura y su hijo preparando una tarta para celebrar el cumpleaños de Dan), sus notas se tornan exageradas con respecto a las imágenes que nos brinda Stephen Daldry. Por contra, aporta instantes más comedidos en otros fragmentos de la cinta, resultando esta sutileza bastante más inteligente que las entrometidas piezas a las que hace un momento me refería.